NEW HAVEN - La cifra es un 0,2%. Es el promedio de crecimiento anual del gasto de los consumidores estadounidenses durante los últimos 14 trimestres, calculada en términos ajustados a la inflación del primer trimestre de 2008 al segundo trimestre de 2011. Nunca antes en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial el consumo había sido tan débil durante tanto tiempo. Esta cifra resume gran parte de lo que no está funcionando hoy en EE.UU. y en la economía global.
Es posible distinguir dos fases en este periodo de debilidad sin precedentes de los consumidores estadounidenses. Desde el primer trimestre de 2008 hasta el segundo período de 2009, la demanda del consumidor cayó durante seis trimestres consecutivos a una tasa del 2,2% anual. No es de extrañar que la contracción fuera más aguda cuando más fuerte se sentía la gran crisis, con una caída del 4,5% en los trimestres tercero y cuarto de 2008.
Mientras la economía de EE.UU. tocaba fondo a mediados de 2009, los consumidores entraron a una segunda fase, una recuperación muy moderada. El aumento anualizado del consumo real en los ocho trimestres comprendidos entre el tercer trimestre de 2009 y el segundo trimestre de 2011 muestra un promedio del 2,1%. Se trata de la recuperación del consumo más anémica de la que se tenga registro, 1,5 puntos porcentuales menor que la tendencia del 3,6% de los 12 años anteriores la crisis, entre 1996 y 2007.
Estas cifras son mucho más débiles de lo que se había dicho inicialmente. Como parte de la reformulación anual de las cuentas nacionales de ingreso y producto (NIPA) publicada en julio de 2011, los estadísticos del Departamento de Comercio redujeron sus estimaciones anteriores de gasto de los consumidores. La tendencia de crecimiento de 14 trimestres desde principios de 2008 a mediados de 2011 se redujo de 0,5% a 0,2%; la mayor parte de la revisión a la baja se concentró en los seis primeros trimestres de este período, para el que se duplicó la estimación de la disminución del consumo anual, del 1,1% al 2,2%.
He estado siguiendo estas llamadas evaluaciones de referencia por 40 años. Esta es, de lejos, una de los más importantes que he visto. Todos sabíamos que la situación era difícil para el consumidor estadounidense, pero esta revisión muestra a los recortes inducidos por la crisis y la anémica recuperación posterior bajo una luz mucho más tenue.
Las razones tras esto no son difíciles de imaginar. Al explotar una burbuja de crédito sin precedentes para pedir prestado teniendo como respaldo una inaudita burbuja inmobiliaria, los consumidores estadounidenses gastaron muy por encima de sus posibilidades durante muchos años. Cuando las dos burbujas estallaron, los sobrecargados hogares no tuvieron más remedio que reducir y reformular sus dañados balances, pagando una enorme carga de deuda e intentando reponer sus vacías cuentas de ahorro.
Sin embargo, en ambos casos, la reparación del balance no ha hecho más que empezar. Si bien la deuda de los hogares se redujo a un 115% de la renta personal disponible a principios de 2011 desde el pico del 130% alcanzado en 2007, sigue siendo muy superior a la media del 75% del período 1970-2000. Y, aunque la tasa de ahorro personal aumentó a un 5% de la renta disponible en el primer semestre de 2011 desde las históricas simas del 1,2% de mediados de 2005, está muy por debajo de la norma de casi un 8% que prevaleció durante los últimos 30 años del siglo XX.
Con la reducción y la reparación del balance sólo en sus primeras etapas, el comportamiento "zombi" de los consumidores estadounidenses debería persistir. La tendencia de crecimiento del consumo del 2,1% ocurrida durante la anémica recuperación de los últimos dos años bien podría ser indicativa de lo que se avecina en los próximos años.
Tal resultado tendría tres profundas implicaciones para las perspectivas económicas: en primer lugar, ya que la demanda de consumo sigue representando el 71% del PIB real, un déficit prolongado en la tendencia del consumo representa un importante viento en contra para el crecimiento económico global de EE.UU. Si bien algunos políticos desacertados de Washington no quisieran otra cosa que los consumidores volvieran a sus viejas conductas de riesgo y comenzaran a gastar de nuevo, los agobiados hogares estadounidenses hoy saben mejor que eso. La artillería pesada del estímulo monetario y fiscal se está malgastando en los intentos por encontrar un atajo que apresure la reparación de las cuentas de los hogares.
En segundo lugar, la persistente debilidad del consumo y el crecimiento del PIB sitúa a la economía de EE.UU. en una trayectoria de crecimiento mucho más débil que aquella en la que se basan las estimaciones presupuestarias de largo plazo del gobierno. La Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) está suponiendo un 3,4% de crecimiento promedio del PIB real para el período de 2013 a 2016. Si la tendencia de crecimiento es un punto porcentual menor -una clara posibilidad en una época de prolongada debilidad del consumo- los déficits presupuestarios serían significativamente mayores.
De hecho, una regla de oro de la OPC hace equivaler una caída constante de un punto porcentual en el crecimiento real del PIB con déficits presupuestarios superiores en más o menos $ 3 mil millones de dólares a lo largo de un período de diez años. Ni qué decir tiene, un resultado así podría significar un problema serio para el ya beligerante debate sobre el déficit y la deuda de Estados Unidos .
Finalmente, ninguna otra economía es capaz de llenar el vacío dejado por una baja prolongada del consumo de EE.UU.. Europa y Japón no están en condiciones de tomar las riendas, y los sectores de consumo en las principales economías del mundo en desarrollo -especialmente China- carecen de la escala y el dinamismo para asumir el relevo. Una debilidad tan duradera en el consumo de EE.UU. implica una mayor presión sobre el crecimiento impulsado por las exportaciones en las economías en desarrollo. La buena noticia es que las obligará a adoptar estrategias de reequilibrio que hace mucho debieran haber implementado para estimular la demanda del consumo interno.
¿Qué puede hacerse? Aunque las medidas de adaptación en las profundidades de la crisis -masivo estímulo fiscal y monetario- fueron eficaces para establecer un fondo a la caída libre, no lo han sido para desencadenar la recuperación significativa. Eso no debería sorprender en una época de reparación de balances.
En lugar de ello, EE.UU. necesita un conjunto de políticas adaptadas a las necesidades y presiones que empujan a la baja su consumo interno. Algunas posibilidades: condonación de la deuda para acelerar el proceso de desapalancamiento, políticas creativas de ahorro que restaurar la seguridad financiera de los estadounidenses que han sufrido el embate de la crisis y, por supuesto, empleos y los ingresos que generan.
La economía de EE.UU. y mundial no pueden recuperarse sin el consumidor estadounidense. Es hora de mirar más allá de las ideologías -tanto de izquierdas como de derechas- y abordar la discusión política con esa consideración fundamental en mente.


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