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¿Puede la integración regional salvar a África?

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2006-08-07

Durante el último cuarto de siglo, el crecimiento económico mundial ha aumentado vertiginosamente, pero África ha continuado perdiendo terreno. De hecho, la participación de ese continente en las exportaciones mundiales disminuyó del 4,6 por ciento en 1980 al 1,8 por ciento en 2000 y su participación en las importaciones mundiales se redujo del 3,6 por ciento al 1,6 por ciento en el mismo período.

La participación de África en las corrientes mundiales de inversión extranjera directa (IED) se redujo también del 1,8 por ciento en el período 1986-90 al 0,8 por ciento en el período 1999-2000. ¿Pueden las agrupaciones económicas regionales, como, por ejemplo, el Mercado Común del África Oriental y Meridional (COMESA) y la Comunidad para el Desarrollo del África Meridional (SADC), contribuir a aumentar el comercio y fomentar el desarrollo?

Las corrientes comerciales globales en el África meridional disminuyeron de 131.100 millones de dólares en 2002 a 112.300 millones de dólares en 2003, el 65 por ciento de las cuales correspondieron a Sudáfrica, uno de los tres únicos países de la región que registraron superávits por cuenta corriente. Mientras que el comercio exterior de Sudáfrica casi se duplicó entre 1994 y 2002, las exportaciones de Malawia a Tanzanía, por ejemplo, o de Mozambique a Zambia siguieron siendo insignificantes, pese a su proximidad geográfica.

El bajo nivel de comercio interregional, pese a la SADC y a la COMESA, refleja varios factores, incluidos diversos obstáculos no arancelarios: principalmente problemas de comunicación y transporte, procedimientos y cargas aduaneros y falta de información sobre los mercados. Además, en el pasado los países del África meridional pusieron su confianza en el proteccionismo y en políticas de substitución de importaciones. Partiendo de argumentos sobre la "economía incipiente", se limitaron las exportaciones más importantes y se erigieron obstáculos legales contra la participación extranjera en el desarrollo de los recursos naturales, así como en los servicios financieros o de otra índole, lo que obstaculizó aún más la integración regional.

En la actualidad, los países del África meridional están decididos a fortalecer su integración regional mediante la armonización económica. Un plan regional aprobado en agosto de 2003 en Dar-Es-Salaam, capital de Tanzania, por la SADC se centra en el fomento del comercio, la liberalización económica y el desarrollo como medio de facilitar la creación de un Mercado Común de la SADC, para lo que hace falta acabar la formación de una zona de libre comercio, en la que el 85 por ciento del comercio en la SADC esté liberalizado en 2008 y el 100 por ciento en 2012.

Un mercado común –incluidas políticas armonizadas para la libre circulación de los factores de producción- aumentará la competitividad, el desarrollo industrial y la productividad. Sin embargo, los protocolos y los tratados políticos no son suficientes para fomentar la integración. El obstáculo más importante es la gran diversidad de la región en materia de desarrollo económico e institucional. El plan regional de la SADC establece un calendario para la aplicación de las políticas a lo largo de los quince próximos años en el que se tienen en cuenta esas limitaciones, se centra la atención en las políticas macroeconómicas y los problemas de la deuda y se establece un clima estable y seguro para las inversiones.

La armonización de las políticas macroeconómicas es necesaria para velar por que los cambios en un país miembro de la SADC no afecten negativamente a la actividad económica de los otros. La nueva iniciativa pide a todos los Estados miembros que armonicen completamente sus políticas económicas, fiscales y monetarias, comenzando por la convertibilidad de las divisas y siguiendo con la unificación de los tipos de cambio y, por último, una moneda común. Algunas divisas han alcanzado cierto grado de convertibilidad económica, que debe fomentar la armonización y promover el comercio intrarregional, a medida que las corrientes comerciales de los países abandonen a los socios que exijan el pago en divisas extranjeras.

En el África meridional existe ya una forma de armonización monetaria entre Sudáfrica y Lesotho, Namibia y Swazilandia, cuyas divisas se cotizan a la par con el rand sudafricano. El Banco de Reservas de Sudáfrica aplica la política monetaria tras consultar con los bancos centrales de los demás países. Pese a unas reglamentaciones restrictivas en materia de política monetaria y tipos de cambio, el plan ha impulsado el comercio y la inversión, al tiempo que reducía el endeudamiento intrarregional.

Pero la deuda sigue siendo una grave amenaza para el África meridional en conjunto. El total de deuda exterior agregada de la región ascendía a 75.600 millones de dólares en 2003, frente a 56.600 millones de dólares en 2000, y la correspondiente a Angola, Mozambique y Sudáfrica representaba el 75,9 por ciento del total. Angola, Malawi, Mozambique y Zambia deben, por término medio, el 150 por ciento de su PIB y el servicio de la deuda engulle miles de millones de dólares al año.

Además, la SADC ha afrontado un marcado descenso de las corrientes de IED, que pasaron de 9.800 millones de dólares en 2001 a 3.000 millones en 2003. Es atribuible principalmente a Angola, Botswana y Namibia, a causa de las oscilaciones cíclicas de las inversiones en la industria petrolera y extractiva, y a Sudáfrica, donde la privatización y la actividad en materia de adquisiciones se han aminorado. De hecho, Sudáfrica y Angola por sí solas recibieron el 73 por ciento de la IED dirigida a la región en 2003.

Para el África meridional –de hecho, para el continente en conjunto- la competitividad global requiere la diversificación para conseguir exportaciones de productos manufacturados y con mayor valor añadido. A fin de atraer la IED necesaria para lograrlo, los países del África meridional han promulgado leyes encaminadas a fomentar una mayor participación del sector privado, con insistencia particular en la inversión extranjera, pero, pese a esas medidas, las corrientes de IED en la región (excluida Sudáfrica) siguen siendo demasiado poco importantes para tener repercusiones económicas importantes.

Eso refleja los riesgos reales e imaginados en relación con la inversión en la región. Así, pues, las economías principales del África meridional deben adoptar todas las medidas necesarias para fomentar la integración regional. La eliminación de todas las barreras al comercio, como pide el plan de la SADC, les permitiría aprovechar plenamente los abundantes recursos naturales de la región y señalar la vía hacia una integración global y más profunda para toda África.

Gabriel Nahimana es Oficial de Asuntos Económicos en la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África.

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