Monday, September 1, 2014
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La musa revolucionaria de la libertad

Los grandes pensadores sociales casi siempre arrancan siendo figuras polarizadoras, admiradas por algunos y despreciadas por otros, hasta que finalmente prevalece su desafío radical frente a cómo entendemos el mundo. Milton Friedman fue un gigante entre los pensadores sociales modernos por lo menos por dos motivos. Primero, influyó profundamente no sólo en su propio terreno, la economía, sino también en las ciencias sociales en general. Segundo, a juzgar por la experiencia histórica, su influencia sobre la opinión pública y la creación de políticas económicas cambió innumerables vidas para mejor.

Durante décadas, Friedman permaneció solitario en el desierto intelectual, rechazando el consenso keynesiano de posguerra de que los gobiernos deberían utilizar la política fiscal para manejar la mayor demanda –una visión que sustentó las políticas económicas estatistas de los años 70-. En realidad, en el contexto de su época, Friedman fue un verdadero revolucionario intelectual, que combinaba la rigurosa investigación académica con el periodismo y los libros de divulgación popular escritos de manera refinada para argumentar a favor de las políticas de libre mercado –y para afirmar el vínculo, defendido por escritores como Adam Smith y Friedrich von Hayek, entre libertad económica y libertad política.

En economía, Friedman revivió y desarrolló la teoría monetarista de que la cantidad de dinero en circulación es el principal factor determinante en lo que a desempeño de las economías se refiere. En su obra maestra Historia monetaria de Estados Unidos (1867-1960) (escrito junto con Anna Schwartz), atribuía las recesiones, entre ellas la Gran Depresión de los años 30, a una caída en la oferta monetaria. De la misma manera, sostenía que lo que causaba la inflación era una sobreoferta de dinero.

En los años 60, Friedman demostró que el manejo keynesiano de la demanda a través del gasto del gobierno aumentaba constantemente la oferta monetaria, lo cual aceleraba el crecimiento de precios y salarios. Junto con Edmund Phelps –ganador del Premio Nobel este año-, demostró que no existe ningún intercambio estable entre el desempleo y la inflación. Según pudieron comprobar, cualquier intento por utilizar las políticas gubernamentales expansionistas para llevar el desempleo por debajo de un cierto nivel alimentaría las expectativas inflacionarias y socavaría tanto el crecimiento económico como el empleo. Ese análisis anticipó y explicó la combinación de la creciente inflación y el creciente desempleo de los años 70 que llegó a conocerse como “estanflación”.

Friedman fue el catalizador de un cambio profundo en la manera en que los gobiernos ejecutan las políticas económicas. En lugar de la estimulación y el control fiscal, la principal herramienta de gestión económica hoy en día son las políticas monetarias implementadas por bancos centrales independientes. La gestión de la demanda keynesiana quedó desplazada entonces por un nuevo concepto –que le debemos, en gran medida, a Friedman- de que perseguir la disciplina fiscal y la estabilidad de precios es la mejor garantía de sustentabilidad macroeconómica.

Igualmente importantes fueron los aportes de Friedman a la hora de influir en la opinión pública a través de trabajos que analizaban el papel del Estado en la sociedad. Junto con Hayek, su colega en la Universidad de Chicago, Friedman lanzó un ataque intelectual más general contra el keynesianismo, con el argumento de que cualquier gobierno que permitiera regular la economía en nombre de la igualdad planteaba una amenaza para la libertad individual.

En sus columnas de Newsweek publicadas entre 1966 y 1983, y en sus libros Capitalismo y libertad , Libertad de elegir y La tiranía del status quo (escrito con su esposa, Rose), Friedman ofrecía una visión de la libertad que era atractiva y a la vez alcanzable. De hecho, Libertad de elegir –más tarde la base de una popular serie de televisión que él mismo conducía- fue publicado ilegalmente en Polonia en los años 80 y esto me permitió a mí, y a muchos otros, soñar con un futuro de libertad durante los años más oscuros del régimen comunista. Con una claridad notable, sus escritos populares anticipaban una filosofía política apremiante, junto con propuestas de políticas concretas. Por ejemplo, fue el primer promotor de la idea de los subsidios escolares, con el argumento de que la competencia privada aseguraría un mejor desempeño educativo que los sistemas gubernamentales.

Las ideas de Friedman lo convirtieron en una luz guía para los conservadores económicos de todo el mundo. Su influencia sobre el gobierno de Margaret Thatcher ayudó a transformar a Gran Bretaña, que pasó de ser un caso post-industrial desahuciado dominado por la lucha de clases a convertirse en la potencia económica dominante de Europa. Cuando Vietnam aplicó reformas de libre mercado en los años 80, altos funcionarios del gobierno estudiaron con atención sus escritos. También inició la práctica hoy común de medir y comparar la libertad política y económica entre países, ayudando a formar opinión en países que, se considera, restringen la libertad.

Sin embargo, el consistente anti-estatismo de Friedman también lo llevó a abrazar posiciones que se enfrentaron con las sensibilidades políticas de muchos conservadores, subrayando la honestidad intelectual que fue el sello distintivo de su carrera. Por ejemplo, su oposición a la autoridad de los gobiernos de prohibir o regular el comportamiento humano se extendía a los requisitos de matriculación para médicos y conductores de automóviles, así como a las leyes antinarcóticos que, en su opinión, operaban como un subsidio para el crimen organizado. De la misma manera, invirtió un esfuerzo considerable para pronunciarse en contra del servicio militar en Estados Unidos.

Si bien no ganó todas sus batallas intelectuales, son contadas las veces en que uno puede decir con tanta certeza que un hombre fue grande y que el trabajo que dejó seguirá ejerciendo influencia. Yo vivo en una Polonia que hoy es libre y considero que Milton Friedman es uno de los principales arquitectos intelectuales de nuestra libertad.

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