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El nuevo camino de India hacia la grandeza

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2009-06-01

SINGAPUR- Sería imprudente subestimar el significado casi metafísico de las recientes elecciones en India. Decisivamente, el electorado indio cambió el curso de la historia mundial hacia la dirección correcta al reelegir a la coalición Manmohan Singh-Sonia Gandhi, quienes ahora cuentan con el mandato y poder para presionar por más reformas económicas y una mayor liberalización. El tigrillo indio será liberado. El ascenso simultáneo de China e India vigorizará las fuerzas de la modernización y moderación en todo el mundo. En estos tiempos de crisis global, el mundo debería celebrar esta nueva explosión de energía.

Prácticamente nadie predijo este resultado espectacular. Muchos analistas subestimaron al electorado indio quien comprendió las muchas ventajas de la coalición Singh-Gandhi. Primero, el gobierno encabezado por el Partido del Congreso revivió las tradiciones seculares moderadas de Jawaharlal Nehru y reubicó firmemente a India en el centro político arrebatando el control a los extremistas ideológicos de las comunidades.  

Segundo, el electorado comprendió la importancia de reelegir a un líder modesto, pero sabio y determinado y que entendía la dirección que India debía seguir. Singh abrirá todavía más la economía india de lo que lo ha hecho hasta ahora. Como él dijo alguna vez, “aunque India tiene un amplio mercado interno, nuestra experiencia con las anteriores políticas relativamente insulares, y también la experiencia global a este respecto, fue lo que reveló claramente el potencial del comercio y la cooperación económica con el mundo."

Por último, Singh seguirá dialogando con los vecinos de India y fomentará una mayor cooperación regional. Ya desde 1995 decía, “es esta visión, la de una India renaciente que legítimamente ocupa su lugar como potencia económica de Asia, lo que ha inspirado nuestras políticas económicas”.  Así como China ha firmado un acuerdo de libre comercio con la ASEAN, India también buscará hacerlo. Un proceso de liberalización económica competitiva se extenderá en toda Asia, lo que asegurará aún más el resurgimiento continuo de la región.

Todo este proceso estará impulsado por la confianza renovada de India en su cultura.  En los años 1950 y 1960, pocos líderes indios creían que su país podía competir con las economías industrializadas. De ahí que el club de industriales de Mumbai fuera inherentemente proteccionista.   Ahora, los mismos industriales, convencidos de que India puede competir con los mejores, apoyan las reformas de Singh.

Con todo, India sigue teniendo muchos retos que afrontar: casi 300 millones de personas que viven en la pobreza, la insurgencia naxalita que se propaga, el riesgo de ataques terroristas en Mumbai y el crecimiento veloz de los barrios deprimidos. Además, ¿cómo equilibrará Singh las contradicciones entre las políticas orientadas al mercado y las políticas en favor de los pobres? ¿Cómo manejará las  expectativas crecientes de la clase media de una mejor infraestructura, mayor acceso a los servicios de salud y educación, un suministro ininterrumpido de agua y electricidad, y servicios de transporte más eficientes?

Estos problemas no se resolverán de la noche a la mañana. No obstante, la convicción creciente de que el futuro será mejor mantendrá estable al gobierno. Quizá este sea el resultado más importante de las elecciones en India: cinco años más de estabilidad política y reformas económicas crearán un irreversible círculo virtuoso de crecimiento económico y moderación política.

La clase media india crecerá velozmente y servirá como contrapeso valioso para mantener un equilibrio constante en las siguientes décadas.  Hay un dato que es interesante. Con el actual nivel de desarrollo de muchas economías asiáticas, un aumento del 10% en el ingreso promedio duplicaría el tamaño de la clase media. Y dicho aumento es muy probable.

Fue mera coincidencia que se ultimara al líder de los extremistas Tigres tamiles, Velupillai Prabhakaran, y que su movimiento fuera diezmado mientras se llevaban a cabo las elecciones indias. Sin embargo, no hay que ignorar lo que eso significa.  Prabhakaran, y no Al Qaeda, fue quien inventó los ataques suicidas. Su eliminación muestra lo inútil de la oleada de terror que desató en la humanidad.

No obstante, si el presidente de Sri Lanka, Mahinda Rajapaksa, quiere eliminar el espíritu de separatismo de los tamiles, debe emular la cultura de moderación política de Singh. Rajapaksa acertó al pronunciar unas palabras en tamil mientras anunciaba la victoria sobre ellos. Ahora debe continuar con la creación de un ambiente abierto e incluyente, como el de India, que permita el desarrollo tanto de los cingaleses como de los tamiles.

Pakistán sigue siendo el desafío más grande de India. No cabe duda que los instintos de Singh son acertados. Quiere que Pakistán logre ser un país moderado y moderno. No quiere más guerras. Sin embargo, estos instintos pueden afinarse con políticas de largo plazo.

India bien podría seguir el ejemplo del tratamiento exitoso de China de la cuestión de Taiwán. En el punto más álgido de la situación, cuando a China ya le habían parecido intolerables los gobiernos de Lee Teng-hui y Chen Shui-bian, nunca abandonó su política de inclusión hacia el pueblo y hombres de negocios taiwaneses.  Con el tiempo, ello creó una importante red de interdependencia económica, que promueve la estabilidad.

Para los indios sería igual de fácil incluir al pueblo pakistaní. Son el mismo pueblo. Al ser de etnia sindhi, siento afinidad hacia ambos. Cuando asisto a conferencias internacionales, me sorprende ver el trato fácil y natural entre pakistaníes e indios. Las divisiones políticas son artificiales. La unidad cultural se da naturalmente.

El pueblo pakistaní puede colaborar fácilmente con el gobierno de Singh, caracterizado por la moderación política. En efecto, la apertura de los presidentes Barack Obama y Singh hacia el mundo islámico probablemente ha supuesto la mejor oportunidad política para encontrar una solución duradera al conflicto India-Pakistán.

En suma, la reelección del gobierno de Singh ha hecho del mundo un lugar menos peligroso y ha abierto muchas oportunidades políticas. No podría haber un mejor primer ministro para India. Singh es uno de los mejores economistas del mundo.   Al mismo tiempo, demostró valor cuando no quiso ceder a las presiones para que India renunciara al acuerdo nuclear con Estados Unidos. Singh se mantuvo firme y tuvo éxito. Los beneficios de esa resolución ahora los disfrutarán India y el mundo.

Kishore Mahbubani es decano de la Escuela de Políticas Públicas Lee Kuan Yew de la Universidad Nacional de Singapur. Su libro más reciente es The New Asian Hemisphere: The Irresistible Shift of Global Power to the East.

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AUTHOR INFO

Kishore Mahbubani is Dean of the Lee Kuan Yew School of Public Policy, National University of Singapore. His most recent book is The New Asian Hemisphere: The Irresistible Shift of Global Power to the East.