Wednesday, October 1, 2014
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Perdiendo la carrera por la inversión directa

América Latina se encuentra en serios problemas en lo que se refiere a inversión extranjera directa (IED). Es cierto que la IED hacia el continente alcanzó cerca de US$ 70 mil millones en 2006, pero esa cifra está por debajo del pico de 1998-1999, y una gran proporción provino de empresas latinoamericanas que invierten en países vecinos, mientras que han disminuido los flujos procedentes de Europa y Estados Unidos. Muchas compañías se están yendo de la región y no se han materializado las grandes inversiones prometidas por China, particularmente en Brasil.

En su punto máximo en los años 80, y nuevamente en los 90, la proporción destinada a América Latina de la IED total global llegó al 17%. Hoy es apenas el 8% (en 2006), después de promediar 11% en los cinco años anteriores. Entre los países en desarrollo, la proporción de América Latina de IED global también decreció radicalmente, de 40-50% en los años 70 a cerca de la mitad en 2006.

Quizás el desafío de políticas más urgente de la región es reabordar los problemas del alto desempleo y las grandes dimensiones de los sectores informales –donde se produce casi la mitad de los bienes y servicios-, particularmente debido a que la mayor parte de la inversión y el crecimiento de las empresas locales está relacionado con los altos precios de los productos básicos, que poca incidencia tienen en la creación de nuevos empleos. De manera similar, los flujos de entrada de IED se han estado ampliando sólo en sectores de uso intensivo de recursos, mientras que se han reducido en el área servicios y prácticamente se ha estancado en el área manufacturera.

Lo que falta son políticas de gobierno eficaces para atraer IED de alta calidad, particularmente para exportaciones, pues éstas podrían tener un efecto multiplicador a nivel interno, creando empleo tanto directo como indirecto. Pero además del marco legal y normativo adecuado para asegurar vínculos adecuados con la economía nacional –lo que también falta en la mayor parte de la región- la búsqueda de inversionistas deseables requiere una agencia de promoción de las inversiones que funcione de manera eficiente.

Cambiar la manera en que los países latinoamericanos se presentan a los inversionistas extranjeros es un desafío creativo. Vender bienes para exportación y vender el país a los inversionistas extranjeros son cosas muy diferentes. Según Padraic White, pionero en este ámbito que encabezó la Agencia Irlandesa de Desarrollo Industrial (IDA-Ireland) desde 1980 a 1990, la promoción de IED precisa de imaginación y capacidad de pensar de manera innovadora.

Como señala White, los promotores de IED no están vendiendo un producto, que es lo que la embajadas en el exterior pueden ser capaces de hacer. La técnica de ventas debería basarse en conceptos fiscales y normativos expresados en términos legales y financieros, algo que sólo los expertos pueden realizar. Por esta razón, la IED debe promoverse de manera distinta y separada de la inversión local y las exportaciones. Más aún, los inversionistas extranjeros no desean tratar con diplomáticos y funcionarios públicos. Quieren hablar con expertos del sector privado que comprendan las necesidades técnicas y financieras de sus compañías o sectores.

No obstante, excepto por la agencia costarricence de promoción de las inversiones extranjeras, CINDE, que tomó como base al IDA-Ireland, ninguna de las agencias de promoción de IED de América Latina ha tenido éxito en adoptar las mejores prácticas. Varias promueven tanto la inversión extranjera como local, a pesar del fracaso de esa forma institucional en el pasado. Por ejemplo, Irlanda tuvo que separar estas dos funciones antes de poder tener éxito. Más aún, la mayoría de las agencias de promoción de IED de la región carecen de los recursos humanos y financieros necesarios para ser eficaces, debido a la falta de voluntad política de los gobiernos para apoyarlos y eliminar procesos paralelos que confunden a los inversionistas.

Una agencia eficaz de promoción de la IED debe estar encabezada por un director ejecutivo con un sólido currículo y una excelente reputación en el sector privado, complementado por buenos contactos internacionales y un inglés fluido. Igual de importante es que no haya conflictos de interés (ni siquiera la percepción de su posible existencia) con otras actividades personales o políticas, pasadas o presentes.

El director ejecutivo debería reunir un equipo de analistas ubicados en lugares de importancia crítica en el exterior y ser capaz de aplicar inteligencia empresarial. Esto exige investigación de mercados y tendencias, y la identificación e empresas específicas que serían deseables para los nichos o grupos de sectores que el país desea promover.

El equipo también necesitará “promotores” en esos lugares, con conocimientos y experiencia de relaciones públicas, y conocimientos técnicos sobre el país y los sectores específicos. Finalmente, el equipo necesitará “proveedores de servicio” locales con conocimientos técnicos de estos sectores de la economía para apoyar a los inversionistas extranjeros una vez que se hayan establecido en el país, asegurando de este modo que se queden y desarrollen.

La competencia internacional por inversionistas es brutal, por lo que no es una opción el esperar que caigan del cielo. Sin la estrategia correcta, América Latina seguirá quedándose atrás.

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