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Una Alternativa para el Seguro de Depósito

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2002-07-31

El pánico financiero de Argentina y el atropello de sus bancos que le siguió, así como la crisis financiera de Asia en 1997, han forzado a numerosos países a considerar la posible adopción de esquemas de seguros de depósito para proteger los ahorros de sus ciudadanos. ¿Pero es el seguro de depósito la mejor defensa contra el pánico bancario?

El seguro de depósito fue una respuesta a las crisis bancarias del tipo que plagó a Estados Unidos (EEUU) hasta los años treinta. El primer esquema explícito fue introducido en EEUU después de la Gran Depresión e inicialmente pareció ser un éxito total. Los pánicos ya no ocurrieron más, lo que estabilizó al sistema financiero y contribuyó a un crecimiento económico sostenido en la postguerra.

El seguro de depósito se deshizo de los pánicos financieros porque los atropellos de los bancos son típicamente alentados por una profecía retroalimentada. Ocurren cuando los clientes de un banco tienen miedo de que la mayoría de los otros cuentahabientes retiren sus fondos. Puesto que los bancos dan servicio a sus clientes en base a la idea "quien llega primero es atendido primero", aquellos que esperan se arriesgan a quedarse con las manos vacías porque el banco se podría ver forzado a liquidar sus activos de largo plazo al enfrentar una pérdida, y quedarse sin recursos. Por lo que el miedo al pánico puede generar pánico. Esto es en extremo ineficiente pues mientras es individualmente racional que los cuentahabientes quieran su dinero de inmediato, el banco podría haber sido capaz de saldar las cuentas de todos si hubieran sido pacientes en conjunto.

Los economistas llaman a tales situaciones "falla de coordinación"; si los cuentahabientes pudieran hablar unos con otros y coordinar sus acciones, serían capaces de evitar un atropello autodestructivo del banco. Al garantizar que habrá suficientes recursos disponibles para los clientes pacientes para cuando quieran retirar sus fondos, el seguro de depósito elimina la falta de coordinación. Los cuentahabientes pacientes ya no tienen que preocuparse de que los otros retiren sus fondos porque eso no les afecta.

Pero el seguro de depósito lleva a otros problemas, los cuales aparecieron por primera vez en la crisis de Ahorro y Créditos ocurrida en EEUU durante la década de 1980. El seguro de depósito genera lo que los economistas llaman "riesgo moral", las personas que están aseguradas contra un evento desagradable no son tan cuidadosas cuando se trata de evitar tal evento como lo serían si no tuvieran el seguro. Si mi bicicleta está asegurada contra robo, quizá yo le compraría un candado más barato, incrementando la posibilidad de que sea robada. Con el seguro de depósito los clientes que ya no se arriesgan a perder su dinero no tienen incentivos para monitorear al banco, mientras que los bancos, como no hay nadie observándolos, tienen incentivos para invertir en proyectos excesivamente arriesgados.

Aunque fueron muchos los factores que contribuyeron a la crisis de Ahorro y Créditos, por lo general todos coinciden en que el riesgo moral fue uno de los mayores. Después de esa crisis, el seguro de depósito en EEUU fue reformado con el objetivo de mitigar el problema del riesgo moral. ¿Pero abarcaron suficiente las reformas? Hay maneras de mejorar el sistema existente, ¿pero es posible hacer algo por completo distinto y mejor?

Hace mucho tiempo, 1873, en su libro clásico acerca de la banca central, Lombard Street , Walter Bagehot anotó que los bancos centrales deberían de ser capaces de prevenir los pánicos financieros inyectando liquidez a la economía. He estudiado las políticas del tipo propuesto por Bagehot de tal forma que me permite compararlas con los esquemas de seguro de depósito. La conclusión principal de mi trabajo es que las políticas dirigidas a asegurar la liquidez no sólo pueden prevenir los pánicos bancarios, sino también evitar el exceso de riesgo que fomenta el seguro de depósito.

En caso de que surja pánico, una buena política debería ayudar a que los bancos que tienen suficientes activos para abarcar sus cuentas pero no pueden pagar a todos los cuentahabientes al mismo tiempo porque algunos activos están atrapados en bienes raíces u otras inversiones de largo plazo. Esos bancos no tienen liquidez pero no son insolventes . El banco central puede ayudar con herramientas bien conocidas. Bajo un acuerdo de recompra, por ejemplo, las autoridades monetarias compran activos de un banco sin liquidez con la promesa de que el banco comprará los activos de vuelta en una fecha específica y por un precio específico. De esta manera, el banco cambia temporalmente sus activos no líquidos por efectivo, paga a sus cuentahabientes y evita hacerlo con pérdidas.

Como sucede con el seguro de depósito, los acuerdos de recompra resuelven el problema de la falta de coordinación porque los cuentahabientes saben que, incluso si esperan, el banco será capaz de solventar sus retiros. A diferencia del seguro de depósito, sin embargo, el suministro de liquidez puede evitar el riesgo moral al ayudar únicamente a aquellos bancos que son solventes. Los depositantes no dejan de tener un gran incentivo para monitorear a sus bancos.

Consideremos a un banco que invirtió en proyectos riesgosos y se encuentra en problemas. Puede pedir ayuda al banco central y vender algunos de sus activos a cambio de efectivo. Sin embargo, según el acuerdo con el banco central, debe comprar sus activos de vuelta. Si los activos no tienen valor, al final tendrá que salir del negocio. Si declara la bancarrota y se rehusa a comprar sus activos de vuelta, las leyes de bancarrota deberían darle primacía al banco central para reclamar los activos del banco. Esto genera un poderoso incentivo para que los cuentahabientes y los inversionistas monitoreen el desempeño de su banco.

Implementar políticas de suministro de liquidez como las promovidas por Bagehot evitaría los pánicos bancarios sin crear incentivos para asumir los riesgos indebidos asociados con el seguro de depósito. Los cuentahabientes se merecen que sus fondos tengan una fuerte y efectiva protección, y el sistema bancario la requiere para mantener la confianza. Pero ni a los cuentahabientes ni a su banco debería salvárseles a cambio de nada.

Antoine Martin es economista del Banco de la Reserva Federal de Kansas City.

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