The Frontiers of Growth
¿El crecimiento tiene futuro?
Michael Spence
MILÁN – ¿Qué podemos esperar a medida que la economía mundial emerge de su crisis más seria en casi un siglo? La respuesta rápida es un "nuevo normal", con un crecimiento más lento, un sistema financiero medular con menos riesgo y más estable y una serie de desafíos adicionales (energía, clima y desequilibrios demográficos, para nombrar sólo algunos) con horizontes temporales diversos que pondrán a prueba nuestra capacidad colectiva para mejorar la gestión y el control de la economía global.
Un menor crecimiento es la mejor predicción para el mediano plazo. Parece muy probable, pero en realidad nadie lo sabe. La crisis financiera, que se transformó rápidamente en un colapso económico global, resultó no sólo de la imposibilidad de reaccionar ante una inestabilidad, un riesgo y un desequilibrio crecientes, sino también de una incapacidad generalizada previa a la crisis de "ver" el creciente riesgo sistémico.
Estas características definitorias condicionarán las respuestas y los resultados en los próximos años. Existen fuerzas compensatorias. Los países de alto crecimiento (China e India) son grandes y se están volviendo más grandes en relación al resto. Eso por sí solo tenderá a elevar el crecimiento global comparado con el mundo donde los países industriales, y Estados Unidos en particular, eran el motor del crecimiento.
A la crisis actual se la ha dado en llamar "recesión de balances" de alcance global, de una tremenda profundidad y poder destructivo debido a que se originó en los balances de los sectores financiero y de las familias. Lo que la caracterizó es la destrucción extrema de los balances. En el futuro, los bancos centrales y los reguladores no podrán permitir una atención acotada a la inflación (bienes y servicios), el crecimiento y el desempleo (la economía real) permitiendo al mismo tiempo que los balances se valgan por sí mismos. En alguna parte del sistema, será necesario asignar y tomar en serio la responsabilidad por la estabilidad y la sostenibilidad en términos de valuación de activos, apalancamiento y balances.
La desregulación financiera debería hacer hincapié -y así lo hará- en los requerimientos de capital, reservas y márgenes; en limitar el crecimiento del riesgo sistémico restringiendo el apalancamiento; en eliminar la cobertura y el arbitraje regulatorios fragmentados e incompletos (un desafío enorme a nivel internacional), y en hacer foco en la transparencia. Aislar y restringir aún más una porción del sistema bancario, de manera que los canales de intermediación crediticia sean menos propensos a un colapso total y simultáneo, también parece posible.
En relación al pasado reciente, el costo del capital aumentará, la deuda se volverá más costosa y menos ubicua y las diversificaciones de riesgo no retornarán a los niveles comprimidos previos a la crisis. Las burbujas de activos no desaparecerán, pero habrá menos probabilidades de que sean superpotentes gracias al apalancamiento.
Los consumidores norteamericanos ahorrarán más y gastarán menos, abandonando el patrón de los últimos años. El gran agujero (del orden de los 700.000 millones de dólares o más) en la demanda agregada global con el tiempo tendrá que ser tapado por un incremento compensatorio en el consumo de las economías con superávit, como China y Japón. Cuanto más tiempo demore esto, mayores los incentivos a nivel nacional para capturar una porción de la demanda global a través de medidas proteccionistas.
El reciente incremento en las medidas proteccionistas es un precio político entendible por una variedad de paquetes de estímulo en los países avanzados y en desarrollo. Pero estas medidas pueden aumentar -y será difícil eliminarlas con el tiempo- en el contexto de un déficit de la demanda agregada.
Esta es una versión innovadora de la cuestión del desequilibrio global. Su resolución a través de una acción política coordenada (o la imposibilidad de resolverla a través de una acción de este tipo) tendrá un enorme impacto (para bien o para mal) en la estructura de incentivos multinacionales que rodea a la economía global -y, por lo tanto, en su probable crecimiento.
La responsabilidad de supervisar la economía global está pasando rápidamente del G-7/8 al G-20, y así debe ser. Este último representa el 90% del PBI global y las dos terceras partes de la población mundial, de modo que este giro es altamente deseable -de hecho, esencial.
Sin embargo, existe el riesgo de que los intereses de la tercera parte restante de la población mundial (y la mayoría de los países pequeños) no esté representada adecuadamente a medida que evoluciona la arquitectura internacional para la gestión de la economía global.
En la crisis actual, una fracción sustancial de los países fuera del G-20 es esencialmente indefensa: las economías pequeñas relativamente pobres, sin capacidad fiscal para el estímulo y con reservas inadecuadas para compensar las salidas de capitales que se produjeron para apuntalar los balances dañados en los mercados avanzados. Dentro de los países del G-20, existen mecanismos que atienden los intereses de los ciudadanos más vulnerables. En la economía global, los más vulnerables son países enteros. La desatención de sus intereses no es sólo una cuestión moral, sino una cuestión social y económica potencialmente explosiva.
Como resultado, habrá que fortalecer a las instituciones económicas internacionales de todo el mundo en términos de gobernancia y recursos, de manera que puedan actuar como disyuntores en el caso de una futura turbulencia financiera y económica. Al inicio de la crisis, el Fondo Monetario Internacional no tenía financiación suficiente, y sigue careciendo de credibilidad y confianza en ciertas partes sistémicamente importantes del mundo. Hoy está en proceso de tener una mejor financiación, pero ya llevamos ocho meses de una crisis en la que los flujos de capital internacionales se han vuelto volátiles y fueron generados principalmente por respuestas de emergencia en lugar de por fundamentos económicos subyacentes.
En consecuencia, sigue vigente la cuestión central de la confianza en el sistema, que se ha visto seriamente dañada y que llevará tiempo reconstruir. Actualmente, la visión que predomina en la mayoría de los países es que el sistema financiero falló gravemente, pero que los incentivos y la dinámica del sistema más amplio basado en el mercado en una arquitectura global relativamente abierta siguen siendo las mejores vías para la creación de riqueza, la reducción de la pobreza y la expansión de las oportunidades. Existen, por supuesto, diferentes opiniones y el equilibrio podría virar rápidamente. No es inconcebible que se peque por exceso de celo.
No existe una solución mágica para la crisis de hoy. El mejor curso a seguir es el progreso pragmático y estable a nivel nacional e internacional a la hora de mejorar la arquitectura regulatoria y aumentar nuestra capacidad colectiva para evitar un comportamiento no-cooperativo y equilibrios subóptimos. Es el curso en el que estamos. Pero, por ahora, es un viaje sin un punto final claramente definido y ampliamente aceptado.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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tvselvakumaran 03:31 30 Jun 09
"The new normal of lower growth" is the current baseline scenario, for the world economy, that is being projected by the bond-traders on Wall Street. It appears that the bond-traders are looking to rationalize the reasons as to why debt is trading on such low yields these days. Hence, they have been instrumental in conducting debates in the media, on the consequences of the current economic crisis for the medium-term growth of the world economy. Incidentally, this is the same topic that is addressed by Professor Michael Spence in his latest article, "Does Growth Have a Future?" on Project Syndicate. I suppose that the bond-traders' answer to Professor Spence's question is a firm "no", and moreover, these traders would like the general public to adjust its expectations for growth to this so-called "new normal".
However, coming from a renowned economist like Professor Spence, the question needs more careful analysis. As a result, I take it to mean, "Does Growth Theory Have a Future?" As such, Professor Spence takes a broader view on economic growth than bond-traders would, for he says in his article, "At the moment, the majority view in most countries is that the financial system failed badly, but that the incentives and dynamics of the broader market-based system in a relatively open global architecture remain the best avenues for wealth creation, poverty reduction, and the expansion of opportunity".
Does the theoretical study of economic growth promise to shed light on the path the world economy is going to take in the coming years? Would the tools and techniques that this topic of study employs, help economists to anticipate growth opportunities and prepare for them? Or would the world economy muddle along without any clear policy guidelines, unable "to avoid non-cooperative behavior and suboptimal equilibria"? Or perhaps should policy-makers abandon their focus on economic growth, and instead, promote social policies -- like income equality, health, sanitation, education and environmental preservation?
Such questions on economic growth can be profitably addressed, based on the concepts that I had elaborated in my recent article "A New Perspective on the Global Economic Crisis". The main argument to use for this purpose is that in different parts of the world, the underlying foundations for the prospects of growth are of varying durability. That is, the propects for economic growth that the emerging market economies are enjoying come with secure foundations provided by a theoretical framework that has been in development for over a millenium. Whereas, the growth that advanced economies can expect would depend on relatively new and recent developments in economic theory, whose durability remains suspect. On the other hand, the predicament of the poor countries shows that securely founded economic theory alone could not guarantee sustained economic growth.
The focus on durability that I propose is in contrast to the concerns of investment managers who treat all assets uniformly under the risk-reward framework of modern portfolio theory. Their view treats asset classes as differing only in their risk-reward profiles, without any implications for systemic risk. No particular significance is attached to the transience or permanence of economic wealth, as the case may be. Whereas, with the durability approach, it is possible to study the requirements for generating growth in the advanced economies, which are markedly different from the requirements in the developing economies. Taken together with this durability approach, the new perspective on global economic crisis that I had proposed in my recent article, opens up much better prospects for world-wide economic growth, in the medium-term, than those indicated by the "new normal" predictions of the bond-traders.
At present, it is not possible for me to develop such a wide-ranging theoretical frame-work as is plainly required before one can discuss, in a clear and transparent manner, the issues concerning world-wide economic growth. However, if I receive an offer of full-time employment for exploring the prospects for economic growth, then I would be sure to take it up.