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Paz en Oriente Medio por cualquier medio de que se disponga

RAMALA – Algo está ocurriendo en el conflicto de Oriente Medio, pero resulta difícil decir qué. Parece haber avances al alcance de la mano, aunque todas las partes parecen aferrarse a sus posiciones tradicionales. La Liga Árabe dio el visto bueno a la celebración de conversaciones indirectas palestino-israelíes y los diversos foros de los dirigentes palestinos han aprobado su reanudación. Incluso el negociador palestino Saeb Erekat, habitualmente alborotador, ha moderado su retórica y el Presidente palestino, Mahmoud Abbas, ha concedido una entrevista optimista a la TV de Israel.

Pero Israel no ha accedido en público a la solicitud americana y palestina de rescindir la construcción de asentamientos en Jerusalén aprobada durante la reciente visita a Israel del Vicepresidente de los Estados Unidos, Joe Biden. Al contrario, los funcionarios israelíes, al negar la afirmación de los palestinos de que existe un acuerdo secreto EE.UU.-Israel, se proponen claramente continuar construyendo viviendas judías en la ocupada Jerusalén oriental. Entonces, ¿qué está sucediendo?

Para empezar, estamos entrando de nuevo en lo que Henry Kissinger llamó el reino de la “ambigüedad constructiva”. Se ha asegurado a los palestinos, mediante un mensaje del Presidente Barack Obama, entregado por su enviado especial George Mitchell, que los israelíes no cometerán ninguna “provocación” durante los próximos cuatro meses de negociaciones indirectas. Cuando se les apremió a que se explicaran con mayor claridad, los palestinos reconocieron que no existe una promesa por escrito al respecto.

Pero, según se ha dicho, en un reciente viaje a Israel del asesor de la Casa Blanca Dan Shapiro los israelíes le aseguraron que no colocarían en una situación embarazosa a sus amigos americanos. A cambio, Shapiro entregó al ultraortodoxo dirigente del partido Shas de Israel una invitación a la Casa Blanca. Mitchell entregó una invitación similar a Abbas.

Los palestinos entienden que, sin presiones, pocos cambios habrá. También han entendido la locura de la resistencia violenta y han cambiado espectacularmente en pro de las medidas no violentas –con la aceptación (y posible aliento) de la comunidad internacional– para mantener la presión a los ocupantes.

La fracción principal de la OLP, Al Fatah, hizo ese cambio en su sexto congreso, celebrado el invierno pasado en Belén después de un paréntesis de veinte años. Altos funcionarios de la OLP han participado en manifestaciones y actividades de protesta, algunos de ellos han resultado heridos y el miembro de su Comité Ejecutivo Abbas Zaki ha estado encarcelado unos días. A otros altos funcionarios de Al Fatah se les ha prohibido viajar fuera de la Ribera Occidental, en gran medida por su participación en protestas no violentas.

Además de las actividades no violentas, se han hecho gestiones a toda marcha en pro de la creación de un Estado palestino. Salam Fayad, el enérgico Primer Ministro palestino, que estudio en Occidente, ha formulado un proyecto detallado de declaración de facto del Estado palestino en agosto de 2011, a más tardar.

Si bien de la construcción del Estado se encarga la Autoridad Palestina civil, las gestiones políticas corren a cargo de la OLP, cuyo Presidente, Abbas, es el jefe de Al Fatah, además de Presidente de la Autoridad Palestina. Abbas y su equipo negociador, encabezado por Erekat, han conseguido el apoyo de todos los miembros de la Liga Árabe.

La OLP ha conseguido el apoyo europeo a una declaración palestina unilateral de creación de su Estado. El único obstáculo con el que topan los dirigentes palestinos son los americanos. Cuando los palestinos pidieron a Mitchel seguridades de que, si fracasaban las conversaciones, los Estados Unidos apoyarían dicha declaración de construcción del Estado, Mitchell respondió que con semejante compromiso las negociaciones carecerían de sentido.

En cambio, los americanos tienen sus propias ideas sobre cómo lograr un avance, en particular con Israel, que, según cree el gobierno de Obama, es ahora el obstáculo mayor. Para lograr cambios en Israel, los americanos están lanzando diversos globos-sonda. Uno es el de que, si fracasa el proceso actual, Obama podría hacer público su propio plan, que, según esperan muchos, sería una copia casi exacta de la propuesta hecha hace diez años por el gobierno de Bill Clinton en los últimos días de su mandato. En aquel momento, se citó la afirmación de los negociadores palestinos e israelíes de que los dos bandos nunca habían estado tan cerca de un acuerdo.

Un plan de paz justo y razonable patrocinado por los EE.UU. sería aclamado sin lugar a dudas por muchos israelíes y palestinos de a pie. Podría causar importantes perjuicios a las fuerzas políticas israelíes de extrema derecha que llegaron al poder a consecuencia de los ocho años de la llamada guerra al terror del Presidente de los EE.UU. George Bush.

Ocultos tras esa fachada antiislámica, a los israelíes les ha resultado cómodo entorpecer todas las gestiones razonables en pro de la paz, incluido el plan de paz árabe de 2002, conforme al cual los Estados árabes y los países de mayoría musulmana acordaron normalizar sus relaciones con Israel, si se retiraba de las zonas ocupadas en 1967. Además, el plan concedía a Israel un papel igual al de los palestinos para resolver la cuestión de los refugiados. Pedía el “logro de una solución justa del problema de los refugiados palestinos acordada de conformidad con la resolución 194 de la Asamblea General de las Naciones Unidas”.

Otro globo-sonda ha sido la sugerencia de que, si todo lo anterior fracasara, los americanos podrían proponer que se resolviera el conflicto árabo-israelí mediante la convocación de una conferencia internacional. De hecho, dicha conferencia figura en la “hoja de ruta” como parte de la fase III de las conversaciones.

Hasta ahora, los israelíes y los palestinos han insistido en diversas “líneas rojas” que, según proclamaron, nunca traspasarían. Los próximos meses mostrarán si esas posturas públicas son negociables, con consecuencias evidentes para ambas partes y su relación con la comunidad internacional, en particular los Estados Unidos.

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