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¿El Reino en Desunión?

Tom McCabe

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2007-05-24

Trescientos años después de que el primer Parlamento escocés votara voluntariamente su desaparición en 1707, el Partido Nacional Escocés (PNE) ha conseguido una mayoría en el Parlamento escocés, al que se han cedido de nuevo competencias y que es uno de los gran legados de Tony Blair. ¿Anuncia un gobierno encabezado por el PNE la ruptura del Reino Unido? Dicho en términos más amplios, ¿corresponde aún al nacionalismo, ese producto de la política del siglo XIX, desempeñar un papel en Europa?

La respuesta a la primera pregunta es casi con seguridad que no. Los nacionalistas obtuvieron sólo el 31,9 por ciento de los votos emitidos, mientras que los partidos que apoyan la unión obtuvieron el 59,6 por ciento. Se trata de una prueba positiva de que la representación proporcional puede dar resultados extraños.

Allá por 1957, el motivo para "poner los cimientos de una unión cada vez más estrecha de los pueblos de Europa" fue el de hacer que la guerra entre las naciones europeas llegara a ser cosa del pasado y, con ello, aportar estabilidad interna a todas las naciones europeas. Durante cincuenta años, no se puso a prueba demasiado esa misión de la Unión Europea, porque los impulsos nacionalistas quedaron aplastados entre las dos grandes alianzas de la Guerra Fría. Una vez desparecidas esas limitaciones, el nacionalismo en sus dos modalidades –la creación de Estados al modo de Bismarck y la ruptura de Estados étnicos- ha recibido un segundo soplo.

Cuando actualmente se habla de nacionalismo, nos vienen a la cabeza imágenes siniestras de otra época, pero, naturalmente, el nacionalismo no es inevitablemente violento: estalla en conflicto sólo en los lugares en que hay una herencia inflamable. La desintegración de la Unión Soviética y su imperio satélite muestra que la forma de abordar semejante herencia es no obligar a los pueblos insatisfechos a vivir juntos en un país. Es reconocer que en algunos lugares el divorcio es inevitable y velar por que sea lo más amistoso posible. El mundo no habría podido prevenir la espiral de Yugoeslavia hacia la guerra civil, pero podría haber mitigado su crueldad contribuyendo a una negociación más temprana de la separación.

Hay quienes afirman que el acceso del PNE al poder en Escocia anuncia efectivamente el renacimiento de una nación; muchos otros consideran retórica esa afirmación que no tiene en cuenta los inmensos avances logrados en calidad de vida, oportunidades y nivel de vida. Si la afirmación fuera cierta, se trataría de un renacimiento que se estaría produciendo de forma extraordinaria. Exceptuadas algunas personas extrañas y desventuradas, no ha habido ejércitos clandestinos, terroristas separatistas ni campañas de desobediencia civil encaminadas a derribar a gobiernos ni manifestación alguna de masas siquiera.

La creación de un parlamento escocés con competencias cedidas por el Parlamento del Reino Unido en Westminster ha sido tal vez la primera revolución de la época moderna que ha corrido a cargo de abogados, clérigos y contables, en lugar de células de radicales barbudos. Además, se logró sin disparar un solo tiro.

Por eso, no es de extrañar que haya sido también una revolución que –a diferencia de la que dividió Checoslovaquia hace catorce años– se haya quedado muy lejos de lograr la condición total de Estado para Escocia. El Parlamento de Westminster, al que los escoceses siguen enviando diputados, sigue teniendo las competencias de defensa, asuntos exteriores, política macroeconómica, fiscalidad y seguridad social. Sin embargo, el Parlamento escocés puede legislar sobre los servicios de salud, la educación, la administración local, la vivienda, la justicia penal y civil y el desarrollo económico. También puede aumentar o reducir la tarifa básica del impuesto sobre la renta –aunque no más del 3 por ciento– y los gravámenes, como, por ejemplo, los peajes de las carreteras.

Esa semiindependencia refleja en parte la falta de motivos lingüísticos en el nacionalismo escocés, a diferencia del nacionalismo quebequés del Canadá o del nacionalismo flamenco en Bélgica. Sólo 80.000 de los 5,1 millones de habitantes de Escocia hablan gaélico. Tampoco la religión desempeña un papel apreciable; si bien los católicos romanos temían a la independencia, porque podía tener como consecuencia una hegemonía protestante, en la actualidad no hay prácticamente diferencias entre católicos y protestantes en cuanto al apoyo a las instituciones de Escocia.

Además, a diferencia del nacionalismo de la Europa oriental o del balcánico, la variedad escocesa tiene poco que ver con la etnicidad o la religión. Así, en la Escocia actual no se da ninguna de las condiciones que fomentaron la rebelión en Irlanda y propiciaron la independencia irlandesa en 1922, la última gran ruptura de la unión política en las islas Británicas. Es cierto que los nacionalistas escoceses miran con añoranza a Irlanda, pero por su imponente crecimiento económico reciente. Sin embargo, para la mayoría de los escoceses la experiencia irlandesa no es un modelo atractivo... tal vez por estar asociado con el terrorismo. También saben que la enorme asistencia financiera que Irlanda recibió de la Unión Europea nunca volverá a repetirse.

Lo que motiva al nacionalismo escocés es el intenso apego a las instituciones civiles de Escocia. A ese respecto, Escocia difiere de Gales, que fue incorporado a la fuerza a Inglaterra más de cuatrocientos años antes de que los escoceses firmaran voluntariamente la ley de la Unión en 1707. Resulta difícil reconocer instituciones galesas, exceptuadas las relativas a la lengua galesa. En cambio, el paisaje institucional de Escocia –escuelas y universidades con su estructura propia de planes de estudios y exámenes, un sistema jurídico con sus códigos y normas propios, una iglesia independiente del Estado y un sistema distintivo de administración loca– no resultó afectado por la unión.

Actualmente el Parlamento escocés contribuye a disipar el descontento escocés, porque está revitalizando esas instituciones, pero también está impulsando la política británica hacia un nuevo y desconocido sistema político descentralizado. El mandato de Westminster ha dejado de tener vigencia al norte de la frontera, al menos por lo que se refiere a asuntos como la educación y la salud. Asimismo, ahora resulta mucho más difícil a los escoceses achacar sus problemas a un gobierno distante de Londres, aunque ahora el PNE intentará hacer aún más una obra de arte de las acusaciones a Westminster por todos los males.

Así, pues, lejos de ser un anuncio de la ruptura de Gran Bretaña, la cesión de competencias ha infundido una nueva vitalidad a la vida nacional de fuera de Londres. La nueva confianza de que se goza en Edimburgo, que está experimentando un auge económico, resulta evidente.

Lo que está surgiendo es una Escocia diferente y una Gran Bretaña diferente y se trata de una lección de Escocia para Europa. La cultura política de Gran Bretaña, sumamente centralizada, ha quedado modificada irreversiblemente. La está substituyendo una política más caracterizada por la diversidad, en la que las diferentes identidades nacionales y regionales resultan alentadas y cobran expresión. Al cooperar con el resto del Reino Unido, en lugar de chocar con él, Escocia está atribuyendo un nuevo significado a la expresión "una unión cada vez más estrecha".

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Tom McCabe    Tom McCabe
Tom McCabe is a former Scottish Minister of Finance.