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¿Palestina después de Abbas?

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2009-11-18

RAMALÁ – Por lo general, la decisión de un líder político de no buscar la reelección produce fervientes debates sobre sus potenciales herederos. No obstante, el retiro del Presidente Mahmoud Abbas de las elecciones presidenciales programadas para el 24 de enero de 2010 no ha generado nada de eso en Palestina... no debido a una escasez de líderes ni a la reticencia a mencionar posibles sucesores, sino porque la presidencia de la Autoridad Palestina se ha vuelto irrelevante.

El retiro de Abbas ocurre en un momento en que la frustración palestina con el proceso político ha convertido en foco de suspicacias a toda la línea de razonamiento subyacente a la AP, creada a mediados de los 90 tras los Acuerdos de Oslo. El principal componente del acuerdo de la OLP con Israel fue un periodo provisorio de cinco años durante el cual se esperaba que las negociaciones condujeran a la creación de un estado palestino independiente junto a Israel.

Dieciséis años después, ha quedado en evidencia que los israelíes no han hecho esfuerzo alguno por avanzar en dirección a las aspiraciones nacionales palestinas y que no se ha tomado ninguna medida eficaz para convencerlos. Se ha duplicado la cantidad de colonos judíos ilegales en áreas palestinas, haciendo que los palestinos se convenzan cada vez más de que las negociaciones son una pérdida de tiempo. Muchos recuerdan la estrategia favorita del ex Primer Ministro israelí Yitshak Shamir: "Habría negociado acerca de la autonomía durante diez años, y mientras tanto hubiéramos llegado al medio millón en Cisjordania."

Inicialmente, el acuerdo provisorio de cinco años llamaba a la elección de un Consejo Legislativo Palestino y un líder ejecutivo a quienes los israelíes deseaban llamar "jefe", evadiendo la palabra "presidente". Puesto que el árabe no hace distinción entre "jefe" y “presidente”, los israelíes aceptaron el uso de la palabra árabe rayyes en el texto oficial inglés.

No se permitía votar a los refugiados palestinos en el exilio ni a otros palestinos que viven en la diáspora. Los palestinos de Jerusalén Oriental podían votar sólo en la oficina de correos o en puestos instalados fuera de los límites de la ciudad.

El retiro de Abbas no hace más que confirmar lo obvio. Es poco probable que en el futuro cercano ocurra otra elección, incluida la programada para enero, principalmente debido al prolongado conflicto entre OLP y Hamás, que controla Gaza.

Hamás participó en las elecciones legislativas del 2006, que se realizaron después del retiro de Gaza. Sin embargo, por años este y otros grupos palestinos radicales han rechazado el proceso, bajo el predicamento de que sería absurdo realizar elecciones libres bajo la ocupación israelí. Hamás tiene el poder de bloquear el voto y ha indicado que lo haría.

Más aún, Abbas no ha renunciado a sus cargos como jefe de la OLP y líder de la mayor facción, Fatah, que sigue controlando Cisjordania. Abbas no puede renunciar a su puesto en el futuro previsible, a menos que el vocero respaldado por Hamás del Consejo Legislativo Palestino lo asuma. Al mismo tiempo, no es probable que ninguna autoridad de la OLP aspire a la presidencia sin la aprobación de Abbas, que se la reservará hasta que se encuentre un nuevo mecanismo para poner fin a la ocupación.

Es probable que la OLP gane mucho con la decisión de Abbas, porque quita énfasis al estatus de presidente de la AP y eleva el perfil de su puesto como jefe del comité ejecutivo de la OLP. A su vez, ese giro abre el camino a un cambio generacional en el liderazgo y, lo que es más importante, a una transición a la política post-Oslo.

La vieja guardia de la OLP –hombres como Yasser Arafat y Abbas, que dirigieron la organización de liberación desde el exilio y regresaron a su patria con los Acuerdos de Oslo- dominó el panorama político palestino hasta hoy. Lo más probable es que el vacío que dejen tras su partida sea llenado por líderes palestinos nacidos bajo la ocupación y que pasaron tiempo en las cárceles israelíes.

El más prominente de ellos es Marwan Barghouti, líder del movimiento estudiantil en la Universidad Birzeit en los años 80 y uno de los principales organizadores de la Primera Intifada, lo que provocó su deportación por Israel a fines de los años 80. En 2002 fue arrestado y sentenciado a una larga condena de prisión bajo la acusación de haber encabezado la Segunda Intifada, que había comenzado dos años antes, y ordenado algunos de sus ataques militares.

A pesar de estar en prisión, Barghouti fue electo recientemente al consejo central de Fatah, y se le unirán varios de otros personajes que han estado encarcelados en prisiones israelíes. Uno de ellos es Jibril Rajoub, en prisión durante 19 años y deportado en la Primera Intifada, y que tras su regreso encabezó uno de los servicios de seguridad una vez creada la AP. Otro es Mahmoud Dahlan, también ex-prisionero y ex oficial de seguridad, aunque la pérdida de Gaza ante Hamás, por la que muchos palestinos lo responsabilizan en parte, ha debilitado sus perspectivas de convertirse en líder.

Finalmente, también está Nasser al-Qudwa, ex representante de la OLP ante las Naciones Unidas. Qudwa es un candidato inesperado para suceder a Abbas, una posible figura de compromiso que nunca ha estado involucrada directamente en actividades de seguridad ni militares. Para muchos palestinos, Qudwa, un nacionalista políglota y de modales suaves (y sobrino de Arafat) representa un rostro aceptable para Palestina, tanto en lo local como en el plano internacional.

Los próximos meses revelarán si realmente somos testigos del amanecer de la era post-Oslo en la política palestina y si será necesario un nuevo líder, con nuevos partidarios, para resucitar su causa. Quien sea que alcance la cima tendrá que presentar una estrategia efectiva para poner fin a cuatro décadas de ocupación militar y hacer realidad un estado verdaderamente independiente del que se puedan sentir parte la mayoría de los palestinos.

Daoud Kuttab es un galardonado periodista palestino y ex profesor de Periodismo de la Universidad de Princeton.

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