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Teoría económica de alto riesgo

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2007-08-23

La posibilidad de que el Banco Central Europeo eleve los tipos de interés en el medio de una crisis financiera trae a la memoria el famoso discurso de "la cruz de oro" del gran orador estadounidense William Jennings Bryan en 1896. Refiriéndose al sesgo deflacionario del patrón de oro internacional, Bryan arremetió: “No colocarás una corona de espinas en la frente de los trabajadores. No crucificarás a la humanidad en una cruz de oro."

En otras palabras, no se debería hacer sufrir a la gente de la calle por el hecho de que las autoridades responsables estén empantanadas en alguna teoría económica fenecida.

Hoy, la teoría económica difunta es que un rápido cambio de preferencias -que de manera pintoresca se llama “un menor apetito por el riesgo”- es la principal razón detrás de la actual crisis financiera y de préstamos hipotecarios de alto riesgo. para evitar futuros aumentos de este apetito, las autoridades y los gurús financieros se han centrado en el así llamado “problema del riesgo moral”: los “tipos malos” tienen que pagar por sus errores, a menos que los repitan.

Uno habría esperado que los William Jennings Bryans de hoy advirtieran a los banqueros centrales que no crucificaran a la humanidad en una “cruz de peligro moral y denegación de rescate financiero”. Sin embargo, no deja de sorprender que esté ocurriendo lo contrario.

Algunos miembros de la izquierda, motivados en parte por su rechazo a los financistas que -se piensa- cosechan ingresos injustificados, han unido fuerzas con los economistas convencionales, cuyo creencia casi religiosa en sus modelos los ha cegado al daño que su dudosa teoría económica puede hacer a la economía real y a los intereses de la gente de la calle. La negación de rescates financieros significa que no habrá universidad para los chicos... o, para muchos, quedar sin hogar.

La pregunta clave que deberían estar preguntando los economistas es por qué los mercados financieros están sufriendo espasmos, mientras los bancos y otras instituciones financieras están nadando en liquidez.

La explicación convencional –un menor apetito por el riesgo- no es convincente. El mercado hipotecario de alto riesgo parece demasiado pequeño como para causar un cambio así de amplio en la preferencia por el riesgo.

Una explicación más convincente es que la crisis actual, con sus dimensiones y alcances desconocidos, ha nublado hasta tal punto el paisaje económico que ha hecho que sus participantes queden paralizados en sus puestos, por así decirlo, hasta que el mal tiempo amaine.

Esa es la lección fundamental de un importante libro que acaba de publicarse Imperfect Knowledge Economics: Exchange Rates and Risk (Economía del conocimiento imcompleto: Tasas de cambio y riesgo), escrito por Roman Frydman y Michael Goldberg. La clave para comprender los mercados financieros, especialmente cuando están tan inquietos como lo han estado en las últimas semanas, no es un cambio de preferencias, sino la imperfección inherente del conocimiento y el cambio de expectativas acerca del curso futuro de los fundamentales macroeconómicos.

¿Qué recetas sobre políticas implica el enfoque del "conocimiento imperfecto" para la crisis actual? La más importante para los banqueros centrales es que deberían reducir los tipos de interés –y hacerlo rápido- para que los participantes del mercado tengan la seguridad de que no se permitirá que la agitación en los mercados financieros afecte la economía real.

A juzgar por su reciente cambio de políticas, la Reserva Federal de EE.UU. actúa como si fuera un converso tardío a la hipótesis del conocimiento imperfecto. Conducida por Ben Bernanke, un ex destacado economista académico, la Fed cayó primero en la trampa de hacer oídos sordos a las consecuencias de mayor alcance de la crisis hipotecaria de alto riesgo. Inyectó dinero al sistema, pero descartó recortar los tipos de interés.

Los resultados de esta errónea política probaron ser tan desastrosos –los mercados financieros se agitaron casi al instante- que apenas diez días después de su mensaje de despreocupación, la Fed tuvo que encarar la situación de manera embarazosa pero necesaria y redujo el tipo de descuento en 50 puntos base. Los funcionarios de la Fed lo explicaron diciendo que los riesgos de una baja del crecimiento habían aumentado significativamente.

Importa poco el hecho de que la Fed podría haber ido más allá y reducido el tipo de los fondos federales así como el tipo de descuento en esa reunión de emergencia. De hecho, puede que eso sea lo que haya que hacer. Lo que importa es que la política de la Fed cruzó el puente de la indiferencia al deseo de dar tranquilidad. Tal vez Bernanke obtuvo una copia del libro de Frydman-Goldberg, antes de que se publicara, durante esos preocupantes diez días de agosto?

Ciertamente, Bernanke tuvo tiempo para reflexionar sobre cómo su legendario predecesor, Alan Greenspan, manejó la crisis financiera de capitales de largo plazo en 1998. Greenspan no era el tipo de economista que habría crucificado a la humanidad en una cruz de riesgo moral o modelos mecanicistas de teoría económica convencional. Redujo los tipos de interés para tranquilizar a los mercados y darles seguridades de que la crisis financiera causada por el colapso de los fondos de cobertura no afectaría la economía real. Los mercados y la economía respondieron con vigor y entusiasmo.

Después de un tropezón inicial -un error de principiante, en palabras de un comentarista- Bernanke parece estar siguiendo los pasos del maestro. ¿Pero qué podemos decir de Jean-Claude Trichet, el presidente del Banco Central Europeo, que más o menos prometió a los mercados un alza del tipo de interés en septiembre y ahora se encuentra con que, como la Fed, tal vez tenga que hacer lo contrario? ¿Demorará el asunto, o decidirá subir el tipo en septiembre de todos modos?

Nadie sabe con certeza cómo afectará la crisis de las hipotecas de alto riesgo a la economía de la eurozona. Enfrentados a una incertidumbre así de peligrosa, los banqueros centrales prudentes no usan su independencia para empeorar una mala situación, elevando los tipos de interés. Actuar como si todo hubiera vuelto a la normalidad y la crisis financiera fuera cosa del pasado no hace necesariamente que eso sea así.

Melvyn Krauss es miembro asociado senior de la Hoover Institution de la Universidad de Stanford.

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