China Stands Up
La tormenta perfecta de China
Jamie F. Metzl
Nueva York – Se está gestando una tormenta perfecta que podría amenazar las relaciones de China con el mundo. Si bien algunos críticos de China en Occidente y nacionalistas en China pueden estar de parabienes, el potencial deterioro de las relaciones internacionales de China no sirve a los intereses de nadie y amenaza con minar la paz y la seguridad global.
Mientras se acercan los Juegos Olímpicos de Beijing, lo que al parecer más quieren los chinos –que los Juegos sean un preludio del retorno de China como líder entre las demás naciones- parece estar por esfumárseles de las manos. Si las cosas salen mal, China podría terminar en una situación de aislamiento.
El levantamiento en el Tíbet, y la respuesta del gobierno, han puesto de manifiesto las tensiones étnicas dentro de China que al gobierno chino le está costando manejar. Las autoridades de China, políticamente incapaces de aceptar o abordar como se debe las aspiraciones de los manifestantes tibetanos, se centraron casi exclusivamente en las estrechas cuestiones de orden público vinculadas con la violencia de marzo.
Para muchos en Occidente que se solidarizan con las aspiraciones de los tibetanos de una autonomía más significativa bajo soberanía china, las medidas represivas de China, la denigración del Dalai Lama y la estrategia de línea dura alimentaron el desencanto. Sin embargo, muchos chinos llegaron a ver las protestas pro-tibetanas en París, Londres, San Francisco, Delhi y otras partes como un esfuerzo por sabotear las Olimpíadas y controlar a China después de casi dos siglos de lo que se percibe como una humillación nacional.
Recientemente, China también sufrió otros desastres en el terreno de las relaciones públicas. El barco chino que contenía armas para el vilipendiado régimen de Mugabe en Zimbabwe finalmente va camino a casa después de que protestas y una condena global impidieron que entregara su carga. El primer ministro británico, Gordon Brown, instó a un embargo de armas total contra Zimbabwe, una postura que apunta claramente a los chinos. Por otra parte, la comunidad internacional sigue poniendo a China en la picota por sus ventas de armas a Sudán que, según se cree, utilizó las armas en el genocidio de Darfur.
Es más, después de una letanía aparentemente interminable de historias sobre productos chinos contaminados, estalló una disputa entre China y Estados Unidos por heparina (un anticoagulante sanguíneo) proveniente de China en estado contaminado. Si bien las autoridades chinas rebatieron las afirmaciones norteamericanas de que la heparina de fabricación china causó la muerte de por lo menos 81 norteamericanos, la evidencia científica perjudicó la credibilidad de China y reforzó las percepciones en todo el mundo de que los productos chinos no están regulados y son inseguros.
Finalmente, la creciente inseguridad económica está creando una reacción violenta contra el comercio y la globalización, que puede alterar significativamente las actitudes hacia China. En un momento en que los norteamericanos y otros occidentales cada vez más perciben a China como un país incapaz de resolver sus problemas políticos y adicto al crecimiento a toda costa, el gobierno chino parece estar recurriendo a una narrativa nacional de victimización que tiene raíces ponzoñosas en la percepción por parte de China de acontecimientos históricos como la rebelión Boxer de 1899-1901.
Si los Juegos Olímpicos terminan siendo un desastre de relaciones públicas –por las potenciales protestas de parte de activistas o adeptos a tibetanos, Uighur o Falun Gong, una restricción a los periodistas extranjeros en China o incluso escándalos de dopaje-, existe una posibilidad real de que los chinos le echen la culpa a Occidente, especialmente a Estados Unidos.
Dado que el ascenso de China es un hecho irreversible, todos aquellos que creen que debe convertirse en un “protagonista más responsable” en los asuntos mundiales no pueden anhelar su retorno al aislamiento nacionalista. De la misma manera que China necesita acceder a los mercados mundiales, el mundo necesita que China se convierta en un socio pleno a la hora de abordar los principales desafíos globales. Ambas partes se deben mutuamente un diálogo abierto y honesto para ayudar a que este resultado se vuelva realidad.
Los críticos occidentales de China tienen todo el derecho de protestar por cualquier aspecto del comportamiento chino y viceversa. De hecho, las acciones de Estados Unidos en Irak, su contribución al calentamiento global y su compromiso desigual con la solución multilateral de los problemas dejan mucho espacio para las críticas del comportamiento norteamericano.
Al mismo tiempo, quienes se quejan del comportamiento chino deben recordar que el ascenso de China sacó a cientos de millones de personas de la pobreza y que China está desempeñando un papel mucho más positivo en las relaciones internacionales hoy que en cualquier otro momento de la historia reciente. Los líderes chinos, a su vez, deben impedir que la narrativa nacional de China se torne una narrativa de victimización, incluso si surgen problemas alrededor de los Juegos Olímpicos, como probablemente sucederá.
La voluntad reciente de parte de China de reabrir un diálogo con los enviados del Dalai Lama y la mejora en sus relaciones con Taiwán demuestran que existe espacio para crear un entorno más positivo. La tormenta está en el horizonte, pero todavía puede haber tiempo para prepararse y capearla de manera segura.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducción de Claudia Martínez
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