Tuesday, September 30, 2014
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El baldazo de realidad de Mitt Romney

NUEVA YORK – Existe un tipo de guerra en curso en Estados Unidos hoy en día entre realidad y fantasía. La reelección del presidente Barack Obama marcó una victoria, limitada pero inconfundible, a favor de la causa de la realidad.

Los acontecimientos en los días previos a la elección presidencial estadounidense ofrecieron una clara ilustración de la contienda. Entre los altos colaboradores del candidato republicano Mitt Romney, se generó la idea de que estaba en la cúspide de la victoria. Su convicción no encontraba ningún sustento en los resultados de las encuestas. Sin embargo, la sensación cobró tanta fuerza que los colaboradores comenzaron a dirigirse a Romney como "Sr. Presidente".

Pero querer que eso fuera verdad no bastó para que lo convirtieran en realidad. Era lo más cercano a convertirse en presidente que puede haber estado Romney, y él aparentemente quería disfrutarlo mientras podía, aunque fuera prematuro. Luego, en la noche de la elección, cuando los canales de televisión proyectaban la derrota de Romney en Ohio y la reelección de Barack Obama, el equipo de campaña de Romney, en un acto más de negación, se negó a aceptar el resultado. Transcurrió una hora muy incómoda antes de que Romney aceptara la realidad y ofreciera un discurso amable donde admitía su derrota.

La misma indiferencia por la realidad ha sido el sello no sólo de la campaña republicana sino de todo el Partido Republicano en los últimos tiempos. Cuando la Oficina de Estadísticas Laborales emitió un informe en octubre donde se revelaba que la tasa de desempleo nacional se había mantenido "esencialmente sin cambios en un 7,9%", los operadores republicanos intentaron desacreditar a la Oficina, un ente sumamente respetado. Cuando las encuestas revelaban que Romney estaba rezagado respecto del presidente Barack Obama, intentaron desacreditar las encuestas. Cuando el Servicio de Investigación Parlamentaria (CRS por su sigla en inglés) -un organismo no partidario- informó que un plan impositivo republicano no serviría de nada a la hora de fomentar el crecimiento económico, los senadores republicanos ejercieron presión para que el CRS se retractara de su informe.

Esta negación a aceptar simples cuestiones fácticas refleja un patrón aún más amplio. Cada vez más, el Partido Republicano, que en algún momento fue un partido político bastante normal, se ha tomado licencia para vivir una realidad alternativa -un mundo en el que George W. Bush efectivamente encontró las armas de destrucción masiva que creía estaban en Irak; los recortes impositivos eliminan los déficits presupuestarios; Obama no sólo es musulmán sino que nació en Kenia y, por ende, debería ser descalificado para la presidencia; y el calentamiento global es una mentira pergeñada por un complot de científicos socialistas. (Los demócratas, por su parte, también tuvieron un pie en el terreno de la irrealidad).

De todas las creencias irreales de los republicanos, su negación absoluta del cambio climático inducido por el hombre fue, con certeza, la que tuvo más consecuencias. Después de todo, si no se ejerce ningún control, el calentamiento global tiene todo el potencial de degradar y destruir las condiciones climáticas que son la base e hicieron posible el ascenso de la civilización humana en los últimos diez milenios.

Romney, como gobernador de Massachusetts, había manifestado aceptar la realidad del calentamiento global. Como candidato a presidente, en cambio, se sumó a los negadores -un cambio que quedó en evidencia cuando aceptó la nominación del partido en Tampa, Florida, en agosto-. "El presidente Obama prometió empezar a desacelerar la crecida de los océanos", le dijo Romney a la convención republicana, y luego hizo una pausa, con la sonrisa expectante de un comediante que espera que el público le festeje una broma.

Y así fue. La risa estalló y se hizo más fuerte. Romney la dejó crecer, y luego pronunció la frase de remate: "Y curar el planeta". La multitud se partió de risa. Tal vez fue el momento más memorable y lamentable en una campaña deplorable -un momento que, en la historia que ha de escribirse sobre el esfuerzo de la humanidad por preservar un planeta habitable, está destinada a la notoriedad inmortal.

Hubo una secuela asombrosa. Ocho semanas después, el huracán Sandy azotó las costas de Nueva Jersey y de la ciudad de Nueva York. Su ola de más de 4 metros de agua de mar fue consecuencia de una crecida del nivel del mar causada por un siglo de calentamiento global, y el azote y la intensidad de la tormenta fueron alimentados por las aguas marítimas más cálidas de un planeta que se calienta. Esa ola de realidad -que Alexander Solzhenitsyn alguna vez llamó "la fuerza despiadada de los acontecimientos"- hizo estallar la burbuja cerrada de la campaña de Romney, y sus paredes se agrietaron tan contundentemente como las del sur de Manhattan y Far Rockaway.

En la disputa entre realidad y fantasía, los hechos de repente tuvieron un poderoso aliado. El mapa político se reformuló de manera sutil pero con consecuencias. Obama entró en acción, ya no como un candidato sospechoso sino como un presidente confiable cuyos servicios la población afectada de la costa este tanto necesitaba. Ocho de cada diez votantes, como demostraron las encuestas, consideraron su desempeño favorablemente, y muchos declararon que la impresión influyó en el voto.

En un giro sorprendente y políticamente contundente, el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, que había sido el primer orador en la convención republicana en la que Romney se había burlado de los peligros del calentamiento global, resultó ser uno de aquellos impresionados por la actuación de Obama, y lo dijo públicamente.

El mundo político norteamericano -no sólo los republicanos, sino también los demócratas (aunque en menor medida)- habían ignorado realidades enormes y ominosas. Pero esas realidades, como si hubieran escuchado y respondido, entraron en la lucha. Votaron anticipadamente, y bien pueden haber alterado el resultado. La Tierra habló, y los norteamericanos, por una vez, escucharon.

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  1. Commentedjames durante

    There are many levels of delusional thinking that comprise the cultural heart of "civilization," the very thing Schell seems so desperate to save. There is the idea that you can somehow square the relentless expansionism of civilizations with justice. There is the idea that civilization can compensate for the loss of primitive innocence when all it does is destroy it with increasing rapacity. There is the idea that "this time is different" and civilization will magically save itself when every civilization, by its very operation, brings about its own collapse.

    Does Schell think that the slightly less delusional democrats have a plan for countering the constant growth model of this civilization? That is delusional.

  2. Commentedjack lasersohn

    You might consider that if a population is lied to often enough, it begins to distrust all historic sources of authority, and is easily preyed upon by charlatans.

    Since you have focused on the lies of the right i will mention a few on the left. The government has been a prime source for many of these 'big lies'.The biggest, and the source of much of the rational anger on the right, has been the claim since the days of FDR and Johnson that we could finance the kind of entitlement system they created without massive taxes on the American middle class at some point. We have reached that point and the portion of the American populous who actually pay taxes have recognized the lie and are now in open revolt.
    The 'big lie' of the recent campaign, that we can finance our enormous future public liabilities , with a tax increase on the upper 1%, was as outrageous as any on the republican side.
    The rejection of science on the left is just as crazy as on the right, from 'vaccines cause autism' , to 'herbal upper colonics cure cancer', to 'all the strontium 90 found in the baby teeth of children must come from nuclear power plants', etc.
    If carbon from fossil fuel is causing global warming, then the rational answer is to tax fossil carbon and let market innovators figure out how to deal with it. Instead, Obama grants special subsidies to favored constituents while implying that this is somehow the answer, so that his favored 'middle class' need never pay a penny to save the planet.
    And the rest of the left wing blogosphere offers similar 'pain free' solutions (debt financed stimulus) to a market crash caused by middle class families buying homes they could not afford on credit.
    Any objective observer should be as shocked by the fantasies of the left as by those of the right.
    If not, one is simply another wild eyed partisan arguing with other partisans about whose fantasies are more unbelievable.

  3. CommentedZsolt Hermann

    Unfortunately not only the Republicans are living in fantasy land.
    The whole of the US and together with them the whole global world is still living in a fantasy of constant quantitative growth as the only possible way of living.
    All the other problems, facts mentioned in the article, including humanity's opposition to nature is part of the same package, and the solution has to also address this root cause.
    The bottom line is that while humanity is simply part of the vast, natural ecosystem around, humans live as if they were above the system and could do whatever they want, inventing their own systems, laws and principles.
    Even if we do not attribute the climate and weather changes directly to human effect, the economical and financial system based on the same attitude is already collapsing burying all of us underneath.
    The only solution is to find our way back to the natural system, recognizing and following its laws, adapting to the intricately interconnected and interdependent system.
    And in that respect all the present leaders, experts and the public alike has to change fundamentally.
    Let us hope that President Obama and his team, freed from the worries of re-election understands this.

  4. CommentedJohn Simms

    In 2004 John Kerry refused to accept the result until Weds morning, yet something tells me Mr. Schell wouldn't have considered that a "denial of fact."

  5. Commentedjimmy rousseau

    Mr. Schell is actually being a little kind to republicans. There are some from this party who sit in congress, both as representatives and senators, who believe in a 6000 year old earth, mock evolution and geology and pay no price in the media for these views.
    But the author is correct in his assessment that eventually they must pay the price for this wilful ignorance. But no their is nothing equivalent on the democratic side of the fence.

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