Thursday, April 24, 2014
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Mi plan para abandonar la bomba

NUEVA YORK – La destrucción de Hiroshima y Nagasaki en 1945 señaló un fin y un principio. El fin de la segunda guerra mundial dio paso a una guerra fría, con una paz precaria basada en la amenaza de la destrucción mutua asegurada.

Hoy el mundo se encuentra en otro momento decisivo. La suposición de que las armas nucleares son indispensables para mantener la paz se está desplomando. El desarme vuelve a figurar en el programa mundial... y no podía ser más oportuno. Pronto una oleada de nuevas iniciativas internacionales hará avanzar dicho programa.

El fin de la Guerra Fría, este otoño hará veinte años, debía brindar un dividendo de paz. En cambio, seguimos  afrontando graves amenazas nucleares. Unas se deben a la persistencia de más de 20.000 armas nucleares y la contagiosa doctrina de la disuasión nuclear. Otras tienen que ver con los ensayos nucleares: más de una docena en la época posterior a la Guerra Fría, agravada por los constantes ensayos de misiles de largo alcance. Otras inspiran la preocupación de que más naciones o incluso terroristas estén intentando conseguir la bomba.

Durante decenios, creímos que los terribles efectos de las armas nucleares serían suficientes para impedir su utilización. Se equiparó a las superpotencias con un par de escorpiones en una botella, sabedor cada uno de ellos de que un primer golpe sería suicida. Sin embargo, el actual nido de escorpiones en aumento significa que nadie está a salvo. Los Presidentes de la Federación de Rusia y de los Estados Unidos, poseedores de los mayores arsenales nucleares, lo reconocen. Han hecho suyo el objetivo de un mundo libre de armas nucleares –la ocasión más reciente para ello ha sido su cumbre de Moscú– y están intentando conseguir nuevas reducciones.

Muchas gestiones están en marcha a escala mundial para lograr dicho objetivo. Este año, la Conferencia de Desarme, el foro, compuesto de 65 miembros, que produce los tratados multilaterales de desarme, superó un punto muerto y acordó celebrar negociaciones sobre un tratado relativo al material fisible. Otras cuestiones que se debatirán en ella serán el desarme nuclear y las garantías de seguridad para los Estados que carecen de armas nucleares.

Además, Australia y el Japón han lanzado una importante comisión internacional sobre la no proliferación de las armas nucleares y el desarme nuclear. Mi propia campaña en diversos medios de comunicación “WMD – WeMustDisarm!” (“¡Debemos desarmarnos!”), que culminará en el Día Internacional de la Paz (21 de septiembre), intensificará los llamamientos cada vez más numerosos en pro del desarme por parte de ex estadistas y campañas populares, como, por ejemplo, “Global Zero” (“Opción cero”). Dichos llamamientos se intensificarán aún más en septiembre, cuando grupos de la sociedad civil se reúnan en la Ciudad de México para celebrar una conferencia sobre el desarme y el desarrollo, patrocinada por las Naciones Unidas.

Aunque las Naciones Unidas han estado laborando en pro del desarme desde 1946, dos tratados negociados con los auspicios de las Naciones Unidas son ya objeto de atención mundial. También en septiembre, los países que han firmado el Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares (TPCE) se reunirán en las NN.UU. para examinar formas de fomentar su pronta entrada en vigor. Los ensayos nucleares de Corea del Norte, sus lanzamientos de misiles y sus amenazas de otras provocaciones infunden nueva urgencia a esa causa.

En el próximo mes de mayo, las NN.UU. acogerán, además, una importante conferencia quinquenal de examen en la que participarán las partes en el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares (TNP) y en la que se examinará el estado de la “gran oportunidad” del tratado de desarme, la no proliferación y la utilización pacífica de la energía nuclear. Si el TPCE llega a entrar en vigor y si la conferencia de examen del TNP logra avances, el mundo se encontrará en un buen punto de partida en su marcha hacia un mundo libre de armas nucleares.

Mi plan de cinco puntos para alcanzar dicho objetivo comienza con un llamamiento a las Partes en el TNP para que prosigan las negociaciones con buena fe –como lo requiere el Tratado– sobre el desarme nuclear, ya sea mediante un nuevo convenio o mediante una serie de instrumentos que se refuercen mutuamente y respaldados por un sistema creíble de verificación. El desarme debe ser verificado de forma fiable.

En segundo lugar, he instado al Consejo de Seguridad a que examine otras formas de fortalecer la seguridad en el proceso de desarme y asegurar a los Estados carentes de armas nucleares contra las amenazas de dichas armas. He propuesto al Consejo que convoque una cumbre sobre el desarme nuclear e he instado a los Estados que no son partes en el TNP a que congelen sus capacidades armamentísticas y formulen sus propios compromisos de desarme. El desarme debe aumentar la seguridad.

Mi tercera propuesta se refiere al Estado de derecho. La composición universal de los tratados multilaterales es fundamental, como también las zonas regionales libres de armas nucleares y un nuevo tratado sobre materiales fisibles. El apoyo del Presidente Barack Obama a la ratificación del TPCE es digna de beneplácito: el tratado sólo necesita unas pocas ratificaciones más para entrar en vigor. El desarme debe estar basado en obligaciones legales.

Mi cuarto punto aborda la rendición de cuentas y la transparencia. Los países con armas nucleares deben hacer pública más información sobre lo que están haciendo para cumplir sus compromisos de desarme. Si bien la mayoría de esos países han revelado algunos detalles sobre sus programas de armamentos, seguimos sin saber cuántas armas nucleares existen a escala mundial. La Secretaría de las NN.UU. podría servir de archivo de esos datos. El desarme debe estar visible para el público.

Por último, insto a que se logren avances en la eliminación de otras armas de destrucción en masa y se limiten los misiles, las armas espaciales y las armas tradicionales, todo lo cual es necesario para la consecución de un mundo libre de armas nucleares. El desarme debe adelantarse a los nuevos peligros  representados por otras armas.

Éste es, pues, mi plan para abandonar la bomba. Las amenazas a la seguridad mundial son lo bastante graves sin los riesgos de las armas nucleares o su adquisición por otros Estados o entidades no estatales. Naturalmente, la estabilidad estratégica, la confianza entre las naciones y la solución de los conflictos regionales contribuirían al avance del proceso de desarme. Sin embargo, corresponden al desarme contribuciones propias al servicio de la consecución de esos fines y no se debe aplazarlo.

Restablecerá la esperanza en un futuro más pacífico, seguro y próspero, por lo que merece el apoyo de todo el mundo.

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