A Window on Russia
Que la Historia juzgue a las revoluciones rusas
Roy Medvedev
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Se acerca una plétora de aniversarios en Rusia. Este mes se cumple el 90º aniversario de la Revolución de octubre de 1917 y el 25º aniversario de la muerte de Leonid Brezhnev. El mes próximo, llegará el 15º aniversario de la desintegración de la Unión Soviética. Sin embargo, sólo entendiendo el primero de esos acontecimientos podemos comprender los demás.
La Revolución de Octubre siempre ha tenido muchos críticos. El filósofo ruso Ivan Shmelev la llamó "la gran derrota de Rusia". Vasily Rozanov la llamó "la matanza de Rusia". Innumerables autores la consideran una tragedia que alteró el curso de la Historia y destruyó a las personas más valiosas de Rusia.
Pero también tiene sus apologistas, para quienes señaló el comienzo de una nueva era en la Historia, un avance hacia la libertad a partir de un mundo de esclavitud y opresión, una salvación para Rusia y Europa y un motivo de esperanza para Asia y África. Según esa opinión, no hubo conspiración, sino una gran revolución social que, en virtud de una poderosa lógica interna, llevó al poder a los trabajadores, los campesinos y el partido bolchevique, que representaba la voluntad de aquéllos.
Para la mayoría de los rusos que se criaron en el sistema soviético, las dos opiniones entrañan parte de verdad, pero está fuera de lugar la crítica ultrarradical de la Revolución de Octubre y otros aspectos de la vida socialista en la URSS del siglo XX. La Revolución no sólo es parte de la Historia para muchos; también es parte de la vida y la conciencia. Naturalmente, eso no excusa a quienes se niegan a escuchar análisis razonados sobre el pasado de nuestro país, pero los rusos no van a aceptar sermones simplistas.
El estudio de la Revolución Rusa es casi tan antiguo como ella y ha producido una cantidad ingente de investigaciones tanto en el país como en el extranjero, pero, aún hoy, distamos mucho de entender muchos factores, conexiones, motivos, razones y consecuencias importantes en lo que ocurrió en 1917 y durante los primeros años del poder soviético. Pocos acontecimientos históricos han engendrado tantos conceptos y teorías para su explicación y evaluación... o tantas falsificaciones, unas toscas y otras sutiles.
Pero los bolcheviques y sus oponentes participaron en esas falsificaciones, al ocultar, deformar e inventar hechos y circunstancias, ya se refirieran al papel real de Stalin o Trosky en la Revolución o al comportamiento de los campesinos y los cosacos. Miles de nombres desaparecieron de la historia, se atribuyeron acciones de unas personas a otras y se deformaron la naturaleza, los motivos y las actividades de partidos, grupos, movimientos nacionales y clases.
La Revolución y sus dirigentes fueron idolatrados y se crearon reputaciones y biografías falsificadas. Se simplificó y "enderezó" el verdadero curso de los acontecimientos, al considerarse cada fase de la Revolución una continuación natural de la anterior. Los archivos más importantes estuvieron inaccesibles y se destruyeron algunos documentos.
La situación empezó a cambiar en el período comprendido entre 1988 y 1991, cuando la historia de la URSS y la Revolución Rusa pasaron a ser el centro de la atención pública. El hundimiento de la URSS y del Partido Comunista abrió nuevos horizontes –y casi todos los archivos– para los historiadores. Masas de documentos y otras fuentes relacionadas con el comienzo del poder soviético pasaron a estar accesibles para estudios y análisis. En la actualidad, se diga lo que se diga del gobierno de Vladimir Putin, estamos libres de censura política e ideológica estricta. Aunque la realidad política actual de Rusia está creando sus propios mitos y falsificaciones nuevos, no ha sido así en la labor de los historiadores. Así, pues, aún se puede escribir la historia imparcial de la Revolución Rusa que todavía no existe.
Putin raras veces habla de los problemas de la historia de Rusia en el siglo XX y en cierta ocasión a una pregunta directa sobre su posición para con los acontecimientos de 1917 respondió que los consideraba "la reacción natural del país ante la derrota en la primera guerra mundial". Cuando visitó el cementerio ruso, cerca de París, en el que están enterradas muchas figuras fundamentales del "movimiento blanco" y emigrantes rusos, Putin colocó coronas de flores en las tumbas de Ivan Bunin, poeta ruso, y Vika Obolenskaya, heroína de la Resistencia francesa.
Putin se detuvo también cerca de la tumba común de generales y oficiales de los ejércitos "blancos". "Somos hijos de la misma madre: Rusia", dijo Putin, "y ya es hora de que estemos todos unidos". Recientemente, se han trasladado los restos de Andrei Denikin, general "blanco", a Moscú y los de Vladimir Karpel, otro general "blanco", a Irkutsk.
En Irkutsk se ha erigido un monumento al almirante Alexander Kolchak, que encabezó la lucha para derrocar a los bolcheviques, y en Moscú se ha construido un monumento a Nicolás II. De hecho, la Iglesia Ortodoxa ha canonizado a Nicolás II. Son pasos hacia la unificación del Estado y la nación y no intentos de cobrarse venganza ni de desintegrar a Rusia. En la actualidad, existen buenas condiciones para un examen sosegado e imparcial del pasado de Rusia, desde la Revolución de 1917 hasta la época de estancamiento de Brezhnev. Es un momento que los historiadores deben aprovechar.
Roy Medvedev, historiador ruso y antiguo disidente soviético, es autor o coautor de numerosos libros, incluidos La Revolución Rusa, Que juzgue la Historia. Orígenes y consecuencias del estalinismo, La Rusia postsoviética, Travesía de la era de Yeltsin y El Stalin desconocido.
Copyright: Project Sindícate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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