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2007-10-03

Tanto Myanmar como Pakistán son países asiáticos cuyos gobernantes militares están en problemas. Pero están tomando direcciones opuestas porque, mientras Pakistán entiende por qué Asia está creciendo, Myanmar no.

Asia está creciendo porque los países asiáticos están abriendo cada vez más sus puertas a la modernidad. Empezando con Japón, esta ola de modernización se ha extendido a través de los cuatro “tigres asiáticos” (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur), algunos países de la ASEAN (Malasia, Indonesia, Tailandia y Vietnam) y después hasta China y la India. Ahora se dirige hacia Pakistán y el occidente asiático.

Yo estuve en Pakistán durante una de sus semanas más emocionantes. El ex Primer Ministro exilado Nawaz Sharif quiso regresar, pero fue enviado inmediatamente de vuelta al exilio. El mundo esperaba una erupción política. En cambio, el país permaneció en calma.

Pakistán no explotó porque su élite está concentrada en la modernización. Bajo el liderazgo del Primer Ministro Shaukat Aziz, quien trabajó anteriormente en Citibank, el país ha llevado a cabo reformas estructurales espectaculares y ha igualado las mejores prácticas de las economías de mercado emergentes de vanguardia. Esto explica las altas tasas de crecimiento económico.

Pakistán ha abierto los brazos al comercio exterior y la inversión extranjera. Y así como los éxitos de los ciudadanos de la India en Estados Unidos han servido de inspiración a sus compatriotas, Pakistán puede beneficiarse de manera similar de su propia diáspora exitosa.

Pero esta apertura a la modernidad va más allá de la economía y las finanzas. Es cierto que miles de madrasas siguen abiertas y que el fundamentalismo islámico es fuerte. Pero eso no ha cambiado totalmente la textura fundamental de la sociedad pakistaní.

Un vistazo a la LUMS, una de las universidades privadas más importantes de Lahore, me dio esperanzas: la forma en que las mujeres estaban vestidas. Cuando visité universidades malasias en mi juventud, en la década de los 1960, pocas mujeres malasias musulmanas usaban la hijab. Ahora, en esas mismas universidades, casi todas la llevan. En contraste, en la LUMS (que se ve y se siente como la Escuela de Negocios de Harvard), sólo alrededor del 5% de las alumnas usaban la hijab, lo que es una notable expresión de libertad social.

También ha habido una explosión de medios libres en Pakistán. Un número asombroso de estaciones de televisión pakistaníes discuten abiertamente las actividades de Sharif y de la otra ex Primer Ministro exilada, Benazir Bhutto. En efecto, muchos de los elementos de una sociedad abierta ya están establecidos incluyendo, como el mundo lo supo en marzo, un poder judicial independiente.

En contraste, en Myanmar no se difunde información sobre la disidente Aung San Suu Kyi y nunca se permitiría que se reinstalara a un Presidente de la Suprema Corte despedido por los generales, como hizo el Presidente pakistaní Pervez Musharraf en marzo, ya no se diga las manifestaciones callejeras en favor del Presidente de la Suprema Corte.

Por supuesto, hay mucho resentimiento silencioso por el enorme espacio político y económico que ocupan los militares pakistaníes y existe el peligro de una reacción si éstos no aprenden a compartir más espacios con la sociedad civil. Me reuní con varios generales retirados que ocupan puestos clave. Afortunadamente, parecen tener un temperamento más similar al de Colin Powell que al de Than Shwe o Maung Aye, las dos mentes militares cerradas que han aislado a Myanmar del mundo.

La decisión de Estados Unidos de interactuar con Pakistán en lugar de aislarlo también ha ayudado. No me cabe duda de que el acercamiento de Estados Unidos contribuyó a que Pakistán emprendiera la senda adecuada. Muchos miembros de la élite pakistaní han estudiado en universidades estadounidenses –otro importante indicador de la orientación de un país. Imaginemos qué distintas serían las relaciones internacionales si los líderes estadounidenses pudieran visitar Myanmar (o incluso Irán) con la misma facilidad y sostener discusiones amistosas sobre sus acuerdos y desacuerdos.

Los generales de Myanmar merecen que se les condene por la brutal represión contra los manifestantes civiles y los monjes budistas. El mundo occidental se apresurará a exigir más sanciones y más aislamiento. Pero, ¿para qué? Myanmar efectivamente se ha aislado a sí mismo durante más de 50 años. ¿Qué se puede lograr con un aislamiento aún mayor?

Algún líder occidental audaz podría confrontar a los líderes de Myanmar con una amenaza que en realidad los alarmara: una mayor interacción. Los generales de Myanmar verdaderamente creen que están protegiendo la “pureza” birmana al aislarse del mundo. Imaginemos el impacto si el número de generales de Myanmar que visitaran Estados Unidos fuera igual al de los generales pakistaníes que lo hacen. Un valiente joven intelectual de Myanmar, Thant Myint-U (nieto del ex Secretario General de Naciones Unidas U Thant) pregunta, ¿qué presiones externas pueden conseguir un cambio democrático? ¿Y por qué después de casi dos décadas de boicots, suspensión de ayuda, bloqueos comerciales y condena diplomática aparentemente los generales de Myanmar tienen más control que nunca?

Yo estuve en Pakistán invitado por el gobierno. Pero mi verdadera misión era reconectarme con mis raíces étnicas sindhis, ya que nunca había visitado el país donde nacieron mis padres. Sólo quienes entiendan el dolor de la partición de la India británica en 1947 comprenderán el poderoso simbolismo de que a un hijo de padres hindúes se le de un caluroso recibimiento en el Pakistán musulmán. Esos lazos culturales me ayudaron a comprender el urdu y el sindhi que se hablaban y también a sentir el profundo deseo de modernización que hay en el alma pakistaní –un deseo que coexiste con el de reconectarse con el rico pasado cultural de Pakistán.

Salí de Pakistán esperanzado porque vi el profundo anhelo de unirse al Asia en crecimiento de hoy. Si se pudiera implantar un impulso semejante en Myanmar, tanto su pueblo como el mundo se beneficiarían.

Kishore Mahbubani es decano de la Escuela de Políticas Públicas Lee Kuan Yew de la Universidad Nacional de Singapur. Su libro más reciente, The New Asian Hemisphere: The Irresistible Shift of Asian Power to the East, se publicará el año próximo.

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AUTHOR INFO

Kishore Mahbubani is Dean of the Lee Kuan Yew School of Public Policy, National University of Singapore. His most recent book is The New Asian Hemisphere: The Irresistible Shift of Global Power to the East.