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Inestabilidad producto de la rigidez

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2008-01-30

Todo el mundo quiere estabilidad económica y muchos son reacios a abandonar ahora lo que ayer les dio estabilidad. Pero tratar de obtener estabilidad mediante la rigidez es ilusorio. La estabilidad del sistema financiero internacional hoy depende de la voluntad de los países con tipos de cambio rígidos de permitir una mayor flexibilidad.

Tras la crisis financiera internacional de 1997-1998, muchos mercados emergentes –a través de la depreciación de divisas, los rápidos aumentos en la productividad, o ambos factores—quedaron en posiciones muy competitivas. Los países con superávit significativos en cuenta corriente acumularon grandes reservas y fijaron (o manipularon mucho) sus tipos de cambio para apoyar los dos primeros objetivos que parecían asegurar la estabilidad externa.

La ironía es que en la crisis de 1997-1998 un sistema particular de tipos de cambio fijos falló cuando el capital salió. Sin embargo, la acumulación de reservas funcionó mejor, de muchas maneras, de lo que nadie hubiera imaginado –los países descubrieron que podían resistir perturbaciones considerables y el crecimiento fue impresionante tanto internamente como a nivel global. Así pues, en unos cuantos años, muchos países llegaron a la conclusión de que sus tipos fijos podrían funcionar bien si estaban apoyados por reservas oficiales suficientemente amplias. Surgió un nuevo orden en el sistema mundial de tipos de cambio.

Hubo, por supuesto, algunos efectos secundarios menos deseables en otros países. Si una parte considerable de la economía mundial desea tener superávit en cuenta corriente (para 2006 esto incluía a la mayor parte del Asia emergente, a la mayoría de los exportadores de petróleo y Japón), una parte igual debe tener déficit. En el período posterior a 1998, Estados Unidos suministró casi todo el déficit necesario.

Mientras los activos estadounidense resultaran atractivos a los residentes de los países superavitarios (o mientras hubiera una cadena aceptable de inversiones desde esos países que terminara en Estados Unidos), estas acumulaciones de reservas eran sostenibles. Al FMI le preocupaba mucho qué sucedería cuando esta cadena se rompiera –y el posible rompimiento era, por supuesto, más una cuestión de aritmética que de economía. El déficit en cuenta corriente de Estados Unidos puede persistir por encima del 3% del PIB aproximadamente sólo si se hacen suposiciones poco realistas sobre la proporción de los activos estadounidenses que el resto del mundo está dispuesto a conservar.

Los planes de política anunciados por China, la zona del euro, Japón, Arabia Saudita y Estados Unidos en la primavera de 2007 –en el contexto de la Consulta Multilateral sobre los desequilibrios mundiales del FMI—representan la respuesta de la comunidad internacional a los riesgos crecientes. Estados Unidos reducirá su déficit, mientras que los países superavitarios propusieron medidas sensatas para disminuir sus superávit en formas que apoyen el crecimiento global.

La sensación de urgencia de estas discusiones ha aumentado en los meses recientes, a medida que la situación global se ha vuelto más compleja. Específicamente, desde el verano los problemas en el sector de la vivienda de Estados Unidos han debilitado la confianza en los activos titularizados. El resultado neto ha sido un cambio en las preferencias de portafolios a nivel mundial que ha afectado significativamente a algunos tipos de cambio.

El dólar se ha depreciado de forma que ayuda al ajuste global y afortunadamente no trastorna el mercado de valores del gobierno estadounidense; de hecho, las tasas a largo plazo han disminuido del nivel que tenían en julio, así que el ajuste ha sido “ordenado”. No obstante, el patrón de los movimientos de los tipos de cambio en el resto del mundo en gran medida no ha tenido relación con las posiciones existentes en cuenta corriente. De hecho, las divisas de los países superavitarios con tipos de cambio muy intervenidos en efecto se han depreciado en términos reales efectivos desde el verano, lo que ha creado presiones inflacionarias y ha frustrado el ajuste global.

Esto también ha desplazado la carga del ajuste de manera desproporcionada hacia los países con monedas flotantes, como el euro y los dólares canadienses y australianos. La falta de ajustes por parte de los países superavitarios con tipos de cambio inflexibles significa que, a medida que el déficit estadounidense disminuye, se crea un déficit en otros lugares del mundo para compensar –junto con una apreciación real efectiva del tipo de cambio.

Saber qué hacer en esta situación cada vez más compleja y volátil es fácil: hay que estudiar los planes de política de la Consulta Multilateral y simplemente aplicarlos. Como indica el reciente informe semestral del Departamento del Tesoro de Estados Unidos al Congreso, en el caso de China, esos planes consisten en “reequilibrar su economía: fomentar la demanda interna y el crecimiento impulsado por el consumo; reformar su sistema financiero; y alcanzar mayor flexibilidad en su régimen de tipo de cambio. En efecto, reequilibrar el patrón de crecimiento es una de las metas económicas principales de los líderes de China”.

Pero ampliar la demanda y permitir la apreciación real efectiva del tipo de cambio en China no será suficiente si otros países no cumplen con su parte. Los exportadores de petróleo deben aumentar más el gasto fiscal; Japón y la zona del euro deben promover un mayor crecimiento mediante reformas estructurales; y Estados Unidos debe aplicar medidas concretas para sostener un mayor ahorro.

Esto ayudaría a mantener la confianza en que el proceso de ajuste seguirá siendo ordenado y que estará al margen de nuevos desequilibrios o del proteccionismo. También es necesario aplicar los compromisos de política de la consulta multilateral para evitar una pérdida de confianza en el dólar.

Los riesgos al crecimiento global aumentarán mientras el ajuste sea disparejo. La parte política no es tan sencilla, pero necesitamos de la cooperación entre países para reducir esos riesgos, y la necesitamos ya.

Simon Johnson es asesor económico del FMI y Jonathan Ostry es subdirector del Departamento de Investigación de la misma institución

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AUTHOR INFO

Simon Johnson, a former chief economist of the IMF, is co-founder of a leading economics blog, http://BaselineScenario.com, a professor at MIT Sloan, a senior fellow at the Peterson Institute for International Economics, and co-author, with James Kwak, of 13 Bankers.
Jonathan Ostry is Deputy Director of the IMF's Research Department.