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El mito de la disociación

Melvyn Krauss

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2007-11-13

PALO ALTO, CALIF. – El hecho de que la economía estadounidense se esté desacelerando es una mala noticia para los europeos, independientemente de las afirmaciones de que la economía de Europa se ha disociado exitosamente de Estados Unidos. La disociación es una idea que se basa en teorías económicas malas – y en la reticencia de algunos europeos a aceptar el hecho de que la corta y dulce expansión económica de Europa también está llegando a su fin.

Es cierto que el mercado estadounidense se ha vuelto menos importante para las exportaciones europeas, al tiempo que la importancia del comercio de Asia ha aumentado. ¿Y qué? El comercio es sólo uno de los múltiples vínculos importantes entre las economías de Estados Unidos y Europa. En la economía global interconectada de hoy, la incertidumbre sobre el panorama económico estadounidense aumenta un día, y la confianza de los consumidores holandeses, por ejemplo, cae al siguiente.

Los vínculos entre Europa y Estados Unidos son francamente mucho más complejos de lo que se dan cuenta los defensores de la disociación. Por ejemplo, la Reserva Federal de Estados Unidos está rebajando agresivamente las tasas de interés para impedir una posible recesión. Como consecuencia, el euro se está fortaleciendo no sólo frente al dólar sino también frente a las monedas asiáticas, cuyos bancos centrales intervienen en los mercados de divisas para fijar el valor de sus monedas al dólar.

Esto daña las exportaciones de Europa tanto a Estados Unidos como a Asia. Una menor dependencia europea del mercado de exportación estadounidense difícilmente puede proteger a Europa de los efectos de la desaceleración económica de Estados Unidos si el euro se aprecia frente a las monedas asiáticas clave en la misma medida que lo ha hecho frente al dólar.

El argumento de la disociación también supone que la recesión en Estados Unidos no tiene efectos en Asia. Esto es absurdo. Los ingresos de Asia seguramente disminuirán si caen sus exportaciones hacia Estados Unidos – y esto a su vez hará que se reduzcan las importaciones asiáticas de Europa.

Así pues, la desaceleración en Estados Unidos afecta a las exportaciones europeas de dos formas. Tiene un efecto indirecto en las exportaciones europeas a Asia, que puede ser significativo porque el mercado estadounidense es muy importante para las exportaciones asiáticas. Y tiene un efecto directo sobre las exportaciones europeas a Estados Unidos. Aun si el efecto directo es pequeño –que es lo que suponen quienes proponen la disociación- la desaceleración de Estados Unidos puede tener un impacto neto sustancial sobre las exportaciones europeas debido a su efecto indirecto sobre las importaciones asiáticas de Europa.

Por eso, los europeos no deben caer en la tentación de pensar que de algún modo están “disociados” de las debilidades y problemas de Estados Unidos. Hasta hace poco, muchos europeos creían que estaban protegidos de la actual crisis hipotecaria y de vivienda en Estados Unidos. Pero en lo que ha sido una verdadera “exportación” maligna a Europa, Estados Unidos creó “deuda basura” en la forma de hipotecas de alto riesgo, y los europeos –hambrientos de mayores rendimientos e igual de imprudentes que los estadounidenses—la adquirieron. Los balances de muchos bancos europeos están ahora tan contaminados como los de los bancos estadounidenses y nadie sabe quién tiene –o esconde—la basura y cómo valuarla. Por eso los bancos europeos ahora no quieren hacerse préstamos entre sí. Podrían estarle prestando a una institución que esté en serios problemas financieros.

Es difícil imaginar que las tasas de interés más elevadas y la disponibilidad reducida de créditos no traerán un malestar económico a la economía general de Europa. Sin embargo, esta es exactamente la postura del Banco Central Europeo, que está tratando a la zona del euro como si su sector financiero estuviera disociado de algún modo del resto de la economía – y aplicando una política monetaria distinta a cada sector al mismo tiempo.

Al inyectar la liquidez que el sector financiero necesite para paliar la contracción crediticia, el BCE en efecto mantiene un sesgo deflacionario para ese sector mientras que ha anunciado un sesgo inflacionario para el resto de la economía.

Una política monetaria que esté en guerra consigo misma no puede durar mucho tiempo. Con toda seguridad, el sesgo inflacionario del BCE se abandonará a medida que los efectos de la crisis financiera y la desaceleración de Estados Unidos hagan que la economía europea entre en tal picada que ni siquiera el siempre optimista BCE podrá negarla. El resultado deberá moderar las preocupaciones europeas sobre la inflación.

Hasta entonces, debe considerarse que los argumentos sobre la disociación, ya sea que se apliquen a las relaciones entre Europa y Estados Unidos o entre el sector financiero europeo y el resto de la economía, tienen un único propósito: negar las amenazas muy reales a la expansión de la economía europea. Sin duda, parte de esto son deseos de personas económicamente poco sofisticadas. Otras tienen intereses especiales. Después de todo, una economía fuerte hace que para los halcones del BCE sea más fácil aumentar las tasas de interés. Facilita la venta de acciones y otros vehículos de inversión. Es más fácil para los políticos promoverse a sí mismos, sus políticas y sus partidos.

Pero los europeos comunes no deben dejarse engañar. La existencia misma de los argumentos de la disociación es una advertencia de que deberían preocuparse debido al vigor sostenido de la economía europea. Los intereses especiales no estarían recurriendo a estas ideas simplistas y cuestionables si tuvieran confianza en el futuro de la economía.

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AUTHOR INFO

Melvyn Krauss is Senior Research Fellow, Hoover Institution, Stanford University.