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¿Qué le sucedió a Mohamed al-Hanashi?
Naomi Wolf
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NUEVA YORK- Mohamed al-Hanashi era un ciudadano yemení de 31 años de edad al que mantuvieron preso en Guantánamo durante siete años sin que hubiera cargos contra él. El 3 de junio, mientras yo visitaba dicho centro de detenciones junto con otros periodistas, la oficina de prensa del lugar emitió un escueto comunicado en el que se informaba que se había encontrado muerto en su celda a al-Hanashi –“aparentemente se trataba de un suicidio.”
Como mi vuelo comercial se canceló, me ayudaron a regresar a los Estados Unidos en un transporte militar. Me tocó estar sentada al lado de un médico militar que había ido a Guantánamo para hacer la autopsia de al-Hanashi. Le pregunté que cuándo se realizaría la investigación sobre la muerte. Me contestó que “esa había sido la investigación”. Los militares se encargaban de investigar a los militares.
De inmediato me pareció muy sospechoso este “suicidio aparente”. Acababa de visitar esas celdas: es literalmente imposible suicidarse en ellas. Sus interiores son como los de un recipiente de plástico liso; no hay bordes duros, las perchas se pliegan hacia abajo, no hay ropa de cama que sirva para estrangularse. Le pregunté al doctor si teóricamente uno podía azotar la cabeza contra la pared hasta morir. Me contestó que “se vigilaba a los prisioneros cada tres minutos”. Habría que ser veloz.
La historia era todavía más sospechosa luego de indagar un poco. Resultó que los presos habían elegido a al-Hanashi como su representante. (Las Convenciones de Ginebra exigen este proceso pero los Estados Unidos no lo han reconocido formalmente). En su carácter de representante elegido, al-Hanashi sabía cuáles prisioneros habían declarado haber sido objeto de tortura o maltratos, y a manos de quien.
El 17 de enero, al-Hanashi, señala el también prisionero Binyam Mohamed (que fue liberado después), fue convocado a una reunión con el almirante de Guantánamo y el director de las fuerzas de seguridad del lugar. Nunca regresó a su celda. Lo trasladaron al anexo siquiátrico, donde, de acuerdo con la información de otro prisionero que había estado ahí, lo retuvieron hasta que murió.
¿Se puede uno suicidar en el anexo siquiátrico? Según Cortney Busch of Reprieve , organización inglesa que representa a los detenidos de Guantánamo, hay cámaras de video en esa unidad para vigilar permanentemente a los prisioneros, y también hay un guardia todo el tiempo.
Un día después de la muerte de al-Hanashi, la enfermera y el sicólogo mostraron a un grupo de periodistas, del que yo formaba parte, un video curiosamente defensivo sobre la manera en que los prisioneros en huelga de hambre están atados a sillas fijas mientras los “alimentan por vía entérica” (es decir, los alimentan a la fuerza). La oficina de prensa de Guantánamo señaló que al-Hanashi había estado en huelga de hambre antes.
Es importante notar lo fácil que sería acabar con un prisionero problemático al que se alimenta por la fuerza tan sólo con ajustar los niveles calóricos. Si los niveles son muy bajos, el prisionero moriría de hambre, pero los niveles muy altos también lo matarían ya que se ha informado que los prisioneros en Guantánamo son objeto de la sobrealimentación líquida forzada y se sabe que ésta causa vómito, diarrea y deshidratación mortal que puede hacer que pare el corazón de una persona.
Desde hace ocho semanas he estado haciendo preguntas al Teniente-Comandante Brook De Walt, vocero en jefe de la oficina de prensa de Guantánamo, acerca de la muerte de al-Hanashi. De acuerdo con la Embajada de Yemen en Washington, el cuerpo de al-Hanashi fue repatriado a mediados de agosto.
La cadena Al Jazeera ha reportado que el gobierno yemení informó lo mismo que el estadounidense, que al-Hanashi había muerto por “asfixia.” Cuando le comenté a De Walt que era imposible que uno se estrangulara a sí mismo, él contestó que me daría más información cuando la investigación –que ahora incluye una investigación criminal en las fuerzas navales- estuviera completa. Todavía estoy esperando la respuesta. El gobierno yemení también señala que está a la espera del informe del juez de instrucción de los Estados Unidos.
Una investigación de las fuerzas militares de la muerte de uno de sus propios prisioneros infringe las Convenciones de Ginebra, que exigen que la enfermedad, el traslado y la muerte de los prisioneros se registren por separado ante una autoridad neutral (como el Comité Internacional de la Cruz Roja) y que las muertes se investiguen independientemente. Si los gobiernos no permiten que una entidad externa investigue las circunstancias de dichas muertes, ¿qué les impedirá hacer desaparecer a cualquier persona que detengan, por cualquier razón?
He enviado a De Walt una copia del apartado respectivo de las Convenciones de Ginebra y le he preguntado de qué forma la investigación de la muerte de al-Hanashi que realizan las fuerzas militares estadounidenses es conforme con dicho apartado. De hecho se lo envíe dos veces. Sigo sin recibir respuesta.
¿Tenía al-Hanashi tendencias suicidas? Binyam Mohamed informó a la Associated Press que al-Hanashi era una persona positiva (y se puede asumir, un líder natural) que nunca consideraría el suicidio. Estuvo detenido durante siete años sin tener un abogado, ¿y se suicidó justo dos semanas después de que finalmente le asignaran uno? La abogada, Elizabeth Gilson, tal vez sepa cuál era el estado mental de al-Hanashi antes de su muerte, pero el gobierno estadounidense no la dejará hablar sobre ello.
¿Qué le sucedió a Mohamed al-Hanashi, y por qué? El hecho de que todavía nadie pueda responder esta pregunta significa que incluso en los Estados Unidos de Barack Obama, al igual que en la Rusia de Stalin o en el Irán de Ahmadinejad, las personas simplemente pueden desaparecer sin tener un juicio.
Los gobiernos respetuosos de las leyes por todo el mundo y los ciudadanos deberían de llamar y enviar correos electrónicos a De Walt, al Pentágono y a la oficina de prensa de la Casa Blanca para exigir respuestas. Un hombre joven con mucha información potencialmente comprometedora murió en circunstancias sospechosas bajo la custodia de los Estados Unidos. Los hechos relativos a este asunto deben investigarse independientemente.
www.defenselink.mil/faq/comment.html , +1 703-428-0711
http://www.whitehouse.gov/contact/, +1 202-456-1111
Naomi Wolf es autora de Give Me Liberty: A Handbook for American Revolutionaries.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz
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