European Economies
¿Debe regular Europa los fondos de riqueza soberana?
Roland Koch
|
|
|
|
WIESBADEN – Las inversiones estatales extranjeras –los llamados fondos de riqueza soberana (FRS)- son ahora objeto de un intenso debate. Estados Unidos y Francia han dado a conocer sus temores. También en Alemania el debate se centra en la significación política y económica de los FRS para el futuro del país.
El problema se ha exacerbado por la creciente riqueza de un número de países, algunos de ellos gobernados en el pasado por regímenes socialistas o comunistas. China, Rusia, India y los estados del Golfo Pérsico han integrado su riqueza a la economía global, para gran beneficio del comercio mundial.
El grado de apertura de los mercados de Alemania los hace especialmente atractivos para el comercio global. Esta apertura no cambiará, pero hay quienes llaman a establecer nuevas barreras de seguridad o, en otras palabras, de protección.
Por ejemplo, los inversionistas rusos están interesados en adquirir una parte importante de la compañía aeroespacial franco-germana EADS, de la cual un banco ruso ya posee un 5%. Para muchos, esta propuesta ha puesto en evidencia un cambio en el comportamiento de los inversionistas. Sin embargo, ¿qué es lo que ha cambiado exactamente?
Los FRS existen desde hace años. Entre los primeros países en invertir sus considerables fondos estatales estuvieron Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Noruega y Singapur. Invirtieron, y todavía los hacen, sus superávits presupuestarios en todo el mundo, en bonos de gobiernos y empresas estatales. Los países industrializados como Estados Unidos y Japón también poseen los así llamados “fondos de reserva”.
Algunos de estos fondos son enormes. En los EAU, la Abu Dhabi Investment Authority ha estimado poseer bienes de capital de 875 mil millones de dólares, lo que la convierte probablemente en la mayor compañía de inversión estatal del mundo. En julio de 2007, otro rico fondo de la UAE, Dubai International Capital, compró el 3% de EADS, tras adquirir casi el 2% del fabricante automotriz Daimler en enero de 2006.
El Kuwait Investment Authority, también un fondo estatal, posee el 7% de Daimler. Singapur posee dos FRS: Temasek-Holdings, con bienes de capital estimados en cerca de 100 mil millones de dólares, y la Government of Singapore Investment Corporation, con aproximadamente 330 mil millones de dólares. Ambos fondos se invierten en todo el mundo, también en conjunto con el operador portuario PSA.
Algunos fondos están sujetos a considerables restricciones. Japón exige que sus inversiones en el extranjero se hagan en bonos, principalmente los emitidos por Estados Unidos. Hasta hace poco, China, que posee reservas en moneda extranjera por más de 1,2 billones de dólares (las mayores del mundo), seguía también esta política. Sin embargo, la inversión de 3 mil millones de dólares por parte del FRS chino en la empresa estadounidense Blackstone sugiere una política de inversión con una estrategia más preocupante, que parece apuntar a promover sus propios intereses industriales en determinados mercados.
Rusia, donde a menudo está poco definida la línea entre empresas estatales y privadas, ha demostrado esta estrategia en Europa. De hecho, las inversiones rusas en la industria aeroespacial, las telecomunicaciones y, sobre todo, el sector energético son la principal fuente de preocupación para Alemania.
¿Están hoy los inversionistas extranjeros apuntando principalmente a beneficios estratégicos más que puramente financieros? Puesto que los recursos de las FRS son tan sustanciales, es recomendable tomar precauciones para evitar convertirse en objetivo de una manipulación del mercado por motivaciones políticas, o volverse política y sicológicamente dependientes de las decisiones de gobiernos extranjeros.
La mayoría de los países occidentales ya poseen instrumentos para impedir que los extranjeros hagan inversiones indeseadas, no sólo en las industrias de la defensa, sino también en otros sectores. Sin embargo, si bien la Ley de Pagos y Comercio Extranjero de Alemania protege contra las adquisiciones totales en la industria de la defensa (aunque es necesario fortalecer esa ley), en otros ámbitos Alemania no posee ningún sistema para examinar las inversiones por parte de los FRS que puedan tener motivaciones estratégicas.
Hoy el Fondo Monetario Internacional recomienda más transparencia a los inversionistas extranjeros, y tiene planes de crear un código de conducta. La Comisión Europea también favorece acuerdos voluntarios orientados a fortalecer la transparencia. Algunos FRS parecen dispuestos ahora a participar en un diálogo constructivo.
Sin embargo, no es fácil evaluar las potenciales amenazas. Un aumento de las inversiones se ve a menudo como algo que beneficia la economía de un país, si es que no su seguridad. En Alemania necesitamos distinguir una de la otra. Se han creado propuestas de ley que equivalen a enmiendas a la Ley de Pagos y Comercio Extranjero y otras regulaciones similares. Al tiempo que fortalecen la ley, buscan evitar afectar la apertura de la economía alemana.
Bajo la nueva legislación propuesta, si una inversión extranjera en una compañía alemana representa más del 25%, se puede realizar una evaluación de si el orden o la seguridad pública pueden verse amenazados. En mi opinión, esto daría respuesta a las preocupaciones acerca de los FRS y no impediría la inversión en general, ya que se aplicaría sólo a muy pocos casos.
Alemania ha creado además un plan para proteger sus industrias, a semejanza de la regulación estadounidense. Desde 1988, el Presidente de EE.UU. puede prohibir la inversión extranjera directa si se la ve como una amenaza a la seguridad nacional. El año pasado se introdujo un control adicional, de modo que ahora todas las inversiones directas en las que participe un gobierno extranjero son examinadas por el Comité sobre Inversión Extranjera Directa.
El principio de reciprocidad claramente se debería aplicar a las inversiones trasnacionales. Alemania está abierta a los inversionistas extranjeros, pero a cambio los alemanes reclamamos el mismo acceso a los mercados en el extranjero. Incluso en Europa queda mucho que hacer en este respecto, como los demuestran las propias experiencias de Alemania con Francia y España. En China y casi todos los países del Oriente Próximo, los extranjeros están limitados a participaciones minoritarias y deben enfrentar altas tarifas de importación y numerosas barreras no arancelarias.
Las medidas de protección deben seguir siendo la excepción más que la regla. Los europeos debemos aceptar los desafíos de la competencia global, y las inversiones trasnacionales son la base de un buen desarrollo económico interno y externo. No obstante, no debemos permitir que se nos convierta en juguetes económicos pasivos de otras naciones o grandes empresas estatales. Debemos desempeñar un papel activo en dar forma a la globalización, y eso significa crear reglas adecuadas.
Roland Koch es Ministro-Presidente del estado alemán de Hesse.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
You might also like to read more from Roland Koch or return to our home page.
|
|

