European Economies
Europa rica, Europa pobre
Philippe Maystadt
|
|
|
|
Desde sus inicios, la Unión Europea ha buscado un desarrollo económico equilibrado en sus múltiples regiones. El Tratado de Maastricht contiene la formidable frase “desarrollo armonioso del conjunto de la Comunidad”. Pero, por admirables que sean estos sentimientos, no hay una “verdad científica” sobre el nivel “adecuado” de disparidad y la velocidad correcta para la convergencia.
Sin embargo, es útil comparar las disparidades económicas de la UE con las de Estados Unidos para evaluar la convergencia regional en Europa –teniendo en cuenta, por supuesto, que los Estados Unidos han sido un Estado nación durante más de dos siglos, mientras que la mejor descripción de la UE es una confederación de 27 Estados bajo una estructura supranacional.
Echemos primero una ojeada histórica a la porción occidental de la UE. En 1960, las disparidades en lo que después se conoció como la UE de los15 eran aproximadamente dos veces mayores que las que había entre los estados de los EU. Hoy en día son comparables con las disparidades en los ingresos estadounidenses. Las disparidades se han reducido a la mitad tanto en términos nominales cuando se expresan en euros, como en términos reales cuando se toman en cuenta las diferencias en el poder adquisitivo.
Europa occidental experimentó primero un período de convergencia de los ingresos reales, seguido por uno de convergencia de precios. En los años 1960 y a principios de los años 1970, las disparidades en el poder adquisitivo cayeron en un 40%, después se estancaron, mientras que las disparidades en el ingreso nominal disminuyeron en un porcentaje similar desde mediados de los años 1970 hasta los 1990. Con la introducción del euro y con una inflación a la baja, la convergencia nominal y la real se han vuelto similares, y ambas han aumentado gradualmente desde mediados de los años 1990.
La población promedio de la UE de los 15 es de aproximadamente 25 millones, muchos más que los seis millones de un estado promedio de los EU, que es más comparable a la población media de las regiones de la Unión Europea como Baviera, Valonia, Isla de Francia y las Islas Canarias. Así, tal vez es más útil comparar los 50 estados de EU con las 72 regiones de la Unión.
El patrón de convergencia en la UE a nivel país se refleja en las regiones. Pero las disparidades en el ingreso de las regiones todavía son sustanciales en Europa occidental si se comparan con los estados de EU. Es cierto que los países más pobres de la Unión Europea tienden a crecer más rápido que los ricos, pero las regiones más pobres no necesariamente crecen a mayor velocidad que las más ricas ni que el promedio por países. Así pues, las disparidades regionales pueden persistir o incluso crecer, lo que plantea un reto para los políticos encargados de estimular el crecimiento económico y la cohesión regional.
¿Y qué sucede con las disparidades en la riqueza de la UE actual, con sus 27 países miembros? Con el ingreso de diez nuevos Estados en 2004 y otros dos a principios de 2007, la membresía de la UE ahora llega a Europa Central y Oriental. En los años 1990 estos países ex comunistas tuvieron que afrontar un desplome temporal del ingreso ya que la mayor parte de su producción industrial se volvió prácticamente obsoleta de la noche a la mañana. Actualmente, ya se ha creado una nueva capacidad industrial y se han conquistado nuevos mercados pero el proceso de puesta al día todavía está lejos de estar terminado.
No es sorprendente, entonces, que las disparidades en el ingreso sean mucho más grandes en todos los países de la UE ampliada que en los estados de la Unión Americana. En 2005, la disparidad promedio en el ingreso era hasta dos veces mayor al interior de la entonces UE de los 25 que en los estados de EU. Pero ha disminuido casi un tercio en los últimos doce años. Como en la UE de los 15, la convergencia en el ingreso de las regiones otra vez es más lenta que la convergencia entre los países.
La evidencia empírica reciente indica que las regiones de Europa central y oriental que se benefician más de su membresía en la UE son las que están cerca de la capital del país o las que comparten frontera con alguno de los 15 países. Pero mientras los Estados miembros más pobres crezcan más rápido que sus contrapartes más ricas, no deberían preocuparnos mucho los aumentos temporales en las disparidades intranacionales.
De hecho, un aumento temporal en las disparidades intranacionales podría ser algo bueno. La globalización y el cambio tecnológico están redefiniendo la producción en toda Europa, lo que ha conducido a un declive de las industrias tradicionales y a un rápido crecimiento de la manufactura de alta tecnología, las actividades bancarias y financieras, la investigación científica y los servicios empresariales. El hecho de que las empresas de estos sectores se beneficien por operar cerca unas de otras podría impulsar el desarrollo económico a expensas de las regiones periféricas.
En Estados Unidos, la convergencia exitosa de las condiciones económicas en todas las regiones depende fuertemente de la movilidad laboral. La migración interna es el principal motor de la convergencia en el ingreso, ayudada por un idioma común y todos los demás factores que fomentan la movilidad en Estados Unidos, como el acceso relativamente fácil a la vivienda y la educación.
En contraste, la mano de obra en la UE es en gran medida estática. A pesar de los discursos populistas sobre la amenaza que representan los “plomeros polacos”, el flujo neto de migración generalmente no se ve afectado por las diferencias en las tasas de desempleo entre las regiones.
Por supuesto, la inmovilidad laboral de Europa es causada, en parte, por las diferencias culturales y lingüísticas –barreras que no se pueden eliminar fácilmente. Pero hay otras barreras que pueden superarse reformando las políticas de vivienda, reduciendo los costos de mudarse y revisando las políticas de bienestar social para acabar con el temor de perder beneficios de largo plazo.
Una reducción de la oferta laboral en áreas de Europa que están en depresión económica y un aumento en las regiones que experimentan un auge ayudaría mucho a acabar con las diferencias en los salarios y las tasas de desempleo. Es tiempo de pensar seriamente en cómo hacer que los europeos se desplacen.
Philippe Maystadt es Presidente del Banco Europeo de Inversiones.
Copyright: Project Syndicate/Europe’s World, 2007.
www.project-syndicate.org
www.europesworld.org
Traducción de Kena Nequiz
You might also like to read more from Philippe Maystadt or return to our home page.
|
|

