A Window on Russia
Stalin vive
Roy Medvedev
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El legado de los dictadores muertos de los regímenes totalitarios vencidos ya no debe ser ambivalente. Sólo los lunáticos marginales de Alemania se atreven a conmemorar a Hitler. Ni siquiera los restos patéticos del Khmer Rouge celebran el recuerdo de Pol Pot. Sin embargo, a medida que se aproxima el 60° aniversario de la victoria de Rusia sobre la Alemania nazi, recordar el papel de Stalin en ese triunfo está resultando demasiado incómodo.
En efecto, a principios de año, Moscú se enfrascó en debates sobre si se debía construir una estatua del dictador muerto o no. En las grandes librerías de Rusia una enorme cantidad de historias y biografías políticas se ocupan de Stalin y su era. Algunas de ellas, basadas en materiales de archivo recientemente abiertos, son críticas. Pero la mayoría de esos libros y autores describen a Stalin de manera positiva. De hecho, cuando se le pide a los rusos que ennumeren a las personas más importante del siglo veinte, Stalin sigue empatado en el primer lugar --con Lenin.
Algunos ven la mano de lo que queda del Partido Comunista detrás de esto. El Partido se ha alejado de sus viejos ideales leninistas, a medida que busca apoyo hoy en día mediante una mezcla de nacionalismo ruso, cristianismo hiperortodoxo y "estalinismo de Estado".
Por supuesto, ya no hay pueblos ni ciudades que lleven el nombre de Stalin. A finales de la década de 1950 se demolieron incontables monumentos suyos. Sin embargo, muchos símbolos del gobierno de Stalin se han conservado cuidadosamente, incluyendo el himno nacional que él aprobó personalmente en 1944. Hay siete rascacielos en Moscú a los que los rusos siguen llamando los "vysotki de Stalin". Junto a la tumba de Lenin están la tumba y monumento de Stalin, donde siempre se ven montones de flores frescas en los aniversarios de su nacimiento, muerte y de la victoria sobre Hitler.
Sin duda, la revelación por parte de Kruschev de los crímenes y el culto a la personalidad de Stalin en 1956 causaron una fuerte impresión tanto en la Unión Soviética como en el extranjero. Pero muchos miembros de la élite política y de los círculos militares se enfurecieron por las revelaciones de Kruschev. Eso provocó varios intentos de rehabilitar a Stalin, sobre todo durante los 20 años del gobierno de Brezhnev, al que ahora llamamos el periodo de "estancamiento".
Mikhail Gorbachev siguió revelando los crímenes del estalinismo, arrojando luz sobre páginas oscuras que Kruschev no se atrevió a abrir al público. Durante la presidencia de Boris Yeltsin estas críticas se hicieron aún más fuertes.
Pero demoler las estructuras ideológicas, políticas y económicas del pasado no es suficiente para renovar a la sociedad. Yeltsin entendía eso. Hace ocho años los restos de la familia Romanov fueron enterrados públicamente en el castillo de Pedro y Pablo de San Petersburgo. Nicolás II alcanzó la condición de santo mártir. No obstante, el entierro de los Romanov no conmovió las emociones del público por mucho tiempo. Más del 50% de la población de Rusia, incluyendo maestros, científicos, médicos y personal militar han visto caer su calidad de vida desde el colapso del comunismo. No es de sorprender entonces que estén nostálgicos por el pasado, incluyendo a Stalin.
Las personas de las viejas generaciones recuerdan por supuesto las penurias de las décadas de 1930 y 1940. Pero la mayoría de los rusos no consideran a todo el periodo soviético como una especie de agujero negro. Ven una época de privaciones, sí, pero también de grandes logros --en el desarrollo económico, las ciencias, la cultura, la educación y la defensa de la patria durante la guerra.
Actualmente los rusos escuchan las viejas canciones soviéticas y ven las películas de esa época. El primero de mayo (Día del trabajo) y el 7 de noviembre (aniversario de la revolución bolchevique) siguen siendo mucho más significativos que los nuevos feriados poscomunistas, como el 12 de junio (Día de la independencia). De hecho, para muchos rusos la declaración de la independencia del país en 1990 representa un mal momento en su historia, un año de anarquía y desorden.
¿De qué se pueden enorgullecer los rusos en los 15 años de poscomunismo? ¿Una terapia de choque que arruinó la economía y puso la riqueza del país en manos privadas pero rara vez limpias? La mayoría de los rusos no ven ni a la democracia ni a los mercados como valores absolutos porque no han traído ni prosperidad ni seguridad. ¿Qué victorias ha obtenido el ejército ruso en estos años? Ni siquiera pudo dominar a Chechenia, una pequeña república de la Federación Rusa.
La Federación Rusa sigue siendo un conjunto de Estados multinacionales que necesitan una idea de Estado y nacionalidad que los mantenga unidos. La idea más sencilla y comprensible para los rusos es el patriotismo.
Sólo hay dos acontecimientos que tienen el poder para movilizar y y dar energía a este sentido patriótico: la revolución de octubre de 1917 y la gran guerra patriótica de 1941-1945, que convirtió a la URSS y a Rusia en una gran potencia mundial. La victoria sobre el fascismo es un evento vivo en nuestra memoria porque muchos de sus participantes siguen activos.
El Día de la Victoria de este año probablemente sea el último aniversario "redondo" de 1945 que Rusia pueda celebrar con miles de veteranos vivos y capaces de participar. Por ello el Kremlin se está preparando para conmemorar el acontecimiento a una escala nunca vista en Rusia. Sobra decir que el nombre de Stalin se mencionará en incontables ocasiones durante las celebraciones.
Pero sería un error ver este reconocimiento a Stalin como un verdadero anhelo por cada aspecto del sistema que creó. Más bien, reconocer a Stalin es para los rusos una forma de recordar un tiempo de grandes hazañas y de sacrificios aún mayores. En todas partes el patriotismo se basa en esas ideas.
Roy A. Medvedev, historiador disidente de la era soviética, es autor del estudio clásico sobre el estalinismo Que juzgue la historia.
Copyright: Project Syndicate, 2005.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz
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