Science and Society
¿A quién se debe ayudar en primer lugar?
Bjørn Lomborg
La lista de amenazas urgentes que afronta la Humanidad es tan larga, que resulta deprimente. El sida, el hambre, los conflictos armados y el calentamiento del planeta compiten para atraer la atención, junto con el fracaso de los gobiernos, el paludismo y el último desastre natural. Aunque nuestra compasión es grande, nuestros recursos son limitados. Así, pues, ¿a quién se debe ayudar en primer lugar?
Para algunos, formular esas prioridades parece una obscenidad, pero las Naciones Unidas y los gobiernos nacionales gastan miles de millones de dólares todos los años para intentar ayudar a los necesitados sin tener en cuenta explícitamente si están logrando el máximo que pueden.
Los medios occidentales de comunicación se centran en el maremoto de Asia y las donaciones manan en abundancia. Un terremoto que devasta el Pakistán concita menos titulares, por lo que el mundo desarrollado da mucho menos.
Hay una forma mejor. Podríamos formular prioridades para nuestro gasto con el fin de lograr el mayor beneficio para nuestro dinero.
Este mes, voy a preguntar a los embajadores ante las Naciones Unidas cómo gastarían 50.000 millones de dólares para reducir sufrimientos. Repetirán el mismo ejercicio que algunos de los mejores economistas del mundo abordaron en un proyecto de 2004 llamado "Consenso de Copenhague": sopesar soluciones para las grandes amenazas que afronta el mundo y decidir qué se debe hacer en primer lugar.
Pero no se debe dejar esa cuestión exclusivamente en manos de políticos o de premios Nobel. Todos debemos participar en el debate. Es de esperar que esa tarea resulte algo más sencilla gracias a la publicación de un libro en el que los economistas del Consenso de Copenhague resumen sus ideas.
Aquí tenemos un dato que tener en cuenta: el total de víctimas mortales del maremato del Asía sudoriental equivale a las víctimas mortales mensuales del VIH/SIDA a escala mundial. Un programa global de prevención con cargo al cual se facilitaran preservativos gratuitos o baratos e información sobre las relaciones sexuales seguras a las regiones más afectadas por el VIH/SIDA costaría 27.000 millones de dólares y salvaría más de 28 millones de vidas. Según los economistas que participaron en el Consenso de Copenhague, constituye la mejor inversión que el mundo podría hacer. Los beneficios sociales superarían los costos en una proporción de 40 por uno.
Otras opciones de las que se mostraron partidarios los economistas para gastar parte de los 50.000 millones de dólares fueron las de facilitar micronutrientes a los hambrientos del mundo, establecer el libre comercio y luchar contra el paludismo con mosquiteros y medicamentos. En el otro extremo de la escala, las reacciones contra el cambio climático, como el Protocolo de Kyoto, costarían más de lo que lograrían, por lo que los economistas las borraron de la lista de lo que se debería hacer ahora mismo.
Independientemente de que convengamos con los economistas, todo el mundo debe reconocer que no podemos hacerlo todo a la vez. Debatir nuestras prioridades reviste importancia decisiva. Con frecuencia los políticos rehúyen la formulación de prioridades. ¿Por qué? La respuesta facilona es la de que resulta difícil. Hay muchas partes interesadas. Ningún grupo quiere que su solución ocupe el último lugar y ningún gobierno quiere que se pasen por alto las amenazas que afronta su país.
La conferencia de las Naciones Unidas no va a ser fácil, pero muestra que existe la voluntad de colocar la formulación de prioridades en el centro de atención. Confeccionará una lista de tareas, en la que se explicará cómo lograr los máximos resultados posibles para la Humanidad, lo que, a su vez, podría propiciar un proceso más transparente de adopción de decisiones.
Los principios de la economía brindan una base sólida a partir de la cual seguir opciones racionales. Ahora es necesario que el debate pase de la esfera académica a la vida política. Es hora de que todos nosotros examinemos y comparemos nuestras listas de prioridades.
Debemos esforzarnos por acortar la lista de amenazas que afronta la Humanidad, pero para ello es necesario que todos nosotros participemos en un debate sobre lo que debemos hacer en primer lugar.
Copyright: Project Syndicate, 2006.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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