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¿Una luz en la oscuridad del Congo?

NUEVA YORK – Tal vez ningún otro país del mundo –ni siquiera Iraq, Afganistán o Sudán—ha sufrido tanto por los conflictos armados durante los últimos quince años como la República Democrática del Congo. Varios millones de personas han muerto directamente en la lucha armada o por los desplazamientos forzosos y las consecuencias sobre la salud resultantes.

Las principales causas del conflicto que ha aquejado a la RDC durante tanto tiempo son la competencia por el control de los vastos recursos naturales de ese país empobrecido y los esfuerzos de su vecino, Rwanda, para eliminar lo que considera una amenaza potencial planteada por algunos de los responsables del genocidio de 1994 que se refugiaron ahí. Varios otros Estados africanos – Angola, Namibia, Uganda y Zimbabwe – también han participado en ocasiones en los combates dentro de la RDC, ya sea directamente o mediante milicias. Continúa el sufrimiento, que se manifiesta en la epidemia de violencia sexual que se ha apoderado del país, cometida en su mayor parte por excombatientes, incluso en zonas donde se ha restablecido la paz.

En medio de estas sombrías circunstancias, un acontecimiento reciente ha proporcionado un rayo de esperanza poco habitual: la extraordinaria movilización del pueblo congoleño en defensa de las nacientes instituciones democráticas del país. No menos de 210 organizaciones no gubernamentales congoleñas, incluyendo las que gozan del mayor reconocimiento y respeto en todo el país, se unieron recientemente para desafiar el intento del presidente Joseph Kabila de hacerse del control de la Asamblea Nacional (la cámara baja del Parlamento) que entró en funciones tras las históricas elecciones de 2006.

El episodio que reunió a la sociedad civil congoleña fue la insistencia de Kabila de obligar a renunciar al presidente de la Asamblea Nacional, Vital Kamerhe, en marzo. Kamerhe había contrariado a Kabila al criticar su pacto secreto con el presidente Paul Kagame de Rwanda, cuyo resultado fueron las operaciones militares conjuntas a principios del año contra fuerzas rebeldes rwandesas que operaban en territorio de la RDC. El supuesto pecado de Kamerhe fue divergir de la línea oficial del partido y debilitar de esa forma el prestigio de Kabila ante el público congoleño.

Lo más importante de este incidente es que demuestra la determinación de grupos que representan a una parte sustancial de la sociedad congoleña de luchar por el desarrollo democrático. La Asamblea Nacional desempeña un papel fundamental para tratar de mejorar la gobernanza en el país. Ha cumplido una función crucial en el esfuerzo por regularizar la industria minera de forma que la riqueza mineral de la RDC pueda usarse para mejorar las condiciones de vida y no únicamente para enriquecer a los caudillos locales y los gobiernos e intereses corporativos extranjeros que se alían con ellos.

Hay mucho en juego para la comunidad internacional en el Congo. Sus selvas tropicales, que están amenazadas por las compañías madereras que han realizado acuerdos con algunas de las milicias, tienen un papel importante para frenar el calentamiento global. Su cobre, cobalto, estaño y columbita-tantalita son esenciales para muchas industrias. 

La Misión de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo, MONUC, es la operación de mantenimiento de la paz más grande y costosa en el mundo. Los grupos internacionales de asistencia humanitaria participan activamente en la RDC, que es un receptor sustancial de ayuda internacional. Sobre todo, el Congo es importante por la violencia sostenida, la horrible pobreza y el sufrimiento de la mayoría de sus casi 70 millones de habitantes.

El intento de la sociedad congoleña de promover el desarrollo democrático puede ser lo mejor que le ha sucedido al país en mucho tiempo. Merece la atención y el apoyo de todos aquellos que buscan un mejor futuro para un vasto país que durante largo tiempo ha soportado el saqueo y el mal gobierno.

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