WEEKLY SERIES

INTERNATIONAL ECONOMICS

STRATEGIC SPOTLIGHT

GLOBAL FINANCE

ECONOMICS OF DEVELOPMENT

ECONOMIC AND REGULATORY POLICY

ECONOMIC HISTORY

ECONOMIC PERSPECTIVES

PUBLIC INTELLECTUALS

GLOBAL OUTLOOK

REGIONAL EYE

SPECIAL SERIES

PROJECT SYNDICATE

Of Might and Right

¿El surgimiento "pacífico" de China?

English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

2005-03-16

En las últimas semanas, China anunció un aumento del 12.6% en su gasto militar; el director de la CIA de los Estados Unidos, Porter Goss, testificó sobre un empeoramiento del equilibrio militar en el estrecho de Taiwán; y el Presidente George W. Bush suplicó a los europeos que no levantaran su embargo sobre la venta de armas a China. Sin embargo, los líderes chinos hablan del "surgimiento pacífico" de China, o más recientemente, de su "desarrollo pacífico".

Analistas como John Mearsheimer de la Universidad de Chicago han declarado categóricamente que China no puede surgir pacíficamente y predicen que "los Estados Unidos y China tienen probabilidades de enfrentarse en una intensa competencia sobre seguridad con un potencial considerable para la guerra". Los optimistas señalan que China ha llevado a cabo políticas de buen vecino desde la década de 1990, ha resuelto disputas sobre límites, ha desempeñado un papel más amplio en las instituciones internacionales y ha reconocido los beneficios de utilizar el poder suave. Pero los escépticos replican que China sólo está esperando a que su economía siente las bases para la hegemonía futura.

¿Quién tiene la razón? No lo sabremos durante algún tiempo, pero los participantes en los debates deberían recordar la advertencia que hiciera Tucídides hace más de dos milenios de que creer en la inevitabilidad de un conflicto puede convertirse en una de sus causas principales. Cada bando, al creer que acabará en guerra con el otro, hace preparativos militares razonables que el adversario interpreta como una confirmación de sus peores temores.

De hecho, el "surgimiento de China" es una mala denominación. "Resurgimiento" sería más exacto, ya que por su tamaño e historia, el Reino Central ha sido desde hace mucho una potencia principal en el Este de Asia. Técnica y económicamente, China fue el líder mundial (aunque sin alcance global) de 500 a 1500. Apenas en el último medio milenio la rebasaron Europa y los Estados Unidos.

El Banco de Desarrollo Asiático ha estimado que en 1820, al inicio de la era industrial, Asia representaba tres quintas partes de la producción mundial. Hacia 1940, eso se redujo a una quinta parte, a pesar de que en Asia vivían tres quintas partes de la población mundial. Con el rápido crecimiento económico la producción representa de nuevo las dos quintas partes del total mundial actualmente, y el Banco especula que Asia podría regresar a sus niveles históricos para 2025.

Asia, por supuesto, incluye a Japón, la India, Corea y otros, pero China desempeñará a la larga el papel más importante. Sus altas tasas de crecimiento anual del 8 al 9% llevaron a una triplicación de su PNB en las últimas dos décadas del siglo XX.

Sin embargo, China todavía tiene un largo camino por andar y se enfrenta a muchos obstáculos. La economía de los Estados Unidos es aproximadamente el doble de la de China en tamaño. Si crece sólo un 2% al año y la de China alrededor del 6%, podrían llegar a la paridad en algún momento después de 2025. Aun así no serían iguales ni en composición ni en sofisticación. China tendría todavía un enorme sector rural subdesarrollado y no igualaría el ingreso per cápita de los Estados Unidos hasta algún tiempo después de 2075 (dependiendo de los parámetros de comparación). China está lejos de significar el mismo reto a la preponderancia estadounidense que la Alemania del Káiser significó cuando rebasó a Inglaterra en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial.

Además, las proyecciones simples de crecimiento económico pueden ser engañosas. Los países tienden a beneficiarse de las tecnologías importadas en las primeras etapas de su despegue económico y las tasas de crecimiento generalmente se desaceleran cuando las economías alcanzan niveles más altos de desarrollo. Adicionalmente, la economía China sufre de empresas estatales ineficientes, un sistema financiero inestable e infraestructura inadecuada.

Al mismo tiempo, la política se las ingenia para confundir a las proyecciones económicas. La creación del Estado de derecho y de instituciones para la participación política se ha retrasado con respecto al crecimiento económico, y la creciente desigualdad, la migración interna masiva, una red de seguridad social inadecuada y la corrupción pueden fomentar la inestabilidad política. En efecto, algunos observadores temen una inestabilidad provocada por una China débil y no una en surgimiento.

Mientras la economía de China crezca, es probable que su poder militar aumente, lo que hará que China sea percibida como más peligrosa por sus vecinos y complicará los compromisos de Estados Unidos en Asia. Un estudio de la RAND predice que para 2015 el gasto militar de China será seis veces mayor que el de Japón y su capital militar acumulado será aproximadamente cinco veces más elevado (medido con paridad de poder de compra).

Cualquiera que sea la precisión de tales evaluaciones del crecimiento militar de China, el resultado también dependerá de lo que hagan los Estados Unidos y otros países. La clave del poder militar en la era de la información depende de la capacidad de recolectar, procesar, diseminar e integrar sistemas complejos de vigilancia basados en el espacio, computadoras de alta velocidad y armas "inteligentes". China y otros países desarrollarán algunas de esas capacidades, pero, según muchos analistas militares, no es probable que China cierre pronto la brecha con los Estados Unidos.

La incapacidad de China para competir con los Estados Unidos a nivel global no significa que no podría retar a ese país en el Este de Asia, o que la guerra por Taiwán sea imposible. Los países débiles a veces atacan cuando se sienten arrinconados, como lo hizo Japón en Pearl Harbor o China cuando entró a la guerra de Corea en 1950. Si, por ejemplo, Taiwán declarara su independencia, China probablemente intervendría con sus fuerzas armadas, sin importar el costo económico o militar percibido. Pero sería poco probable que ganara y una política prudente en ambos bandos puede hace que tal guerra sea improbable.

No hay necesidad de que los Estados Unidos y China entren en guerra. No toda potencia emergente conduce a la guerra --recordemos cuando Estados Unidos rebasó a Inglaterra a finales del siglo XIX. Si el surgimiento de China se mantiene pacífico, promete grandes beneficios a su propio pueblo y a sus vecinos --y a los estadounidenses. Pero, recordando el consejo de Tucídides, será importante no confundir las teorías de los analistas con la realidad y seguir señalándole eso a los líderes políticos y a los pueblos.

Joseph S. Nye, ex Secretario Adjunto de la Defensa de los EU, es Profesor Distinguido en la Universidad de Harvard y autor de Soft Power: The Means to Success in World Politics.

You might also like to read more from or return to our home page.

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.
English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

You must be logged in to post or reply to a comment.
Please log in or sign up for a free account.