Of Might and Right
Cómo recuperar el "poder inteligente" de Estados Unidos
Joseph S. Nye
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Estados Unidos necesita redescubrir cómo ser un "poder inteligente". Esa fue la conclusión de una comisión bipartidaria que recientemente copresidí junto con Richard Armitage, el ex subsecretario de Estado de la administración Bush. La Comisión de Poder Inteligente, convocada por el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, estaba conformada por miembros republicanos y demócratas del Congreso, ex embajadores, oficiales militares retirados y directores de organizaciones sin fines de lucro. Llegamos a la conclusión de que la imagen e influencia de Estados Unidos había decaído en los últimos años, y que Estados Unidos debe pasar de exportar miedo a inspirar optimismo y esperanza.
No somos los únicos. Recientemente, el secretario de Defensa, Robert Gates, instó al gobierno norteamericano a comprometer más dinero y esfuerzos al "poder blando", que incluye diplomacia, asistencia económica y comunicaciones, porque el ejército solo no puede defender los intereses de Estados Unidos en todo el mundo. Gates señaló que el gasto militar asciende aproximadamente a medio billón de dólares anualmente, comparado con el presupuesto del Departamento de Estado de 36.000 millones de dólares. Gates reconoció que una súplica de parte del director del Pentágono de más recursos para el Departamento de Estado era extraña, pero estos no son tiempos normales.
El poder inteligente es la capacidad de combinar el poder duro de la coerción o el pago con el poder blando de la atracción hacia una estrategia exitosa. En términos generales, Estados Unidos logró esta combinación durante la Guerra Fría; más recientemente, en cambio, la política exterior norteamericana tendió a confiar demasiado en el poder duro, porque es la fuente más directa y visible de fuerza estadounidense.
Sin embargo, si bien el Pentágono es el brazo mejor entrenado y con mejores recursos del gobierno, existen límites respecto de lo que el poder duro puede alcanzar por sí solo. La democracia, los derechos humanos y el desarrollo de la sociedad civil no surgen del cañón de un arma. Es verdad, el ejército norteamericano tiene una capacidad operativa impresionante, pero recurrir al Pentágono porque puede resolver las cosas crea la imagen de una política exterior excesivamente militarizada.
La diplomacia y la asistencia externa suelen estar mal financiadas y reciben poca atención, en parte porque es difícil demostrar su impacto a corto plazo en cuestiones críticas. Por otra parte, esgrimir poder blando es difícil porque muchos de los recursos de poder blando de Estados Unidos residen fuera del gobierno, en el sector privado y la sociedad civil, en sus alianzas bilaterales, instituciones multilaterales y contactos transnacionales. Es más, las instituciones y el personal de política exterior norteamericana están fragmentados y compartimentados, y no existe ningún proceso adecuado entre agencias para el desarrollo y la financiación de una estrategia de poder inteligente.
Los efectos de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 también nos hicieron perder el curso. Desde la conmoción ocasionada por esos ataques, Estados Unidos ha estado exportando miedo y furia en lugar de los valores más tradicionales del país, esperanza y optimismo. La Bahía de Guantánamo se ha convertido en un ícono global más poderoso que la Estatua de la Libertad.
La Comisión de Poder Inteligente del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales reconoció que el terrorismo es una amenaza real y probablemente conviva con nosotros por décadas, pero señaló que una respuesta exagerada a las provocaciones de los extremistas le ocasiona más daño a Estados Unidos del que podrían causarle los terroristas. El éxito en la lucha contra el terrorismo implica encontrar una nueva premisa central para la política exterior norteamericana que reemplace el tema actual de una "guerra contra el terrorismo".
Esa premisa debería ser un compromiso para invertir en la provisión de bienes públicos que la gente y los gobiernos de todo el mundo quieren pero no pueden alcanzar sin el liderazgo norteamericano. Al hacerlo, Estados Unidos podría reconstruir el marco que necesita para encarar los desafíos globales difíciles.
Más específicamente, la Comisión de Poder Inteligente recomendó que la política exterior norteamericana se concentrara en cinco áreas críticas:
- Restablecer alianzas, sociedades e instituciones multilaterales, muchas de las cuales se han alterado en los últimos años, debido a enfoques unilaterales.
- Incrementar el papel del desarrollo económico para ayudar a alinear los intereses norteamericanos con los de la gente de todo el mundo, empezando por una iniciativa importante en el área de salud pública.
- Invertir en una diplomacia pública que no se concentre tanto en la divulgación como en los contactos cara a cara, la educación y los intercambios que involucran a la sociedad civil y apuntan a la gente joven.
- Combatir el proteccionismo y promover el compromiso continuo con la economía global, necesario para el crecimiento y la prosperidad tanto en casa como en el extranjero, al mismo tiempo que se busca la inclusión de aquellos rezagados por los cambios que implica una economía internacional abierta.
- Dar forma a un consenso global y desarrollar tecnologías innovadoras para satisfacer los desafíos globales cada vez más importantes de seguridad energética y cambio climático.
Implementar una estrategia de poder inteligente de esta naturaleza exigirá una reevaluación estratégica de cómo se organiza, coordina y presupuesta el gobierno norteamericano. El próximo presidente debería considerar una cantidad de soluciones creativas para maximizar la capacidad de la administración de organizarse para el éxito, que incluyen la designación de personal experimentado que tenga llegada a las agencias para alinear mejor los recursos.
Esto requerirá de innovación, pero Estados Unidos ha sido un poder inteligente en el pasado y puede volver a serlo.
Joseph S. Nye enseña en Harvard y es autor de Soft Power: The Means to Success in World Politics.
Copyright: Project Syndicate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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