Thursday, October 2, 2014
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Territorio por paz en Kosovo

BELGRADO - Perseguir sueños imposibles ha terminado por acorralar a Serbia y Kosovo en un punto muerto. Puede que sea imposible un retorno a los conflictos armados -al menos por ahora-, dada la presencia militar de la OTAN en Kosovo (aunque se reducirá a la mitad en los próximos meses, para acabar en sólo 5.000 soldados), pero la falta de esfuerzos por llegar a un compromiso duradero que permita superar la controversia sobre la independencia de Kosovo amenaza con socavar la mayor parte de los pasos dados en los Balcanes Occidentales hacia la estabilidad y la democracia.

Una resolución conjunta de la Unión Europea y Serbia en las Naciones Unidas, que crea un marco para el diálogo, permitió establecer negociaciones entre Serbia y Kosovo. Fue un triunfo para la jefe de política exterior de la UE, la Alta Representante Catherine Ashton, quien obtuvo el respaldo de los estados miembros de la UE (incluso de los cinco que no reconocen la independencia de Kosovo), los Estados Unidos, y Serbia y Kosovo.

La resolución refleja la cruda realidad que Serbia enfrenta hoy. Por mucho que Serbia siga considerando a Kosovo como una de sus provincias, países y entidades clave de la comunidad internacional han invertido demasiado capital financiero y político en Kosovo como para estar dispuestos a reabrir la cuestión de su estatuto político.

Serbia también debe enfrentar el hecho de que la adhesión a la UE es imposible hasta que se resuelva la disputa. La UE quiere evitar una nueva Chipre, donde un país candidato ocupa en parte un país miembro. Más cerca de casa, la reciente disputa entre Croacia y Eslovenia sobre su frontera marítima casi hizo fracasar los planes de adhesión de Croacia.

Pero el gobierno de Kosovo también tiene interés en una solución. En su prisa por declarar unilateralmente la independencia, Kosovo se condenó a un futuro incierto a nivel internacional. La resolución de la ONU impulsada por Ashton no hace mención ni respalda la independencia de Kosovo. En efecto, tal como están las cosas, Kosovo no puede formar parte de la UE, la OTAN ni la ONU, dos tercios de cuyos miembros, entre ellos dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Rusia y China), no reconocen su independencia.

A pesar de su dura retórica, ambas partes saben que tienen que ceder terreno... y no sólo en sentido figurado. Una partición formal y mutuamente aceptable de Kosovo - un intercambio territorial del tipo que casi todo el mundo admite que es la única solución viable al conflicto entre Israel y Palestina - podría permitir alcanzar una solución completa y definitiva.

Si se entregase a Serbia tres municipios del norte de Kosovo (Leposavić, Zubin Potok y Zvečan) que se encuentran alrededor de la ciudad de Mitrovica, y la propia ciudad al norte del río Ibar, se eliminaría un importante obstáculo. Esta área de mayoría serbia en que habitan  unas 70.000 personas se ha tornado cada vez más inquieta desde la declaración de independencia de Kosovo. Probablemente Kosovo nunca podría gobernar este territorio, cuyos habitantes de etnia albanesa la han abandonado en su mayor parte.

De hecho, hay poco de buena voluntad hacia el gobierno de Kosovo en el norte dominado por los serbios (Ibarski Kolašin), en parte debido a que no pudo evitar que la zona fuera invadida por bandas de delincuentes. Más aún, las Naciones Unidas y los contingentes de la UE, y las fuerzas de la OTAN en Kosovo, no han sido capaces o no quieren cumplir la voluntad del gobierno en Ibarski Kolašin, y se ha prestado poca atención  a su caótica economía.

En contraste con este abandono, el gobierno de Serbia - a un coste considerable - mantiene una gran nómina de funcionarios públicos y una administración paralela con el fin de conservar su influencia. Los serbios locales temen que el gobierno de Pristina simplemente desee imponer su voluntad a las zonas de mayoría serbia en lugar de tratarles como a ciudadanos kosovares iguales ante la ley.

Las razones para esta partición son además históricas: estos distritos eran parte de Serbia hasta que Tito redefiniera las fronteras internas de Yugoslavia en la década de 1950. Si Serbia fuera a obtener áreas del norte de Kosovo, su gobierno tendría que conceder soberanía a las partes aisladas del sur de Kosovo donde las aún viven comunidades serbias, como Strpce y Novo Brdo. Serían necesarias garantías de derechos civiles y políticos para las minorías, así como para la preservación de sitios religiosos ortodoxos serbios como el Monasterio de Pec.

Lo que podría abrir paso a una solución definitiva y mutuamente aceptable sería una oferta por parte de Serbia de entregar parte de su territorio en Presevo, el valle de mayoría albanesa  en el flanco oriental de Kosovo. Una demostración así de valiente y visionaria de la voluntad de Serbia de intercambiar tierras por paz despertaría un sentimiento nacionalista en casa, pero sería una enorme presión sobre Kosovo para que ofreciera sus propias concesiones.

La idea de realizar una partición en Kosovo de esta manera no es nueva. Dobrica Ćosić, escritor y teórico político serbio, la propuso en la década de 1970, tal vez consciente de la inevitable fragilidad de la Yugoslavia post-Tito. Desde entonces, ha sido rechazada en su mayor parte por los poderes occidentales. Martti Ahtisaari, ex presidente finlandés y premio Nobel que podría reclamar el título de padre de la nación kosovar, rechaza a priori la idea.

Sólo esta intransigencia internacional - y la del Gobierno de Kosovo - obstaculiza el camino a la partición como solución equitativa y justa. La dinámica y principalmente joven élite política actual de Serbia parece dispuesta a dar un giro y hacer sacrificios para asegurar el futuro a largo plazo de Serbia en la UE (y posiblemente en la OTAN).

La aparente falta de voluntad que Kosovo ha mostrado hasta ahora para llegar a una solución de compromiso se puede atribuir en parte a su inestable paisaje político (el gobierno colapsó a finales de octubre y se llamó a nuevas elecciones). Por otra parte, el noroeste de Kosovo es potencialmente una zona minera importante, y por tanto una fuente de empleo y ingresos que el gobierno está comprensiblemente reacio a entregar.

Quienes se oponen a la partición temen abrir una Caja de Pandora sobre otros problemas de los Balcanes. La República Srpska podría intentar abandonar Bosnia-Herzegovina y unirse a Serbia, dicen, y el norte de Macedonia intentaría unirse a Albania. Pero, a diferencia de Kosovo, la integridad territorial y las fronteras internacionales de estos países se han establecido y han sido reconocidas en todo el mundo por más de 15 años.

El statu quo es insostenible en el largo plazo. Ambas partes socavarán sus propios intereses estratégicos si mantienen un enfoque de "todo o nada". Y las autoridades de Kosovo deben considerar que, si el estancamiento se prolonga por mucho más tiempo, será cada vez más difícil defender la masiva ayuda financiera de Occidente hacia su estado, especialmente si se tiene en cuenta la austeridad fiscal que está imperando en sus naciones.

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