El primer intento de traspasar el poder de un gobierno civil a otro en Nigeria desde su independencia en 1960 acaba de concluir –ridículamente. En efecto, la elección presidencial degeneró en un ejercicio crudo de fraude electoral e intimidación de los electores.
Por consiguiente, ahora se objeta enérgicamente la victoria de Umaru Yar’ Adua, candidato del Partido Democrático Popular, actualmente en el poder, y sucesor designado por el Presidente Olusegun Obasanjo. Los candidatos más importantes de la oposición - Muhammadu Buhari del Partido Popular de Toda Nigeria (ANPP), Patrick Utomi del Partido Democrático Africano (ADP), Atiku Abubakar del Congreso para la Acción (AC), y Orji Uzor Kalu de la Alianza Progresiva Popular (PPA)- rechazan los resultados y están convocando a los nigerianos a protestar pacíficamente. Los observadores electorales locales y los de Occidente han declarado que la votación estuvo muy por debajo de los estándares aceptables.
Aunque los funcionarios estadounidenses habían dicho que su país no apoyaría a Obasanjo si las elecciones resultaran viciadas, mucho antes de que se realizaran era un secreto a voces que el PDP las manipularía para continuar en el poder. Obasanjo dejó en claro que él consideraba las elecciones como un asunto de “vida o muerte” y que solamente entregaría el poder a Yar’ Adua. Con todo, el grado y descaro del fraude no tuvieron precedentes, lo que muestra la desesperación de Obasanjo.
Se entiende por qué Obasanjo está inquieto. En mayo pasado, la Asamblea Nacional frustró su intento de enmendar la Constitución para continuar en el poder aún después de los dos períodos establecidos. Su esfuerzo de utilizar acusaciones de corrupción para excluir de las elecciones a su vicepresidente, Atiku Abububar, con quién ha estado en pugna desde 2004, también fracasó cuando la Suprema Corte resolvió que el nombre de Abububar debía colocarse de nuevo en las boletas de votación.
Además, en cuestión de elecciones, Obasanjo tiene un largo y penoso historial. En su primera aparición como Jefe de Estado militar a finales de los setenta, tuvo relativa libertad para definir el resultado de las elecciones de 1979. Le dio el poder a Shehu Shagari, el candidato presidencial del Partido Nacional de Nigeria, quien era ampliamente visto como incompetente y uncido a los intereses del norte musulmán de Nigeria.
El gobierno de Shagari rápidamente se atascó en la corrupción y la ineficiencia y hundió al país en deudas y en un círculo vicioso de desempleo, productividad menguada y descontento social. De esta manera, los militares, que habían terminado con la Primera República en enero de 1966 por medio de un golpe sangriento, regresaron al poder en diciembre de 1983 y no lo dejaron hasta 1999 cuando las fuerzas pro democráticas, galvanizadas por la caída de la economía y los informes sobre sobornos militares, impusieron la celebración de las elecciones democráticas que llevaron de regreso a Obasanjo al poder.
En los ocho años que Obasanjo estuvo en el poder no se resolvieron los problemas políticos y económicos de Nigeria –entre ellos era esencial un nuevo marco político acorde con la diversidad social del país. Y dado su desempeño anterior, no es probable que el PDP permita una nueva votación, más limpia. Buhari, el candidato del ANPP solicitó a la Asamblea Nacional que iniciara un juicio de destitución contra Obasanjo. Algunos nigerianos prominentes también han indicado que si no se resuelve la crisis electoral antes de que Obasanjo termine su mandato el 29 de mayo, el Presidente de la Suprema Corte debería fungir como Presidente interino y organizar nuevas elecciones.
Buhari tiene un apoyo amplio en el norte y Abubakar cuenta con la formidable y bien financiada maquinaria de su partido pero hay una profunda desconfianza entre ambos bandos. Si se unen en este momento de adversidad y llevan sus protestas a las calles, tendrán que enfrentarse a los generales, que se distinguen por su falta de respeto a los derechos y las libertades civiles. Obasanjo conserva el apoyo del ejército, algunos de cuyos miembros participaron abiertamente en el relleno de urnas y en la intimidación de la oposición.
Cualquier acción significativa para bloquear a la maquinaria del PDP probablemente tendrá que provenir del Senado y su presidente, Ken Nnamani, que desempeñó un papel central para bloquear el intento de Obasanjo de obtener un tercer período gubernamental. La decisión repentina de Nnamani de convocar a los legisladores después de la votación podría ser el primer paso en esa dirección. Pero es improbable que el proceso de destitución concluya antes de que Obasanjo deje el cargo el 29 de mayo. La Suprema Corte tiene un nuevo Presidente cuyo fallo en el caso de Abubakar demostró que puede confiarse en que intervenga a favor de un juego limpio, pero no es claro qué instrumento constitucional podría utilizarse para resolver la crisis electoral antes de la fecha del relevo del mando.
Así, una vez más, la democracia en Nigeria está en el filo de la navaja. Las milicias armadas en el Delta del Níger se están haciendo más osadas. El precio del crudo nigeriano está aumentando, señal segura de que el mundo percibe una inestabilidad futura. Sólo la intervención rápida y firme de parte de actores externos imparciales que trabajen junto con la Asamblea Nacional y los tribunales puede evitar el desastre que se cierne.


Comments (0)
You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.
The two commenting options explained
Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.
1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.
2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.