SINGAPUR – Martti Ahtisaari es un gran hombre y merece el premio Nobel de la Paz por la labor de toda su vida, pero ha sido un error por parte del Comité del Nobel noruego citar su labor en Aceh como razón para concederle el premio.
Como se decía en una crónica reciente de la agencia France Press , “el logro más notable de Ahtisaari fue la supervisión de la reconciliación entre el Gobierno de Indonesia y los rebeldes del Movimiento por la Libertad de Aceh, con la que se puso fin a un conflicto que había durado tres decenios y había provocado la muerte de 15.000 personas”, pero deberían haber sido el pueblo y los dirigentes de Indonesia los que deberían haber recibido el pemio Nobel de la Paz por el milagro político de Aceh.
Más aún: la mención de Aceh en esa cita del Nobel nos hace preguntarnos en serio por las imágenes mentales del Comité del Premio Nobel al conceder esos premios. Sus miembros parecen cada vez más presos del pasado. Siguen dando por sentado que vivimos en una era de dominio occidental de la historia mundial.
Pero esa era pertenece al pasado. Cada vez más el resto del mundo ha pasado de ser objeto de la historia mundial a ser su sujeto. Al conceder el premio Nobel de la Paz a los indonesios, en lugar de a un mediador europeo para Aceh, el Comité del Premio Nobel habría reconocido que el mundo ha cambiado.
Otros tres grandes beneficios habrían resultado de la concesión del premio a un indonesio. En primer lugar, Occidente asocia el mundo islámico con la violencia y la inestabilidad. Pocos creen que los musulmanes sean capaces de resolver sus problemas políticos por sí solos.
Pero en eso consistió precisa y enteramente la historia de Aceh. Dos dirigentes indonesios principales, el Presidente Susilo Bambang Yudhoyono y el Vicepresidente Jusuf Kalla, demostraron una destreza y un valor políticos notables al lograr el acuerdo de paz para Aceh. La concesión de un premio Nobel de la Paz a ellos habría mostrado a Occidente que los musulmanes pueden ser buenos hacedores de paz y, cosa igualmente importante, habría constituido un mensaje de esperanza para las poblaciones islámicas del mundo, que han visto su amor propio erosionado por historias de fracasos.
Aceh fue una espectacular historia de éxito musulmana. Así, pues, el Comité del Premio Nobel de la Paz ha desperdiciado una oportunidad valiosa de enviar un mensaje de esperanza a los 1.200 millones de musulmanes del mundo, que habría librado al mundo de la inmensa ilusión falsa de que el logro de la paz es una “carga del hombre blanco”.


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