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El preocupante final de juego de Obasanjo

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2006-07-07

En la Nigeria actual, la pregunta fundamental no es la de si el Presidente Olusegun Obasanjo se retirará después de que expire su segundo (y último) mandato el año que viene, sino la de quién lo sucederá. En vista de la historia de dictaduras militares inamovibles de Nigeria, se trata de un auténtico progreso. Por desgracia, no es necesariamente obra del Presidente.

Los intentos por parte de los partidarios de Obasanjo de convencer a la Asamblea Nacional para que enmendara la Constitución a fin de que Obasanjo pudiera continuar en su cargo después de dos mandatos chocaron con un sólido muro de oposición. Las actividades gubernamentales y comerciales quedaron virtualmente paralizadas esta primavera cuando los activistas en pro de la democracia, en alianza con políticos y legisladores opuestos a un tercer mandado, lucharon contra los aliados de Obasanjo para desbaratar esa propuesta de ley.

El fracaso de los partidarios de Obasanjo desencadenó tres desarrollos políticos. La autoridad del Presidente se está agotando precipitadamente y su férreo control de su Partido Democrático Popular (PDP) se ha aflojado. Los partidos de oposición, los grupos de derechos humanos y otros críticos del gobierno, hasta ahora intimidados por un Obasanjo y una máquina del PDP aparentemente omnipotentes, han cobrado nuevas fuerzas. Obasanjo, asediado e irritado por que sus amigos en su país y en el extranjero (en particular en los Estados Unidos y en Europa) lo traicionaran ayudando a sus oponentes políticos para que no se aprobase la enmienda, está decidido a ajustar cuentas.

Apenas había amainado la tormenta, cuando Obasanjo destituyó al general Aliyu Gusau, su poderoso asesor en materia de seguridad nacional. También fueron substituidos varios oficiales importantes cuya lealtad resultaba discutible. Ngozi Okonjo-Iweala, ministra de Hacienda e inspiradora de las reformas económicas del gobierno, ha sido trasladada para que encabece el ministerio de Asuntos Exteriores, iniciativa que se ha considerado de forma general un castigo, pues Obasanjo se ha encargado de la formulación de la política exterior a lo largo de todo su mandato.

La versión oficial es la de que a Okonjo-Iweala, ex economista del Banco Mundial, se le asignaron nuevas funciones para prepararla para un cargo más alto en 2007 y esa iniciativa señala el fin del idilio del Presidente con las reformas neoliberales propugnadas por el FMI, pero no es coincidencia que Obasanjo destituyera a Okonjo-Iweala de un cargo para el que ha demostrado contar con competencia y en el que –cosa más importante– ha llevado la voz cantante: encabezó la oposición desde dentro del gobierno a la enmienda constitucional.

Obasanjo está sacudiendo también la industria del petróleo con una doble maniobra interpretada como un golpe en los nudillos a sus aliados occidentales y un último esfuerzo para garantizarse el legado como único dirigente nigeriano que domó la corrupción en ese sector.

Las compañías petroleras americanas, británicas y francesas disfrutaron de un virtual monopolio de la industria petrolera de Nigeria. A la empresa conjunta de Royal Dutch Shell con el gobierno se debe la mitad de la producción diaria del país, que asciende a 2,5 millones de barriles. Dos compañías americanas, Chevron Texaco y Mobil, son también copartícipes importantes. La nueva política petrolera de Obasanjo amenaza ese dominio.

China hizo una entrada espectacular en escena el pasado mes de abril, cuando funcionarios nigerianos anunciaron que la National Offshore Oil Corporation (CNOOC) de China había comprado un 45 por ciento de acciones de un yacimiento de petróleo nigeriano por más de dos mil millones de dólares. Dicho yacimiento bombeará 225.000 barriles al día cuando inice su producción en 2008. Obasanjo negoció también un préstamo del gobierno chino para financiar la reparación de los ferrocarriles de Nigeria y comprar nuevo material móvil.

Esos acuerdos se concertaron en pleno drama constitucional, cuando los Estados Unidos dijeron que no apoyarían un intento por parte del gobierno de prolongar su permanencia de forma inconstitucional. Además de extender la esterilla de bienvenida para la China sedienta de energía, funcionarios del ministerio del petróleo dicen que aplicarán con más rigor los reglamentos e impondrán sanciones a las compañías que no cumplan con sus obligaciones en materia de pagos de impuestos y de regalías... iniciativas destinadas, al parecer, a las filiales locales de las compañías petroleras occidentales radicadas en el delta del Níger.

El anuncio fue acogido con satisfacción por los nigerianos de a pie, pero infundió miedo a la industria e inspiró preguntas preocupadas sobre hasta dónde llegará la incisión del corte por parte de la airada espada de Obasanjo y si es probable que el proceso de sucesión política sea suave. Obasanjo ha dicho con claridad que Atiku Abubakar, Vicepresidente y punta de flecha de la coalición contra el tercer mandato, no lo sucederá, pero no por ello ha dejado Abubakar, gran maniobrero político, de lanzar su candidatura a la presidencia, pese a la incertidumbre sobre si disputará a su jefe el control de la burocracia del PDP o se largará a otro partido político.

De hecho, el PDP se ha partido en tres facciones enfrentadas, lo que ha reducido drásticamente las posibilidades de Obasanjo de controlar la sucesión. Muhammadu Buhari, general retirado que se enfrentó a Obasanjo en las elecciones presidenciales de 2003 y perdió, ha dicho que volverá a intentarlo en 2007 con la plataforma del Partido Popular de Toda Nigeria (PPTN), el segundo en importancia del país, pero el PPTN es también presa de la confusión.

Los portavoces de Obasanjo informan periódica y anónimamente a los periodistas de que es partidario de que su sucesor sea de la zona del delta del Níger. El Presidente ha nombrado al hijo del difunto Ken Saro-Wiwa para que sea uno de sus ayudantes especiales como intento de hacer las paces con las minorías políticas selectas en la intranquila zona del delta. Obasanjo está deseoso de desbaratar la insurgencia armada en aumento, impulsada por la pobreza generalizada y los daños ecológicos causados por la industria del petróleo.

Se considera que la de tentar con la candidatura presidencial del PDP a los políticos principales de la región del delta es la estrategia de Obsanjo para mantener la estabilidad y –cosa más importante—impedir que Atiku Abubakar o el general Buhari lleguen al poder. Como ha ocurrido desde que se descubrió el petróleo y desde la guerra de Biafra en el decenio de 1960, el delta del Níger será el centro de la política nigeriana. Sin embargo, esta vez la política será democrática.

Ike Okonta es investigador en materia de política africana en la Universidad de Oxford y coautor de Where Vultures Feast: Shell, Human Rights y Oil ("El festín de los buitres. Shell, los derechos humanos y el petróleo").

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