Capitalism Then and Now
El renacimiento de Marx
Harold James
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PRINCETON – Karl Marx ha regresado, si no de la tumba, sí del cubo de basura de la historia. El Ministro de Finanzas alemán Peer Steinbrück dijo hace poco que las respuestas de Marx "pueden no ser irrelevantes" para los problemas de hoy en día. El Presidente francés Nicholas Sarkozy permitió que se lo fotografiara mirando las páginas de El Capital de Marx. Un cineasta alemán, Alexander Kluge, ha prometido hacer la película de El Capital .
Pocos de los nuevos “marxistas” de hoy desean enumerar los atractivos de un hombre que quiso unificar la filosofía alemana (desarrollada sobre Hegel) con la economía política británica (desarrollada a partir de David Ricardo), y convertir así dos tradiciones más bien conservadoras en una teoría de la revolución radical.
Marx fue sin duda un analista perceptivo de la versión de la globalización del siglo diecinueve. En 1848, en El Manifiesto Comunista , escribió: “En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones.”
Claro, hay muchos otros comentaristas del siglo diecinueve que analizaron la creación de las redes globales, pero no vemos un resurgimiento del interés por figuras como John Stuart Mill o Paul Leroy-Beaulieu.
La implicancia de la nueva popularidad de Marx es que ahora se acepta de manera universal que el capitalismo está colapsado en lo fundamental, y que el sistema financiero está en el centro del problema. La descripción de Marx del “fetichismo de las mercancías básicas” –la traducción de los bienes en recursos transables, desvinculados de su proceso de creación o su utilidad- parece completamente relevante para el complejo proceso de secularización, en el que los valores parecen estar ocultos por oscuras transacciones.
Al análisis de la naturaleza engañosa de la complejidad le siguió la recomendación del Manifiesto Comunista que parece más atractiva para los “marxistas” contemporáneos. Es el quinto punto de un programa de diez. El punto cinco, precedido de la “Confiscación de la propiedad de todos los emigrados y sediciosos”, es la “Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo.”
El principal problema con la crisis financiera actual es que los bancos ya no están dando crédito para muchas de las transacciones necesarias en el funcionamiento básico de la economía. Ni siquiera la capitalización de los bancos a través de la ayuda del estado ha sido suficiente para reavivar la actividad económica.
De cara a las dificultades tanto de los grandes fabricantes de automóviles como de los pequeños proveedores, muchos están exigiendo que, como parte del paquete de rescate, el estado obligue a los bancos a dar crédito. Todos piensan en el caballo que se deja llevar al agua, pero al que es imposible hacer que la beba. Incluso los comentaristas pro-mercado han adoptado el reclamo de que el mercado no está entregando el crédito necesario.
En el pasado se ha adoptado una política en que el estado obliga a prestar dinero, y no sólo en los sistemas de planificación central de los sistemas comunistas. Fue parte de las herramientas comunes de los primeros estados europeos modernos para tratar con sus acreedores. Inmediatamente tras las Segunda Guerra Mundial, era parte fundamental de la política económica francesa.
De manera más reciente, a comienzos de los años 80, el Fondo Monetario Internacional y los bancos centrales de los grandes países industriales se concertaron para presionar a los bancos a dar más crédito a los países deudores latinoamericanos. Muchos banqueros decían a regañadientes que tenían que poner buen dinero en lugares donde había habido impagos, pero lo hicieron de todos modos bajo la amenaza de una mayor intervención de las entidades reguladoras.
El resultado de obligar a dar crédito fue más bien paradójico. La solución de los 80 salvó a los bancos (y a los banqueros) de la crisis de la deuda, pero a la larga aumentó la carga del repago, y de esa manera redujo los estándares de vida en América Latina. Una mejor solución habría sido la reducción de la deuda en una etapa temprana de la crisis.
En las circunstancias actuales, el sistema financiero se habría beneficiado más si se hubiera puesto en práctica alguna versión del plan original del Secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson. Sin embargo, eso resultó ser demasiado complejo, porque valorar cada recurso generaba problemas específicos y diferentes.
Tratando de esquivar la complejidad, nos hemos dedicado a buscar soluciones simples. Al abrir un nuevo edificio de la Escuela de Economía de Londres, la Reina de Inglaterra preguntó por qué nadie había predicho la crisis. De hecho, la advertencia más clara provino de dos comediantes británicos (John Bird y John Fortune) en un programa de televisión hace más de un año, cuando los altos financistas todavía negaban el problema.
En otras palabras, el mundo financiero ha llegado a una especie de temporada de carnaval, en el que los tontos son sabios y la gente inteligente resulta ser idiota. Eso no significa necesariamente que la solución del tonto tenga sentido.
Cuando la actividad económica recomience tras una profunda recesión, no será como consecuencia de que la gente haya sido obligada a destinar recursos financieros a los proyectos seleccionados como políticamente deseables, sino el resultado de nuevas ideas. Hay mayores probabilidades de que una gran cantidad de actores encargados de la toma de decisiones sea capaz de identificar estos nuevos proyectos, y es mucho menos probable que una versión centralizada de la planificación financiera lo pueda lograr.
La reaparición "marxista" fue probablemente un subproducto de la crisis actual, pero sus acólitos deberían reflexionar acerca del los resultados uniformemente desastrosos de la entrega centralizada de crédito en el pasado.
Harold James es profesor de Historia y asuntos internacionales en la Escuela Woodrow Wilson de la Universidad de Princeton y profesor de historia en el Instituto Universitario Europeo de Florencia.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
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Igor 03:56 04 Jan 09
One should exercise certain amount of historical sensitivity and awareness when reading and interpreting Marx. Marx’s analysis of the capitalism inner workings and its deficiencies should always be considered separately from his recommendations and the subsequent disastrous implementations of his recommendations.
As for us, living in the present reality - we are going to queue anyway.


alexferro 07:53 03 Jan 09
Ah but to return to those wistful dys of th eternal shortage and neverending que-e.
A Ferro