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Opiniones sobre Kerry en América Latina

El hombre de estaño frente al hombre de paja. El candidato con inteligencia, pero sin corazón, frente al Presidente con corazón, pero sin inteligencia. Así ven muchos latinoamericanos la campaña electoral que enfrenta a John Kerry y George W. Bush. Incluso desde lejos, la gente ve las próximas elecciones en los Estados Unidos como un combate entre dos concepciones del mundo enfrentadas, dos visiones opuestas, dos formas de concebir la realidad y abordarla. Kerry representa la razón y Bush la fe. Kerry encarna la racionalidad y Bush la moralidad. Kerry entiende el mundo real, mientras que Bush vive en un mundo que es obra suya.

Al sur de la frontera de los EE.UU., muchos países consideran que Kerry acepta el multilateralismo, mientras que Bush lo rechaza. Kerry se refiere al terrorismo como un problema que se debe contener, mientras que Bush lo ve como una guerra épica en la que hay que ganar. Kerry habla de amigos y aliados, mientras que Bush hace que muchos de ellos se alejen de él. A consecuencia de ello, para los latinoamericanos la elección nunca había estado tan clara. Los ciudadanos de todo el hemisferio, desde Buenos Aires hasta Brasilia y desde San Salvador hasta Chile saben que Bush significa más de lo mismo, mientras que Kerry ofrece la posibilidad de un rumbo diferente.

Más de lo mismo en las relaciones Estados Unidos-América Latina significaría cuatro años más de "guerra contra el terror" en el centro del escenario, cuatro años más de cuestiones apremiantes -el comercio, la pobreza, el medio ambiente, la inmigración- dejadas en suspenso y cuatro años más de una política exterior americana que define la amistad en función de las tropas enviadas al Iraq. Los latinoamericanos han estado allí y lo han hecho. Los resultados no han sido brillantes. Mientras las bombas caen sobre Bagdad, las inestabilidad aumenta en Bogotá. Mientras "la libertad avanza" en el Afghanistán, la pobreza avanza en los Andes. Mientras el Oriente Medio arde, América Latina hierve a fuego lento.

Así, pues, los latinoamericanos creen que Bush debe marcharse. Lo consideran un hombre que se fía más de sus instintos que de las pruebas empíricas, que reza como forma de formular políticas, no reconoce sus errores en el Iraq y escucha a su voz interior, en lugar de lo que otros países puedan decir. Los latinoamericanos se alejan de la presidencia de Bush, basada en la fe, porque ha significado millares de muertos y heridos en el Iraq, un mundo más polarizado y un hemisferio desatendido. A consecuencia de ello, muchos latinoamericanos sienten pánico, miedo y una antipatía en aumento de Bush. Lo ven como una amenaza, no una salvación.

Aunque Kerry no les entusiasme, los latinoamericanos lo ven como un substituto necesario. En todo el continente millones de personas creen que Kerry está en lo cierto respecto de Bush. Como ha dicho el senador: "Es posible estár seguro y equivocarse". Es posible tener una visión y que ésta esté deformada. En toda América Latina, nadie duda que Bush cree lo que dice y actúa conforme a lo que cree. Lo ha hecho con determinación, con fuerza, sin dudas, sin replanteárselo nunca. Desde el 11 de septiembre de 2001, el Presidente americano ha remodelado la escena internacional y el papel de su país en ella. Ha transformado la guerra contra el terror en la fuerza que guía la política exterior de los Estados Unidos. Se propone ganar la reelección presentándose como el único dirigente que puede mantener la seguridad de los Estados Unidos,

Pero la mayoría de los latinoamericanos creen -como Kerry- que se puede afrontar el terrorismo de un modo mejor. Se dan cuenta de que los EE.UU. no han ganado la paz en el Iraq y necesitarán la colaboración internacional para lograr ese fin. No quieren un presidente que hable con Dios, sino uno que dialogue con el mundo. No quieren un presidente que dice que la libertad avanza y después la sabotea en Abu Ghraib. Quieren un dirigente americano que haga preguntas, afronte los hechos y cambie de tácticas cuando resulte necesario hacerlo. Y, aunque John Kerry no es el más carismático de los candidatos ni el político más preparado, representa la posibilidad de sacar a George Bush de la Casa Blanca. Aunque Kerry no tiene muchas opciones en el Iraq, representa la posibilidad de abordar el conflicto de un modo nuevo.

Para América Latina, un nuevo comienzo y un tono distinto serían suficientes, porque la disposición a dialogar con el mundo, en lugar de rechazarlo, constituiría al menos un progreso. Entretanto, en todo el hemisferio los ciudadanos miran y esperan. Se preguntan si los americanos elegirán a un dirigente razonable y no a un presidente que se guía por su fe. Se preguntan si los americanos apoyarán a un hombre con raíces en la realidad y no a un hombre que construye su visión de ella. Abrigan la esperanza de que la razón y el realismo regresen a la Casa Blanca.

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