Joseph S. Nye
¿Sobrevivirá la alianza Estados Unidos-Japón?
Joseph S. Nye
CAMBRIDGE – El año próximo se celebra el 50 aniversario del Tratado de Seguridad de Estados Unidos y Japón, un elemento central de estabilidad en Asia del Este durante medio siglo. Pero ahora que los japoneses están experimentando un período de incertidumbre política interna, y que las pruebas nucleares y lanzamientos de misiles de Corea del Norte aumentan su ansiedad, ¿Japón revertirá su decisión duradera de no buscar una capacidad nacional de disuasión nuclear? ¿La alianza entre Estados Unidos y Japón está llegando a su fin?
A comienzos de los años 1990, muchos norteamericanos consideraban a Japón como una amenaza económica. Algunos -en ambos países- veían la alianza de seguridad como una reliquia de la Guerra Fría que había que desechar.
Estas tendencias se revirtieron con el "Informe de Estrategia de Asia del Este" de 1995 de la administración Clinton. En 1996, la Declaración Clinton-Hashimoto determinó que la alianza de seguridad de Estados Unidos y Japón era la base de la estabilidad que permitiría una creciente prosperidad en Asia del Este tras la Guerra Fría. Esa estrategia ha perdurado sobre una base bipartidaria en Estados Unidos, y las encuestas demuestran que aún cuenta con una amplia aceptación en Japón. La mayoría de los observadores que siguen de cerca la relación coinciden en que la alianza de Estados Unidos y Japón está en mucho mejor estado hoy que hace 15 años.
No obstante, la alianza enfrenta tres desafíos importantes en un nuevo contexto externo. Uno es Corea del Norte, cuyo comportamiento reciente ha sido astuto y engañoso. Los norcoreanos han violado sus acuerdos, sabiendo que a China, el país con el mayor apalancamiento potencial, le preocupa y mucho la caída del régimen en Corea del Norte, y la consiguiente amenaza de caos en sus fronteras.
Japón oficialmente respalda el objetivo de un mundo no nuclear, pero depende de la disuasión nuclear extendida de Estados Unidos, y quiere evitar ser objeto de un chantaje nuclear por parte de Corea del Norte (o China). Los japoneses temen que la credibilidad de la disuasión extendida norteamericana se vea debilitada si Estados Unidos reduce sus fuerzas nucleares hasta una paridad con China.
Sin embargo, es un error creer que la disuasión extendida depende de una paridad en la cantidad de armas nucleares. Depende, más bien, de una combinación de capacidad y credibilidad. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos pudo defender Berlín porque nuestra promesa de hacerlo se tornó creíble gracias a la OTAN y a la presencia de tropas norteamericanas, cuyas vidas estarían en la línea de combate en caso de un ataque soviético.
De hecho, la mejor garantía de una disuasión extendida de Estados Unidos para Japón sigue siendo la presencia de aproximadamente 50.000 tropas norteamericanas (que Japón ayuda a mantener con el respaldo generoso de un país anfitrión). La credibilidad también se ve favorecida por proyectos conjuntos como el desarrollo de una defensa de misiles balísticos a nivel regional.
Igualmente importantes son las acciones norteamericanas que demuestran la alta prioridad que Estados Unidos le asigna a la alianza, y sus garantías de no adoptar, como teme Japón, una actitud de "prescindir de Japón" en sus relaciones con Asia. Es por esto que fue tan importante que el primer viaje de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, fuera a Asia, y que su primera parada haya sido Japón. También es por eso que es erróneo hablar de un G-2 formal con China, y no de una cooperación multilateral.
Un segundo desafío para Japón es el marcado crecimiento de la economía china. Si bien China es un socio comercial importante, su creciente poder pone nervioso a Japón. Mientras se renegociaba la alianza de seguridad de Estados Unidos y Japón en los años 1990, los líderes japoneses a veces me preguntaban en privado si Estados Unidos abandonaría a Japón a favor de China.
Yo les respondía entonces (y ahora) que existen pocas perspectivas de un cambio de rumbo de este tipo, por dos razones. Primero, China plantea una amenaza potencial, mientras que Japón no. Segundo, Estados Unidos comparte valores democráticos con Japón, y China no es una democracia.
Es más, la evolución interna de China sigue siendo incierta. Si bien los chinos hoy tienen más libertades que en cualquier otro momento de su historia, la evolución política de China ha quedado rezagada respecto de su progreso económico. A diferencia de India, China no ha solucionado el problema de la participación política. Siempre existe el peligro residual de que China abrace el nacionalismo para evitar problemas domésticos.
Al mismo tiempo, está en el interés de Estados Unidos, Japón y China que el ascenso de China sea pacífico y armonioso (según las palabras de los líderes chinos). Basta con tratar a China como un enemigo para garantizarse la enemistad. Es por eso que la estrategia de integración, además de constituir un cerco contra la incertidumbre, tiene sentido tanto para Estados Unidos como para Japón. De hecho, existen buenos motivos para que Estados Unidos, Japón y China se involucren en áreas de cooperación trilateral y regional.
Tercero, la alianza entre Estados Unidos y Japón tendrá que enfrentar una nueva serie de desafíos transnacionales para nuestros intereses vitales, como las pandemias, el terrorismo y las emigraciones de individuos provenientes de estados fallidos. Entre estos desafíos hay uno que ocupa un lugar preponderante: la amenaza planteada por el calentamiento global, ahora que China ha superado a Estados Unidos como el principal productor de emisiones de dióxido de carbono (aunque no en términos de emisiones per capita).
Afortunadamente, ésta es una zona que juega a favor de Japón. Si bien algunos japoneses se quejan de la naturaleza desigual de los componentes de seguridad de la alianza, debido a los límites que Japón ha aceptado respecto del uso de la fuerza, en estas nuevas áreas, Japón es un socio más fuerte. La asistencia japonesa al desarrollo en el exterior, en lugares que van desde África hasta Afganistán, su participación en proyectos globales de salud, su respaldo de las Naciones Unidas, su participación naval en operaciones antipiratería y su investigación y desarrollo en eficiencia energética ubican a Japón a la vanguardia en lo que se refiere a encarar los nuevos desafíos transnacionales.
Dada la agenda de hoy, existe un enorme potencial para una asociación equitativa, que trabaje en conjunto con otros en el suministro de bienes públicos globales que beneficiarán a Estados Unidos, Japón y el resto del mundo. Es por eso que sigo siendo optimista sobre el futuro de la alianza de Estados Unidos y Japón.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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