Europe at Home and Abroad
Una cura europea para la depresión de los Balcanes
Ivan Krastev
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VIENA – La política europea está básicamente moldeada por los acontecimientos y los aniversarios. Pero mientras que los acontecimientos suelen ser impredecibles, los aniversarios no lo son.
Dentro de cinco años, Europa estará reflexionando sobre el centésimo aniversario del estallido de la Primera Guerra Mundial, que derivó en una pérdida de vidas casi sin parangón y desencadenó una serie de acontecimientos que llevaron a la creación de Europa tal como la conocemos hoy.
Los líderes mundiales tal vez ya hayan reservado algunos días en agosto de 2014 para celebrar la ocasión. Es fácil predecir que Sarajevo será el lugar donde se reunirán para analizar el salvaje siglo XX de Europa. ¿Pero cómo se verá Sarajevo de aquí a cinco años? ¿Seguirá siendo la capital de un país cuyos ciudadanos tienen una mirada sombría del futuro y cuyos políticos han perdido todo contacto con el electorado? ¿O existe una esperanza de que los líderes europeos utilicen el aniversario para anunciar la exitosa integración de los restantes países de los Balcanes a la Unión Europea?
Una encuesta de Balkan Monitor realizada recientemente por Gallup Europe revela el estado de la opinión pública en Serbia, Montenegro, Macedonia, Albania, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo a 20 años de la caída del Muro de Berlín y una década después del fin de la guerra de Kosovo. Los resultados parecen indicar que los próximos cinco años serán un período de ganar o morir para el futuro desarrollo de la región.
Si bien la abrumadora mayoría de los ciudadanos están convencidos de que un nuevo conflicto armado en la región es improbable, el estado de ánimo de la población -con excepción de los kosovares y los albaneses- es pesimista. El futuro promete paz sin desarrollo. La confianza en las elites políticas y en las instituciones nacionales y europeas ha venido declinando de manera sostenida.
La mayoría de los ciudadanos ha experimentado una caída de los niveles de vida en el último año, y sigue existiendo la percepción de que la gente tiene más oportunidades fuera de sus propios países. El pesimismo sobre el empleo es alarmantemente alto entre los jóvenes, mientras que la corrupción y la mala gestión gubernamental se ven como generalizadas.
Todos aquellos que se han dedicado a elogiar la estabilidad en la región deberían analizar estas cifras. De hecho, es sorprendente que la mayoría de los ciudadanos de Bosnia-Herzegovina crea que sus líderes no están interesados en que su país se sume a la UE. Una absoluta mayoría de los ciudadanos en cada uno de los países encuestados está convencida de que su país está encaminado en la dirección equivocada. Menos de uno de cada diez croatas (cuyo país podría incorporarse a la UE en el futuro cercano) cree que su país está encaminado en la dirección correcta.
Hoy existen dos opciones para la región: una es un programa de "pronta integración" que incorpora a todos los estados de los Balcanes Occidentales a la UE; la otra es un viaje a lo desconocido. La esperanza de que estos países puedan arreglárselas a duras penas por su cuenta es una ilusión peligrosa. La estabilidad por sí sola ya no puede ser el único objetivo de la UE en la región.
La presencia continua de la UE como una potencia colonial en lugares como Bosnia-Herzegovina y Kosovo podría causar incluso más problemas en el futuro, especialmente si los beneficios no son inmediatos. En particular, una demora en la integración de Serbia a la UE podría generar fantasías inspiradas en Tito en el corazón de la política externa y de seguridad del país.
En consecuencia, la desmoralización de la sociedad balcana crea una dinámica propia cuando los mejores y los más brillantes ven su futuro fuera de sus propios países y donde el término "estabilidad" es apenas otra manera de definir estancamiento político y económico.
Si los líderes europeos sí piensan reunirse en 2014 en Sarajevo, deberían actuar ahora. La ratificación del Tratado de Lisboa da lugar a un elemento de realismo visionario en la política europea, dado que ya no hay ningún obstáculo institucional para la futura ampliación de la UE.
Hoy, a diferencia de un año atrás, sabemos cuántos estados hay en los Balcanes y los resultados de Balkan Monitor revelan que todos ellos quieren sumarse a la Unión. Lo que la UE ha aprendido de los resultados de las últimas elecciones parlamentarias en Bulgaria es que, contrariamente a la opinión generalmente aceptada, el apalancamiento de Bruselas sobre los nuevos estados miembro aumenta en lugar de disminuir después de su incorporación. La decisión de la UE de liberalizar su régimen de visado para Serbia, Montenegro y Macedonia -y el hecho de que George Papandreou, el principal arquitecto de la estrategia de integración de los Balcanes a la UE, esté nuevamente en el poder en Grecia- es otro motivo de optimismo.
Pero es ahora o nunca para los Balcanes. La liberalización del visado puede ser un paso estratégico en la dirección de la "pronta integración", pero si no está seguido por una acción política audaz de parte de la UE, podría simplemente convertirse en un nuevo embalaje del status quo . En resumen, llegó la hora de moldear los acontecimientos en lugar de simplemente celebrar aniversarios.
Ivan Krastev, actualmente miembro visitante en el Institut für die Wissenschaften vom Menschen de Viena, fue director ejecutivo de la Comisión Internacional sobre los Balcanes presidida por Giuliano Amato.
Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
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