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Enseñanzas que se desprenden de la Polonia de los Kaczyński

La derrota en Polonia del partido Ley y Justicia de los gemelos Kaczyński provocó suspiros de alivio en toda Europa, pero, cuando el nuevo gobierno de Donald Tusk se hace cargo del poder, es importante aprender las enseñanzas que se desprenden para todos nosotros de la derrota de aquéllos.

Muchos gobiernos desaprovechan los buenos tiempos económicos al aplazar las reformas necesarias para construir un futuro próspero. El gobierno encabezado por Ley y Justicia, elegido en 2005, heredó una economía en rápido crecimiento, pero nada hizo para fortalecer ese legado. En cambio, la privatización quedó bloqueada y la desreglamentación siguió siendo meras propuestas en el papel.

De hecho, el gobierno Kaczyński se lanzó a un programa de antirreforma. La separación de poderes (un poder judicial y un banco central independientes) fue socavado a favor de un Estado "fuerte". Ley y Justicia se apoderó de los medios públicos de comunicación, se politizó la Fiscalía General del Estado y, con la utilización de los medios de comunicación, se la convirtió en un instrumento de propaganda del partido encaminada a mostrar que Polonia estaba regida por malévolas fuerzas ocultas, conocidas como uklad , que engañaban a los polacos y los mantenían en la pobreza.

Quien discrepara de ese diagnóstico o criticase los métodos de Ley y Justicia, en particular los utilizados por su dirigente, Jaroslaw Kaczyński, era tachado prontamente de pertenecer a las uklad . No se perdonó a nadie. De hecho, Lech Wałęsa y Władyslaw Bartoszewski, el Mandela polaco, fueron atacados implacablemente.

Al contrario de lo que afirma un tópico popular, la victoria de Ley y Justicia en 2005 no fue consecuencia de un "cansancio de las reformas", pues en el período 2000-2005 no se aplicaron muchas reformas (excepto un intento ambicioso, pero parcialmente bloqueado, de consolidación fiscal). Esa explicación parece dudosa también en otros sitios. En Eslovaquia, el dirigente reformista Mikuláš Dzurinda ganó las elecciones de 1998 después de haber ejecutado un duro programa de estabilización y, si no hubiera sido por las desavenencias existentes en su coalición, podría haber seguido gobernando después de las elecciones de 2006. En la República Checa fue elegido un gobierno reformista en 2006 y en las campañas electorales de Hungría, más que el cansancio de las reformas, predominan las divisiones políticas.

Naturalmente, a los reformadores no les resulta fácil ganar elecciones. Al contrario, sólo se suelen emprender reformas cuando las señales de crisis inminente son tan fuertes, que resulta cada vez más difícil pasarlas por alto o después de que la crisis ya haya "aleccionado" a los votantes. (Sin embargo, si la crisis sigue a las reformas, los políticos populistas pueden ganar echando la culpa a las reformas, en lugar de a su carácter incompleto, como en la Argentina.)

Los reformadores pueden ganar las elecciones si tienen mayor capacidad para la comunicación pública que los populistas. Por lo general, las malas políticas son más fáciles de vender que las buenas.

En Polonia, en 2005 la cuestión candente era principalmente la corrupción. Ley y Justicia se subió al carro de la anticorrupción e intensificó su atractivo vinculando la lucha contra la corrupción con la idea de fuerzas ocultas que supuestamente pervertían la sociedad y la democracia polacas. De no haber sido por eso, lo más probable es que los resultados de las elecciones de 2005 habrían sido muy diferentes.

Criticar las campañas anticorrupción es arriesgado, porque se pueden tergiversar las palabras para dar a entender que se trata de indiferencia. Así, pues, permítaseme antes que nada presentar mis credenciales anticorrupción: como Viceprimer Ministro en 1999 fui el primer político polaco que pidió al Banco Mundial que preparara un informe sobre la corrupción en Polonia y formas de erradicarla. En mi vida pública, insistí en la eliminación de las reglamentaciones discrecionales, principal causa de ineficiencia y corrupción, pero no debemos cerrar los ojos ante lo que puede suceder cuando demagogos políticos se apropian de la credencial de anticorrupción.

Resulta interesante que todas las medidas disponibles de corrupción real estuvieran ya decayendo antes de que los gemelos Kaczyńsky fuesen elegidos. Por ejemplo, el índice de frecuencia de pago de sobornos, calculado por el Banco Mundial y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, ascendió a 2,7 en 1999 y a 2,03 en 2005, (el valor de 1 es el mínimo). La tasa de corrupción (porcentaje de ventas pagadas con sobornos), disminuyó del 1,22 por ciento en 2002 al 0,7 por ciento en 2005.

Ahora existe en Polonia un gran desfase entre los niveles de sensación de corrupción y la corrupción real. En cuanto a la sensación, es mucho peor que la de Eslovaquia, la República Checa, Hungría y Grecia, mientras que la situación es mejor –o al menos no peor– en cuanto a los indicadores de corrupción real. Por ejemplo, el porcentaje de encuestados que reconocieron pagar sobornos en 2006 ascendió al 5 por ciento en Polonia y al 17 por ciento en la República Checa y en Grecia. El índice de la frecuencia del pago de sobornos en 2005 ascendió a 2,03 en Polonia, al 2,22 en Eslovaquia, al 2,09 en la República Checa y al 2,37 en Grecia. La tasa de corrupción en 2005 representó 0,7 por ciento en Polonia, 0,93 por ciento en Eslovaquia y 0,63 por ciento en Hungría.

Naturalmente, los polacos no deben conformarse con los niveles actuales de corrupción. Al contrario, la lucha contra la corrupción debe ir encaminada a eliminar sus causas profundas: el grado de discrecionalidad del sector público y la supresión de las fuerzas del mercado. Ésa es la única vía que promete a un tiempo menos corrupción y más crecimiento económico. La lucha contra la corrupción mediante un aumento de las medidas punitivas, pero con el mantenimiento de un sector público discrecional y demasiado grande, sólo logrará paralizar a los funcionarios públicos, aplazar las decisiones importantes y hacer el juego a los demagogos cínicos y los fanáticos políticos.

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