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El camino de Birmania pasa por Beijing

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2007-10-01

NUEVA YORK – Tres hechos concretos están definiendo los límites de las conversaciones que el negociador Ibrahim Gambari de las Naciones Unidas está llevando a cabo en sus visitas a los generales que gobiernan Birmania y a la líder opositora detenida en su hogar, Aung San Suu Kyi. En primer lugar, a pesar del heroico liderazgo de los monjes budistas y la comunidad pro-democracia, cerca de 50 años de desgobierno militar y tácticas del terror han agotado al pueblo birmano, al que probablemente le sea difícil mantener su actitud desafiante ante el régimen si no se ven divisiones claras entre los generales gobernantes o deserciones generalizadas entre los soldados comunes.

En segundo lugar, los generales birmanos saben que enfrentan un difícil dilema: mantener el poder o arriesgarse a ir a prisión, al exilio o incluso morir. A sus ojos, esto les deja prácticamente ninguna opción excepto aferrarse al poder a toda costa.

Finalmente, en tanto China dé apoyo político, financiero y militar a los gobernantes birmanos, es casi imposible que ocurra un cambio significativo. Hasta que China decida que en Birmania le conviene más un gobierno con mayor legitimidad que el actual e incompetente régimen militar, es poco lo que puede ocurrir.

La decisión de China de bloquear una condena por parte del Consejo de Seguridad de la ONU al ataque del régimen birmano a los monjes budistas y otros manifestantes pacíficos subraya su apoyo, de larga data, a la junta militar. En enero pasado, China y Rusia vetaron una resolución que condenaba el historial de derechos humanos de Birmania y llamaba al gobierno a detener los ataques sobre las minorías étnicas, liberar los prisioneros políticos y comenzar una transición hacia la reconciliación nacional y la democracia. Por años, China además ha bloqueado sanciones significativas contra Birmania.

Los vínculos económicos de China con los gobernantes birmanos son importantes para ambos. El comercio bilateral anual, estimado en US$ 1,1 mil millones –una cifra enorme si se considera que el PGB total de Birmania es US$ 9,6 mil millones- resulta vital en términos económicos para el gobierno birmano. China es también el mayor proveedor militar de Birmania.

Al mismo tiempo, el oleoducto de US$ 2 mil millones que China está buscando construir desde la costa sur de Birmania a la provincia china de Yunnan, permitirá reciba petróleo del Oriente Próximo en sus provincias meridionales de manera más fácil y segura. Cuando se lleve a término, el oleoducto hará que China sea menor susceptible a presiones militares extranjeras en caso de un conflicto internacional.

De modo que es mucho lo que está en juego para China en Birmania, así como son altos los temores chinos sobre cómo podría reaccionar un futuro gobierno de "reconciliación nacional" frente al historial chino de complicidad con los gobernantes militares corruptos.

Se debe tener en cuenta que Estados Unidos y sus aliados, frente a temores estratégicos similares durante la Guerra Fría, también apoyaron regímenes repugnantes y opresivos en países como Zaire, Chile e Indonesia. Sin embargo, EE.UU. y Occidente se dieron cuenta en momentos clave que los tiempos habían cambiado tanto que estos dictadores habían dejado de ser útiles. Así, se deshicieron de déspotas como Ferdinand Marcos en Filipinas y Chun Doo-hwan en Corea porque el precio de sus despreciables regímenes se volvió mayor que los beneficios que ofrecían.

En los tiempos actuales, marcados por la Internet, los costos del apoyo chino a los generales birmanos están creciendo rápido. Al igual que con Darfur, donde la percepción de un apoyo chino al gobierno sudanés se tradujo en duras críticas y la amenaza de marcar los Juegos Olímpicos de 2008 como los "Juegos Genocidas", el respaldo de China a los generales birmanos, especialmente si aumenta la cantidad de muertos, podría causar problemas similares. De hecho, será más probable que comiencen campañas por un boicot olímpico si por el mundo comienzan a circular escenas de monjes budistas torturados o asesinados. Más aún, los problemas de salud pública de Birmania y su tráfico de drogas y seres humanos están afectando de manera creciente las regiones del sur de China.

Aunque China ha expresado al gobierno birmano algunas vagas inquietudes acerca de la crisis, no ha tomado ninguna acción que pueda afectar de manera significativa los cálculos del régimen, a pesar de su singular influencia.

Para estimular a China a que tome iniciativas que fomenten la reconciliación nacional en Birmania, la comunidad internacional debe convencerla de que promover la reforma y el cambio puede ser una propuesta en la que todos ganen. Debe garantizarle que los intereses chinos se protegerían durante una transición a una sociedad más abierta en Birmania, y que una versión del proyecto del oleoducto tendrá el apoyo de cualquier régimen que surja en el futuro.

Puesto que China ha estado compitiendo con India por el acceso de los recursos naturales de Birmania, también es necesario que India participe activamente en iniciativas de presión al régimen birmano, en un proceso que la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) podría coordinar con eficacia. En una declaración difundida el 27 de septiembre, los ministros de relaciones exteriores de la ASEAN expresaron un sorprendente grado de condena a la represión en Birmania. Podrían jugar un papel esencial en un proceso que incluya a los partidos birmanos, China, India, la Unión Europea, Rusia y Estados Unidos, en el que se podría esbozar un plan para el cambio en Birmania.

Este proceso internacional sencillamente no puede ocurrir sin China. El camino al cambio en Birmania para por Beijing.

Jamie F. Metzl se desempeñó en el Consejo de Seguridad Nacional bajo la Presidencia del Bill Clinton y es Vicepresidente Ejecutivo de la Asia Society.

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