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China desatada

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2009-12-31

Sydney – La designación de cinco jefes provinciales del Partido Comunista Chino a principios de diciembre es un recordatorio de que el ascenso de la próxima generación de líderes chinos, que tomarán el poder en 2012, puede ser el evento más significativo de la política de China desde el inicio del reinado de Deng Xiaoping en 1978. La próxima generación de líderes será la primera con poco o ningún recuerdo personal de los trastornos y penurias sufridos durante la era de Mao Zedong. Olvidar esa historia podría condenar a China a repetir los errores del pasado, pero, para bien o para mal, también podría disminuir las restricciones y liberar a sus líderes.

Los cinco jefes designados nacieron después de la fundación de la República Popular en 1949. Dos de ellos, Hu Chunhua y Sun Zhengcai, tienen sólo 46 años. Esto es congruente con la política recientemente anunciada del Partido de que la próxima generación de líderes debería tener en promedio unos 55 años, con hasta cuatro de los puestos principales ocupados por líderes menores de los cincuenta años. El objetivo del Partido es garantizar la conservación de su energía y dinamismo a medida que China asciende.

Esa parece una decisión inteligente. El liderazgo chino de la última década y media ha buscado afinar y mantener el impulso del modelo de desarrollo dirigido por el Estado de Deng, que se emprendió después de las protestas de Tiananmen de 1989. En este respecto, la tercera y cuarta generación de líderes de China, bajo el control de los tecnócratas Jiang Zemin y Hu Jintao, han sido competentes pero poco imaginativas.

No obstante, la viabilidad del modelo de Deng está llegando a su fin y ahora China es adicta a la ineficiente inversión fija dirigida por el Estado y al insostenible crecimiento impulsado por las exportaciones, en lugar del consumo interno para generar empleos y crecimiento. El avance en la creación de más reformas estructurales –como la liberalización de la moneda y la cuenta de capital, así como el retiro del capital público a las empresas controladas por el Estado- ha sido lento y las nuevas iniciativas han sido poco sistemáticas en lugar de generales.

Del mismo modo, desde mediados de los años noventa, la política exterior de China ha sido prudente más que audaz. Tanto Jiang como Hu han seguido fielmente el lema de Deng de "Ocultar la capacidad y fomentar la oscuridad." Aunque con una participación cada vez más activa en África y América Latina, China en gran medida sigue aprovechando el cobijo de la protección estadounidense.

Las generaciones más viejas ven esa precaución como prudencia y ese conservadurismo se refleja en los líderes actuales de China. La falta de reformas amplias es una muestra del temor colectivo de las generaciones más viejas de que los cambios estructurales fundamentales causarán desorden y caos, poniendo en riesgo el control del poder por el Partido. Aún recuerdan el sufrimiento de la era de Mao, cuando China iba en la dirección equivocada –y trató de hacer muchas cosas muy rápido—y recuerdan claramente cómo las protestas de Tiananmen pusieron de rodillas al régimen, y cómo el descontento de los trabajadores urbanos estalló cuando las empresas bajo control centralizado del Estado se fusionaron o cerraron en los años noventa.

De igual manera, aunque China en esencia sigue estando insatisfecha con sus fronteras terrestres del sur y sus fronteras marítimas del este y sureste, sus actuales líderes temen que una política exterior enérgica y agresiva derive en un aislamiento. Todas las élites –jóvenes o viejas- ven a China como el líder natural de Asia y a los Estados Unidos como un intruso reciente. Sin embargo, para la tercera y cuarta generación de líderes dar a éste país y a sus aliados y socios un pretexto para “contener” a China –y restringir su desarrollo económico- es un asunto muy inquietante.

Sin la experiencia personal de la traumática historia reciente de China, la próxima generación tendrá más confianza en sí misma y será más enérgica. Con una preparación en economía, política y leyes, más que en ingeniería, tratará de acelerar el ascenso y la transformación de China, y verá la prudencia como una parálisis. Incluso ahora, los líderes emergentes argumentan que China está actuando muy lentamente en lo relativo a las reformas económicas y los objetivos de política exterior. Para bien o para mal, no estarán limitados por el mismo temor a las consecuencias inesperadas cuando se trate de cambio y experimentación.

Los optimistas tienen la esperanza de que ello podría apresurar la liberalización económica y tal vez hasta conducir a una reforma política moderada, en particular, una mayor rendición de cuentas de los funcionarios locales en zonas remotas. Después de todo, han sido los funcionarios jóvenes quienes en las cumbres del Partido han planteado sistemáticamente el asunto de la corrupción local.

Pero las consecuencias en la esfera de la política exterior podrían ser incluso mayores. Al haber crecido en una China a la que ya se reconoce como una gran potencia legítima, la nueva generación de líderes se mostrará más impaciente para que su país recupere el lugar de principal potencia de Asia. Mientras que los estadistas más viejos se enorgullecen de los avances de China, las figuras y élites más jóvenes –sobre todo las que regresan de Estados Unidos y otras universidades occidentales—se frustran porque la posición estratégica de China en Asia y su estatus en las instituciones globales y regionales siguen siendo relativamente débiles, a pesar del creciente poder económico del país.

Por ejemplo, gran parte del discurso de que China debería asumir el liderazgo en las instituciones regionales y de que los barcos chinos deberían tener una mayor presencia en   rutas marítimas vitales como el Estrecho de Malaca e incluso el Océano Índico viene de la generación más joven. Los líderes jóvenes del Partido también son más impacientes en lo que se refiere a un marco temporal para recuperar Taiwán.

Actualmente, China está a la expectativa. Pero eso acabará cuando la nueva generación de líderes llegue al poder en 2012. Cuando eso suceda, el mundo estará tratando con una potencia mucho más impredecible que la que conocemos ahora.

John Lee es investigador de temas de política exterior en el Center for Independent Studies de Sydney e investigador visitante en el Hudson Institute de Washington, DC. Es autor de Will China Fail?

Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org

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alykhansatchu 06:29 03 Jan 10

Deng's dictum to “Hide capacity and nourish obscurity.”

Copenhagen? The Akmal Sheikh Fracas hardly signalled a Bias towards obscurity. The Point is surely, that today China holds most of the IOUs and is ready to take its seat at the Table. The Fact that it has been able to Free Ride beneath the American Security Umbrella is surely a near optimal example of Smart Power.

Aly-Khan Satchu

www.rich.co.ke



AUTHOR INFO

John Lee   
John Lee is a foreign policy fellow at the Centre for Independent Studies in Sydney and a visiting fellow at the Hudson Institute in Washington. His most recent book is Will China Fail?