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El discurso secreto de Khrushchev y el fin del Comunismo

Roy Medvedev

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2006-02-20

En la historia, algunos eventos parecen insignificantes a primera vista o su significado está oculto, pero acaban por ser estremecedores. Uno de esos momentos tuvo lugar hace cincuenta años con el llamado "discurso secreto" que Nikita Khrushchev pronunció en el vigésimo congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Creo que es el acontecimiento más crítico del siglo XX., después de la Revolución Bolchevique de 1917 y el inicio de la Guerra de Hitler en 1939.

En ese momento, el movimiento comunista parecía estar en la cresta de la ola de la historia, y no sólo para la Unión Soviética. A mediados de los años 1950 el comunismo estaba a la ofensiva tanto en Europa como en el emergente Tercer Mundo. El capitalismo parecía estar muriendo. Se estimaba que todas las imperfecciones del comunismo eran temporales, sólo piedras en el camino hacia la sociedad justa que estaba naciendo entonces. Una tercera parte de la humanidad consideraba que la Unión Soviética encabezaba al mundo hacia el socialismo global.

El vigésimo congreso puso fin a eso. Fue el momento de la verdad, una limpieza de la brutalidad del estalinismo desde dentro. El discurso que Khrushchev pronunció en el congreso generó dudas y reflexiones a tráves de todo el movimiento comunista mundial.

Los motivos de Khrushchev al momento de subir al podio la mañana del 25 de febrero de 1956 eran, a su parecer, morales. Tras su expulsión del poder, en el aislamiento de su dacha, escribió: "Mis manos están cubiertas de sangre. Hice todo lo que los demás hicieron. Pero incluso ahora si tuviera que ir a ese podio a acusar a Stalin, lo haría de nuevo. Un día todo eso tenía que terminar".

Khrushchev, por supuesto, había participado de cerca en las represiones de Stalin, pero también ignoraba la mitad de lo que estaba sucediendo. Todo el sistema estalinista de gobierno estaba construido sobre la base del secreto absoluto en el que sólo el Secretario General mismo conocía todo el panorama. La base del poder de Stalin no era el terror sino el total monopolio de la información. Khrushchev, por ejemplo, quedó pasmado cuando descubrió que en los años 1930 y 1940 aproximadamente 70% de los miembros del partido fueron aniquilados.

En un principio, Khrushchev no pensaba mantener en secreto la denuncia sobre Stalin. Cinco días después del congreso, el discurso fue enviado a todos los líderes de los países socialistas y se leyó en las reuniones locales del partido por toda la Unión Soviética. Pero la gente no sabía cómo discutirlo. Y con razón porque el problema con el proceso de desestalinización era que, aunque se reveló parte de la verdad, no se dijo qué hacer a continuación.

Después del congreso fue evidente que el evangelio comunista era falso y criminalmente corrupto. Pero no se ofreció otra ideología, y la crisis -la lenta descomposición del sistema que se hizo evidente durante la era de estancamiento bajo Leonid Brezhnev- que empezó con el discurso de Khrushchev duró otros treinta años hasta que Mikhail Gorbachev adoptó el manto del cambio.

Las dudas que se generaron durante el congreso pueden haber sido incipientes pero no obstante sembraron un malestar genuino. En la primera de las protestas que sacudieron al mundo comunista en 1956, las multitudes en Georgia exigieron que se despidiera a Khrushchev y que se restituyera la memoria de Stalin. Un levantamiento en Polonia, y la mucho más tumultuosa revolución húngara pedían lo contrario. Los polacos exigían un comunismo con un rostro humano, y los húngaros, tras el intento de Imre Nagy para reformar el comunismo, terminaron por no quererlo en absoluto.

Todas estas protestas fueron reprimidas brutalmente, lo que produjo que muchos comunistas de Europa occidental dejaran el partido con una desilusión total. El discurso de Khrushchev también enecendió la enemistad entre la China de Mao y la URSS porque le permitió a Mao reclamar la corona del liderazgo revolucionario mundial.

Preocupado por las protestas, Khrushchev trató de enfriar la campaña antiestalinista. La liberación de los prisioneros del Gulag que tuvo lugar después de su discurso continuó pero se realizó en silencio. Se rehabilitó a los miembros del partido que habían sobrevivido a las purgas y se les dieron nuevos empleos, pero se les prohibió hablar de los horrores que tuvieron que soportar.

Ese silencio duró hasta 1961 cuando Khrushchev permitió nuevas revelaciones sobre los crímenes de la era de Stalin. Estas se difundieron públicamente y se discutieron en radio y televisión. El cuerpo de Stalin fue retirado de la Plaza Roja, sus monumentos fueron destruidos y las ciudades recobraron sus nombres soviéticos originales. Estalingrado se convirtió en Volgogrado.

La idea del Gulag ingresó a nuestra literatura con Un día en la vida de Iván Denisovich de Alexander Solzhenitsyn. Esta segunda campaña antiestalinista duró dos años pero no fue suficiente para cambiar la mentalidad del país.

El vigésimo congreso fracturó el movimiento comunista mundial y resultó imposible cerrar las grietas. La Unión Soviética y otros países socialistas se enfrentaron a una crisis de fe, ya que la principal amenaza no era el imperialismo o los disidentes ideológicos sino la propia pobreza intelectual y desilusión del movimiento.

Así, aunque actualmente en Rusia es común culpar a Gorbachev y a Boris Yeltsin del colapso de la URSS, es inútil e injusto hacerlo. El sistema ya estaba muerto y es un gran mérito de Yeltsin que haya podido rescatar a Rusia de las ruinas en una pieza. Aunque el futuro de Rusia es incierto, su historia se hace más clara en parte porque ahora sabemos que el vigésimo congreso del partido inició el proceso que significó el fin del despotismo soviético.

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AUTHOR INFO

Roy Medvedev, historian and Soviet dissident, is an author of many books, including Stalin: Let History Judge and Khrushchev: The Years in Power (with Zhores Medvedev).