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Islam

"¿Por Qué?", se Cuestiona un Saudita

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2002-10-22

Un periodista que se encontraba de visita en el Reino de Arabia Saudita me preguntó por qué cinco de cada seis estudiantes que entrevistó en la Universidad del Rey Saud creen todavía que Al Qaeda no fue responsable de los ataques perpetrados el año pasado en Estados Unidos (EEUU), contra el World Trade Center y el Pentágono. Enfrentar esa pregunta me resulta cada vez más frustrante, porque ya me quedé sin explicaciones posibles.

Yo solía creer que la negación de la complicidad saudita en los ataques reflejaba nuestra angustia acerca de lo sucedido en ese lúgubre día. Alimenté la esperanza de que tendríamos el coraje para sobreponernos a nuestra aparente humillación y empezaríamos a investigar en lo profundo de nuestra psique nacional, formulando la gran pregunta: ¿por qué 15 de nuestros jóvenes atacaron a EEUU de una forma tan brutal?

Ahora no estamos más cerca de contestar esa pregunta de lo que estuvimos cuando ocurrió el ataque, porque ni siquiera tenemos el valor para preguntar. Si hubiéramos tenido más confianza en nosotros mismos y hubiéramos sido menos jactanciosos habríamos organizado un seminario tras otro para analizar lo sucedido, para entender las razones de ello y para planear un futuro sin tragedias similares. Después de todo, los aviones secuestrados por Osama bin Laden no sólo atacaron a Nueva York y a Washington, sino también al islam como fe y a los valores de tolerancia y coexistencia que predica.

Pero a pesar de las enormes proporciones de lo acontecido, seguimos en negación. Todavía nos aferramos a teorías de conspiración, incluso después de que bin Laden y sus colegas conspiradores fanfarronearon acerca de su gran "logro". Seguimos cerrando los ojos ante el hecho de que 19 jóvenes musulmanes decidieron dejar su hogar, dirigirse a lo que entendieron como yijad y volverse criminales.

Ya es más que hora de empezar. Debemos admitir que 15 sauditas ayudaron a perpetrar los ataques contra EEUU el 11 de septiembre del año pasado y que cientos de sauditas más resultaron muertos lejos del hogar, en las montañas y las aldeas de Afganistán, sin necesidad alguna. Debemos descubrir por qué el Afganistán controlado por el Talibán fue tan atractivo para una significativa porción de la juventud saudita en los años anteriores al 11 de septiembre. Afganistán era un país en el que los musulmanes se mataban unos a otros. Cualquier musulmán sabía que su deber en ese caso era intentar reconciliar a los combatientes, no unirse a la violencia.

Cuando los árabes, incluyendo a los sauditas, pelearon en Afganistán por primera vez a mediados de la década de 1980, su camapaña era política y religiosamente justa. Los musulmanes afganos se enfrentaban a agresores externos que buscaban imponerles el comunismo al estilo soviético. Los Muyajidin eran supervisados por cléricos responsables, quienes le daban un ejemplo brillante a la juventud saudita. Algunos de esos hombres se quedaron en Afganistán cuando los Muyajidin fueron a Kabul a tomar parte en la amarga lucha interna que culminó con el ascenso al poder del Talibán. Otros volvieron a casa y fueron recibidos como héroes.

¿Fueron esos jóvenes que volvieron a casa en ese entonces más sabios que la juventud saudita de la actualidad? ¿Qué pasó en los últimos diez años que permitió que los extremistas encontraran tantos y tan fervientes seguidores? Desde el 11 de septiembre nos hemos dedicado a aconsejar a los estadounidenses, señalando en qué puntos se equivocaron, pero nadie escucha. En cambio, deberíamos dedicarnos a solucionar nuestras propias deficiencias, deberíamos intentar de contestar la pregunta que los estadounidenses nos han hecho con tanta insistencia: ¿por qué participaron los jóvenes sauditas en los ataques?

No debemos responder a esa pregunta como haciéndole un favor a los estadounidenses, sino por nosotros mismos. No basta con decir que los secuestradores y, sin duda, los muchos sauditas detenidos en la bahía de Guantánamo representan un subgrupo de jóvenes victimados y que el resto de la juventud saudita es distinto. Eso es verdad, claro, pero el daño que este relativamente pequeño grupo causó fue monumental. Sería mucho mejor intentar entender los motivos que tuvieron.

Mientras intentábamos defendernos y justificarnos durante este año que ha transcurrido, nosotros, sauditas, nos enteramos de las consecuencias que tuvo el extremismo en Waco, Texas, y en la ciudad de Oklahoma. Escribimos acerca de la Milicia de Michigan y de otros grupos extremistas estadounidenses. Por supuesto que hay extremismo en EEUU, un extremismo tan terrible como cualquiera de los que tenemos en casa, pero los estadounidenses estudiaron y analizaron a detalle los incidentes de Waco y de Oklahoma, por motu propio. Se examinaron los motivos tras esos ataques como parte de un esfuerzo para garantizar que tales eventos no sucederán de nuevo.

Los sauditas no hemos sido capaces de hacer lo mismo. El asunto más urgente ahora es asegurarse de que nuestros niños nunca sean influenciados por ideas extremistas como las que lanzaron a 15 de nuestros compatriotas a secuestrar cuatro aviones ese franco día de septiembre, piloteándolos, y a nosotros, directo a las fauces del infierno.

Jamal Khashoggi es Subjefe de Redacción de Arab News, un periódico publicado en inglés en la ciudad de Jeddah, Arabia Saudita.

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