Of Might and Right
El lado oscuro de la autodeterminación
Joseph S. Nye
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CAMBRIDGE – La autodeterminación nacional parece un principio moral muy claro, pero adolece de una serie de problemas. Después de que Rusia enviara tropas a Georgia en agosto de 2008, reconoció la independencia de dos provincias georgianas separatistas, Osetia del Sur y Abjasia. Cuando pocos otros estados siguieron su ejemplo, Rusia hizo notar que los países de la OTAN habían utilizado la fuerza para ayudar a Kosovo a separarse de Serbia.
Por lo general, la autodeterminación se define como el derecho de un pueblo a formar su propio estado. Se trata de un principio importante, pero ¿cuál es el ente que ha de determinarse a si mismo?
Piénsese en Somalia en los años 60. Los africanos recurrieron al principio de la autodeterminación para poner fin a los regímenes coloniales. A diferencia de varios otros estados africanos, a grandes rasgos los somalíes tenían características lingüísticas y étnicas en común. En contraste, su vecina Kenia fue creada por el régimen colonial a partir de decenas de pueblos o tribus diferentes, con distintas características lingüísticas y costumbres. Parte del norte de Kenia era habitado por somalíes.
Somalia planteó que el principio de autodeterminación debería permitir que los somalíes del noreste de Kenia (y del sur de Etiopía) se independizaran, ya que eran una sola nación somalí. Kenia y Etiopía rechazaron este planteamiento, señalando que todavía estaban en proceso de construir una nación. El resultado fue una serie de guerras en el noreste de África en torno a la cuestión somalí. La irónica secuela fue la posterior fragmentación de Somalia en una guerra civil entre sus clanes y líderes tribales.
Votar no siempre soluciona los problemas de la autodeterminación. En primer lugar, está el problema de dónde se vota. Considérese Irlanda, donde por muchos años los católicos objetaron que si se realizara una votación dentro de Irlanda del Norte, la mayoría protestante de dos tercios sería la que gobernara. Los protestantes aducían que si se realizaba una votación dentro del área geográfica de toda la isla, la mayoría católica de dos tercios terminaría gobernando.
Finalmente, y tras décadas de lucha, la mediación externa sirvió de ayuda. Sin embargo, todavía no aborda el problema de cuándo se vota. En los años 60, los somalíes querían votar de inmediato; Kenia quería esperar 40 o 50 años mientras avanzaba en la construcción de su nación, o lograba transformar la fidelidad tribal en una identidad keniata.
¿Daña la secesión a quienes quedan atrás? ¿Y qué pasa con los recursos que los secesionistas se llevan con ellos, o la alteración que crean en el país del que se separan?
Por ejemplo, las potencias victoriosas de la Primera Guerra Mundial invocaron el principio de la autodeterminación, pero tras el desmantelamiento del Imperio Austrohúngaro en 1918, los Sudetes se incorporaron a Checoslovaquia, a pesar de que sus habitantes hablaban alemán. Tras el acuerdo de Munich de 1938, los alemanes de los Sudetes se separaron de Checoslovaquia y pasaron a formar parte de Alemania, lo que significo que la montañosa frontera cayese bajo control alemán, una terrible pérdida para las defensas checas.
De manera similar, cuando Nigeria oriental decidió que quería independizarse para formar el estado de Biafra en los años 60, otros nigerianos se resistieron, en parte porque en Biafra se encontraba gran parte del petróleo del país. Argumentaron que el petróleo pertenecía a todo el pueblo de Nigeria, no sólo al área oriental.
Después de 1989, el problema de la autodeterminación adquirió importancia nuevamente en la ex Unión Soviética y en Europa del Este. En el Cáucaso, los azerbaijanos, armenios, georgianos, abjasios y chechenos exigieron poder formar sus propios estados, sobre la base de la autodeterminación. En Yugoslavia, los eslovenos, serbios y croatas lograron crear repúblicas independientes a principios de los 90, mientras que los musulmanes de Bosnia-Herzegovina tuvieron menos éxito.
La guerra en Bosnia devastó a la población civil, y en La Haya se formaron tribunales de guerra a partir de 1996 para encarcelar a los responsables de las masacres. Parte de lo que hizo a la guerra de Bosnia tan complicada para la comunidad internacional fue el problema de evaluar qué proporción de las luchas se podía atribuir a tensiones entre los croatas bosnios, los serbios y los musulmanes, y qué proporción de la violencia fue causada por la intervención de Serbia.
Si no se originó simplemente en la agresión por parte de Serbia, entonces el único motivo para justificar la intervención sería prevenir una masacre. Como en el caso de Ruanda en 1994, la comunidad internacional se unió en su condena a la violencia en los Balcanes, pero no pudo acordar una acción conjunta eficaz sino hasta bien avanzado el conflicto, en 1995, cuando la OTAN envió una fuerza de paz al área.
La autodeterminación se ha convertido en un principio moral ambiguo. Woodrow Wilson pensó que solucionaría los problemas en Europa Central en 1919, pero creó tantos como ayudó a solucionar. Adolf Hitler lo usó para socavar a los frágiles estados de los años 30. Hoy, cuando menos de un 10% de los estados del mundo son homogéneos, tratar la autodeterminación como un principio moral básico podría tener consecuencias desastrosas en muchas regiones.
La mejor esperanza para el futuro es preguntar qué es lo que se determina, así como quién lo determina. En situaciones en que los grupos tienen dificultades para vivir juntos, una posibilidad es permitir un grado de autonomía en la determinación de los asuntos internos. La autodeterminación interna permitiría grados de autonomía cultural, política y económica similares a los que existen en países como Suiza o Bélgica.
En los lugares donde no es suficiente aflojar los vínculos de esa manera, en algunos casos se puede acordar un divorcio en términos pacíficos, como ocurrió cuando Checoslovaquia se dividió en dos países soberanos en 1993. Sin embargo, las exigencias absolutas de autodeterminación tienden a convertirse en una fuente interminable de violencia, a menos que se manejen con cuidado.
Las demandas de autodeterminación en el mundo actual se deben evaluar caso a caso, ponderando los motivos, los medios y las consecuencias, y eso debe hacerse en un marco multilateral.
Joseph S. Nye, Jr. es profesor de Harvard y autor de The Powers to Lead.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
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