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El petróleo es la razón de Estados Unidos para ir a la guerra

En todo el mundo la gente se pregunta: ¿cuál es el motivo real de la administración Bush para amenazar con una guerra contra Irak? ¿Es para controlar las armas de destrucción masiva? ¿Es algo más personal, un acto de venganza de un hijo contra el hombre que intentó asesinar a su padre? ¿Es para defender a Israel? ¿Es para reinventar el Medio Oriente como una región más democrática, tal como insisten muchas de las figuras líderes de la administración Bush? ¿O se trata, como algunos sospechan, de que Estados Unidos pueda apoderarse del petróleo iraquí?

La administración Bush ha ofrecido una gama de justificaciones para sus planes, aunque con un énfasis bastante consistente en las armas de destrucción masiva. El Subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, habla de hacer de Irak "la primera democracia árabe". Muchos en la administración Bush argumentan que las políticas decididas y dinámicas contra Irak pueden, en último término, provocar la caída de los gobiernos autocráticos del Medio Oriente, de la misma manera como supuestamente la administración Reagan hizo caer al "perverso" imperio soviético.

Fuera de Estados Unidos, casi nadie compra estos argumentos. La mayoría cree que el petróleo figura en el primer lugar de la lista de motivos de Estados Unidos. A menos que los archivos de seguridad nacional de EEUU se abran repentinamente, es poco probable que encontremos una prueba definitiva de los pensamientos más profundos del Presidente. Más aun, ciertamente distintos funcionarios estadounidenses tienen diferentes prioridades. El Presidente Bush se puede centrar en las armas de destrucción masiva; el Sr. Wolfowitz puede enfocarse en la democracia. Otros pueden tener la mirada fija en el premio que significa el petróleo iraquí.

Una pregunta más fructífera que la interrogación acerca de los motivos de Estados Unidos es cómo actuará éste una vez que empiece la guerra. En este caso no tenemos que adivinar las intenciones de determinadas personas. Podemos examinar el comportamiento de EEUU en la historia reciente.

Si miramos los antecedentes históricos, es difícil creer que EEUU dé al Medio Oriente una transición a la democracia. El Medio Oriente de hoy en día es una construcción de EEUU y Europa. Sus déspotas y monarcas deben sus puestos a las maquinaciones y la connivencia de occidente. Incluso si EEUU va a la guerra haciendo flamear la bandera de la democracia, es probable que los resultados sean menos gloriosos. Lo más verosímil es que a fin de cuentas no sea otra cosa que una guerra por el petróleo iraquí.

Durante todo el siglo 20, la autodeterminación árabe, la democracia y la reforma económica fueron desplazadas por el petróleo en el orden de prioridades. Cuando los británicos engatusaron a los caudillos árabes para luchar del lado del imperio británico en la Primera Guerra Mundial, el premio que recibieron al término de la misma no fue la soberanía, sino sólo la continuación de los protectorados británico y francés.

Cada vez que una democracia real en el Medio Oriente ha amenazado el control estadounidense sobre las reservas de petróleo, la democracia ha llevado las de perder. Consideremos el golpe, apoyado por la CIA, contra el Primer Ministro iraní Mussadegh. En 1951, Mussadegh nacionalizó la industria petrolera de Irán, generando como reacción un boicot británico al año siguiente y luego la intervención apoyada por EEUU (que derribó y encarceló al popular Primer Ministro) en 1953.

Un caso que resulta igualmente instructivo es el apoyo de occidente a la represión militar en Argelia luego de que las elecciones democráticas de comienzos de 1992 amenazaran con llevar al poder al Frente Islámico de Salvación (FIS). Cuando la victoria del FIS parecía segura, el ejército de Argelia salió al paso para impedir la continuación de las votaciones. Los gobiernos occidentales, liderados por Francia pero con el respaldo de EEUU, dieron apoyo moral y financiero a los generales argelinos.

El comportamiento estadounidense en los países asiáticos de la ex Unión Soviética es igual de claro. Muchos en la Administración Bush se refieren a su trabajo en la región como una muestra de la manera en que darán una nueva forma al Medio Oriente. Sin embargo, la democracia no tiene absolutamente nada que ver con la política estadounidense en Asia Central, en donde las compañías petroleras y los diplomáticos estadounidenses no desperdician el tiempo, proponiendo trato tras trato a los despóticos Kazakistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

Es posible encontrar un buen indicio de lo que será la política estadounidense de posguerra hacia Irak en algunos documentos clave escritos por y para la Administración Bush antes del 11 de septiembre, cuando el análisis del Medio Oriente estaba mucho menos infectado por los temores de hoy en día. Probablemente el documento más interesante es un estudio titulado "Desafíos para una Política Estratégica de Energía del Siglo 21", producido por el Instituto James Baker III de Políticas Públicas en la Universidad Rice de Texas y el Consejo sobre Relaciones Exteriores.

Este estudio deja dos puntos en claro. Primero, Irak es vital para los flujos de petróleo desde el Medio Oriente, ya que en él se encuentran las segundas mayores reservas del mundo. El informe se extiende largamente sobre el hecho de que por razones de seguridad económica, Estados Unidos necesita el petróleo iraquí, pero por razones de seguridad militar no puede permitir que Saddam desarrolle la explotación petrolera. La implicación parece clara: Estados Unidos necesita un nuevo régimen en Irak para su seguridad energética. La democracia no se menciona en ninguna parte del estudio.

Este documento también nos proporciona un atisbo interesante sobre las preocupaciones de autoridades como el Vicepresidente Dick Cheney y el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Ambos hombres entraron a las filas dirigentes del país bajo el Presidente Gerald Ford en 1974, durante el embargo petrolero árabe, que generó enormes efectos económicos que condenaron la presidencia de Ford. El estudio "Desafíos para una Política Estratégica de Energía" pone un gran énfasis en la amenaza de una interrupción similar hoy en día. El embargo de los años 70 fue evidentemente un momento decisivo en el pensamiento estratégico de los señores Cheney y Rumsfeld.

La Administración Bush puede creer que está yendo a la guerra para luchar por la democracia en el Medio Oriente, pero el apoyo de EEUU a la democracia tiene todo el aspecto de convertirse en una de las primeras víctimas. Por desgracia, una guerra cuyo motivo sea el petróleo sólo desestabilizará aun más la política y la sociedad internacionales, y debilitará la verdadera seguridad de EEUU y el mundo.

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