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China Stands Up

Gran Hermano, el Tíbet y el terremoto de Sichuan

Andreas Ni

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2008-05-23

SHANGHAI – Tras el férreo control de los medios durante la revuelta en el Tíbet vino lo que, para algunos, parece una cobertura mucho más abierta del devastador terremoto en la provincia de Sichuan. ¿Es éste un cambio en la estrategia mediática de China o apenas un cambio en la táctica a corto plazo?

Este interrogante se destaca en vista de la opinión pública china en la última fase de la crisis del Tíbet. Para gran consternación de los medios occidentales, el pueblo chino en todo el mundo se manifestó en contra de su cobertura supuestamente sesgada de los disturbios tibetanos. Catervas de expatriados y estudiantes chinos tomaron las calles en protesta por el prejuicio que percibían en los informes de prensa occidentales. Jóvenes iracundos incluso crearon sitios web como anti-cnn.com para expresar sus afrentas.

Los informes de prensa occidentales, alguna vez elogiados por su veracidad, ahora parecen desacreditados en toda China, aunque la compasiva cobertura por la pérdida de vidas en Sichuan puede haber redimido en parte a los medios occidentales. Incluso los liberales chinos admiten que los periodistas occidentales cometieron errores garrafales en el Tíbet, al utilizar imágenes recortadas y epígrafes falsos como evidencia del régimen de mano dura de China. Un artículo sarcástico publicado en el popular portal chino Tianya incluso llegó a decir que "la CNN es de la misma calaña que CCTV (Televisión Central China). Ambos hablan de manera grandilocuente y profusa sobre la imparcialidad. Irónicamente, ambos terminan siendo hipócritas".

Se puede decir que esta tendencia es un mal presagio para China. Pero el pesimismo es infundado. Gran parte de la ira china apunta a ciertos informes sesgados, no a los medios occidentales en general. Y cuando se analiza más de cerca la manera en que respondieron los chinos, tanto al malestar en el Tíbet como al terremoto de Sichuan, se ven señales tangibles de que los chinos están abrazando un mayor grado de libertad de expresión.

A pesar del bloqueo de noticias durante los disturbios en Lhasa, por ejemplo, los usuarios chinos de Internet se la ingeniaron para eludir la censura del país. De la misma manera que criticaron a las publicaciones nacionales por seguir a ciegas los lineamientos de Xinhua, la agencia de noticias estatal de China, se mostraron desafiantes frente a los medios occidentales que hicieron un mal tratamiento de la historia. En consecuencia, los chinos que utilizan Internet como fuente de noticias tomaron conciencia de que ningún relato -ni chino ni occidental- está exento de errores. Este escepticismo, que es un atributo fundamental de la mentalidad democrática, puede haber influido a la hora de presionar al gobierno para que demuestre una mayor apertura en Sichuan.

En rigor de verdad, el hecho de que muchos edificios escolares se derrumbaran en Sichuan motivó una fuerte protesta de parte de los "ciudadanos de la red", que cuestionaron a las autoridades locales sobre si fueron los códigos de construcción deficientes o incluso un célebre "escándalo de construcción toufuzha", a saber, proyectos mal construidos, lo que había producido la desproporcionada cantidad de muertes de alumnos. Frente al creciente escrutinio público, los funcionarios del gobierno se sintieron obligados a prometer que todos los responsables serán llevados ante la justicia.

A diferencia de lo que sucedía en el pasado, cuando los usuarios de Internet chinos recibían información de manera pasiva, años de exposición a conceptos como derechos humanos y democracia los envalentonaron a desafiar las opiniones arraigadas y a la vez sospechosas, aunque esto implique iconoclasia. Las audiencias chinas están tan hartas de los elogios entusiastas emitidos por CCTV como de los informes simplistas y descontextualizados de los medios occidentales. Atrapados en el medio, cada vez más los chinos buscan la verdad por su cuenta.

Muchos, de hecho, intentaron presentar al mundo exterior su propia versión de la historia del Tíbet, refutando la narrativa ortodoxa -china u occidental- y publicando comentarios y videos en YouTube y en el foro de discusión de la BBC. Es más, debido a sus repetidos pedidos de explicación, unos pocos medios occidentales terminaron confesando sus errores.

Después de que el gobierno de China tomó conciencia de que los movimientos independientes podían convencer a los chinos corrientes donde había fallado la propaganda del gobierno, levantó su prohibición inicial para informar sobre el Tíbet. Los "guardianes de la red" -como se suele llamar a los censores de Internet en China- bloquearon artículos sensibles con menos frecuencia. El gobierno de China aparentemente empezó a valorar las limitaciones de los encubrimientos y las tácticas obstruccionistas, y tal vez también los méritos de permitir cierto espacio para la libertad de expresión. 

Esta sed de información imparcial subraya el cambio rotundo que Internet produjo en el paisaje político de China. Hoy en día, el gobierno ya no monopoliza la información y el derecho a procesarla. Los bloggers intuitivos atraen considerablemente más clicks que los portavoces oficiales. Una "sociedad civil virtual" está en ciernes. 

Ahora bien, ¿puede el activismo de la web madurar y convertirse en una campaña desarrollada a favor de la libertad de expresión sin ser manipulada por el gobierno o sin que los medios occidentales le venden los ojos? La respuesta puede resultar contradictoria. La verdad es que la feroz  reacción violenta contra los medios occidentales estuvo en parte motivada por el ardor nacionalista, que jugó a favor del gobierno. Internet puede alentar más demagogia que análisis serio. Pero la mejor manera de impedirlo es crear un entorno en el que las opiniones contrarias puedan enfrentarse libremente, permitiendo que finalmente triunfe la verdad.

De parte del gobierno, los medios más abiertos en Sichuan pueden ser una mera postura para tranquilizar a los críticos después del levantamiento del Tíbet y las escaramuzas que acompañaron a la antorcha olímpica. La voluntad del gobierno de responder directamente los interrogantes sobre la infraestructura de mala calidad pone a prueba la autenticidad de su tolerancia de la libertad de expresión.

Si bien la libertad de expresión no es ninguna panacea para los males de China, sólo cuando esté establecida el progreso del país será sostenible. A pesar de la mirada atenta del Gran Hermano en Beijing, Internet está sembrando las semillas de la libertad de expresión en China. Esa puede ser la lección más importante de la crisis en el Tíbet y Sichuan. 

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   Andreas Ni
Andreas Ni is a writer living in Shanghai.