The Asian Century
Los otros Turkmenbashis de Asia Central
F. Stephen Larrabee
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La muerte repentina de un dictador casi siempre desencadena la inestabilidad política. Pero es doblemente peligrosa cuando supone un riesgo de desestabilización en toda una región y la lucha entre las potencias militares más grandes del mundo –Estados Unidos, Rusia y China-- por ganar influencia.
La muerte repentina a finales de diciembre del autoritario presidente vitalicio de Turkmenistán, Saparmurat Niyazov, que se declaró a sí mismo “Turkmenbashi” (líder de todos los turcomanos), pone en peligro la estabilidad en un país que es un proveedor cada vez más importante de energía para Europa. Peor aún, dada la ausencia de un sucesor claramente designado y la debilidad de la sociedad civil y otras instituciones políticas, su muerte podría tener repercusiones por toda el Asia Central.
En efecto, la muerte de Niyazov pone de relieve los problemas más amplios de los regímenes post soviéticos de Asia Central que, con la excepción de Kirguistán, están gobernados por jefes de la era soviética que, si bien no son tan excéntricos o ególatras como Niyazov, no toleran el disentimiento o la oposición. La mayoría de ellos son viejos, algunos están enfermos. Por eso, en los próximos años Asia Central se enfrentará a cambios de líderes en muchos frentes, con aparatos de seguridad –que como en Turkmenistán han sido cruciales para sostener a los regímenes de estos países- que probablemente se convertirán en actores importantes.
Por varias razones tendrá importancia la manera en que se produzcan estas transiciones. Primero, Asia Central es una fuente importante de energía. La región del Caspio representa del 2 al 3% de las reservas conocidas de petróleo en el mundo –aproximadamente iguales a las del Mar del Norte. Aunque son mucho más pequeñas que los depósitos de Arabia Saudita o Irán, el petróleo del Caspio puede resultar importante si en otros lugares cae la producción o se reduce por razones políticas.
Gran parte del petróleo del Caspio está en Kazajstán lo cual da a ese país un papel crítico en el mercado regional de energía. Además, la importancia estratégica de Kazajstán ha aumentado como resultado de las revelaciones recientes que indican que el yacimiento petrolero de Kashagan producirá 25% más a su máxima capacidad de lo que se tenía previsto inicialmente.
Kazajstán y Turkmenistán también son exportadores importantes de gas natural. Rusia depende en mucho del gas turcomano para consumo interno y exportación, lo que podría resultar fundamental a medida que la demanda aumente en el transcurso de la próxima década.
Segundo, la transición de liderazgo en el Asia Central podría tentar a las potencias externas a aprovechar la inestabilidad resultante e iniciar una lucha por la influencia. Dado que la región fue parte tanto de la Unión Soviética como del imperio ruso, el Kremlin del Presidente Vladimir Putin la considera como parte de su esfera de influencia natural. Los esfuerzos de Putin para transformar a Rusia en una potencia energética importante y utilizar la energía como una herramienta de la política exterior rusa hacen que la región sea todavía más importante estratégicamente.
Además, China ha buscado mejorar los lazos comerciales y de tránsito con Asia Central durante la última década, lo que refleja sus intereses crecientes ahí. La región no sólo es importante porque satisface los cada vez mayores requerimientos de energía de China, sino porque las autoridades chinas también están preocupadas por las presiones separatistas entre la población uighur de la provincia de Xinjian y el impacto de los lazos con ella en sus países vecinos, Kazajstán y Kirguistán.
Al igual que Rusia, China quiere una disminución de la presencia militar de Estados Unidos en Asia Central. Ambas potencias han buscado utilizar a la Organización de Cooperación de Shangai –un grupo regional que incluye a Rusia, China, Uzbekistán, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán- como un vehículo para presionar a Estados Unidos a fin de que retire sus fuerzas militares de la región. Sin embargo, esta cooperación representa un matrimonio de conveniencia táctico de corto plazo, más que una incipiente nueva alianza estratégica. En el largo plazo, es muy probable que Rusia y China sean rivales por el poder e influencia en Asia Central.
Irán también podría ver la transición en Asia Central como una oportunidad para extender su influencia regional, especialmente por sus estrechos nexos étnicos y culturales con Tayikistán y su larga frontera con Turkmenistán. Y al igual que China y Rusia, Irán no desea que Estados Unidos llene ningún vacío de seguridad que pudiera surgir como resultado del cambio de liderazgo en Asia Central.
Pakistán y la India, -especialmente la segunda- también vigilarán cuidadosamente cómo se desarrollan las transiciones. Ambos países tienen intereses estratégicos crecientes en la región. Al igual que China, la India ve en Asia Central a un proveedor importante de energía en el futuro. Como resultado, la India ha empezado a reforzar discretamente sus nexos militares con los países de la región, especialmente con Tayikistán, en donde tiene una pequeña base.
Por último, las transiciones en Asia Central podrían tener un fuerte impacto en los intereses de Estados Unidos. Mientras Estados Unidos permanezca involucrado militarmente en Afganistán, el acceso a las instalaciones en Asia Central seguirá siendo importante. Al perderse la utilización de la base en Karshi-Khanabad en Uzbekistán, el acceso al aeródromo de Manas en Kirguistán se convirtió en el principal medio para reabastecer a las tropas estadounidenses en Afganistán desde Asia Central.
Sin embargo, la situación política en Kirguistán no es nada estable. El descontento hacia la administración del Presidente Kurmanbek Bakiyev está aumentando. Un cambio de liderazgo o una mayor presión rusa o china sobre los dirigentes de Kirguistán podría precipitar los llamados para renegociar el acuerdo relativo al acceso a Manas –o incluso demandas para que concluya del todo.
En el siglo XIX, la lucha por el control de Asia Central entre los imperios ruso y británico se llamó “El gran juego”. Actualmente, hay muchos más actores involucrados y es mucho más importante lo que está en juego –la seguridad energética sobre todo. Estados Unidos, la India, Europa y Japón se enfrentarán a tensiones crecientes entre sus requerimientos militares de corto plazo en la región y sus objetivos de largo plazo de promover la reforma política para crear socios más estables y confiables.
En efecto, el reto clave en los años por venir será el de encontrar el equilibrio adecuado entre estos dos objetivos. Dadas las perspectivas de cambios de liderazgo en el futuro y de mayor inestabilidad, responder a ese desafío es más importante que nunca.
F. Stephen Larrabee es Presidente Corporativo de Seguridad Europea de la RAND Corporation, una organización de investigación sin fines de lucro.
Copyright: Project Syndicate, 2007.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz
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