European Economies
Europa debe deshacerse del antidumping
Henrik Isakson
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Estocolmo – La defensa de la economía europea contra las prácticas comerciales internacionales desleales ha sido desde hace mucho un elemento central de la política exterior de la Unión Europea. Entre algunos políticos y líderes empresariales es casi instintivo que si se considera que la competencia es desleal, la Comisión Europea debe establecer nuevas defensas comerciales. Pero ¿contra qué se defienden los europeos y qué son a fin de cuentas las prácticas comerciales “desleales”?
En ausencia de una reglamentación internacional para la competencia destinada a impedir la fijación predatoria de precios y otras actividades anticompetitivas, las defensas comerciales son una segunda opción. Con mucho, el instrumento más utilizado son los derechos antidumping que tienen el objetivo de imponer ciertos límites a las empresas que se comportan de manera no competitiva. Pero al aumentar los aranceles, los precios también aumentan, lo que a menudo significa una pérdida de bienestar para la sociedad en su conjunto. Las empresas que piden defensas comerciales han ignorado este hecho desde hace mucho tiempo. Lo nuevo, sin embargo, es que las empresas mismas podrían no beneficiarse de las defensas comerciales.
La palabra “defensa” misma evoca la imagen de un Estado nación que está conectado comercialmente al resto del mundo sólo mediante el comercio tradicional. Para un Estado así, todas las importaciones serían verdaderamente mercancías extranjeras, y sus defensas comerciales estarían dirigidas únicamente contra intereses extranjeros.
Pero eso no se cumple en el mundo globalizado de hoy. Aunque aún tenemos comercio tradicional, también tenemos inversión extranjera directa, deslocalización y externalización. Tenemos líneas globales de suministro en las que los bienes se diseñan en un país, se fabrican en otro y se ensamblan en un tercero. El capital y los conocimientos técnicos fluyen a través de las fronteras, así que los flujos de comercio bilateral han sido sustituidos por una compleja red de relaciones comerciales internacionales.
Esto tiene consecuencias importantes para las defensas comerciales. Si un teléfono celular se ensambló en India pero se desarrolló y diseñó en Finlandia, ¿es un producto indio o finlandés? Cuando las corporaciones europeas externalizan los procesos de fabricación intensivos en mano de obra a países donde los costos son bajos pero mantienen el resto del proceso de producción en Europa, complican mucho las cosas para cualquiera que trate de evaluar los aspectos económicos de las defensas comerciales.
Dirigir una medida antidumping contra un fabricante asiático puede hacer más daño a un productor europeo. Eso sucedió en octubre de 2006 con la medida antidumping aplicada contra los zapatos de cuero, cuando la UE decidió imponer aranceles antidumping a China y Vietnam. La Cámara Nacional de Comercio de Suecia llevó a cabo un estudio de caso de cinco productores europeos de zapatos en distintos países y segmentos del mercado para establecer dónde se creaba el valor agregado en sus procesos de producción.
Aunque se fabricaban en China y Vietnam, los zapatos se diseñaban, desarrollaban y comercializaban en Europa. Estos procesos de producción, intangibles en gran medida, previos y posteriores a la fabricación física a veces constituían el 80% del valor agregado. En otras palabras, los zapatos de China eran europeos en un 80%. En el caso de los zapatos más baratos, en los que se habían invertido cantidades menores en las partes intangibles del proceso de producción, esta cifra no era tan alta, pero de cualquier forma era superior al 50%. Por lo tanto, las medidas antidumping que impuso la UE afectaron de manera no intencional a empresas europeas.
Los sectores con un mayor contenido de capital humano –los bienes de consumo electrónicos, por ejemplo—tienen un costo de investigación y desarrollo mucho mayor que el sector del calzado, de manera que la fabricación de estos bienes en una línea de producción de un país donde los costos son bajos probablemente no sea tan costosa en comparación con la investigación y el desarrollo y otros costos intangibles. En el caso de bienes más avanzados, el valor agregado en la UE (si la porción intangible del proceso de producción se encuentra en Europa) es bastante elevado. Es probable que la imposición de defensas comerciales contre ese tipo de productos, aun si se justifica jurídicamente, cree problemas a las empresas europeas globalizadas.
Muchos dicen que este es el precio que hay que pagar para garantizar que las empresas no adopten conductas anticompetitivas o reciban subsidios que distorsionen el comercio. Pero incluso si las medidas funcionaran como se supone que deben hacerlo, la mayoría de las medidas comerciales de defensa probablemente no van dirigidas contra las prácticas empresariales anticompetitivas. Con más frecuencia, el factor crucial que está detrás de estas defensas comerciales es la política del proteccionismo. Las medidas antidumping se utilizan a menudo contra productos que sencillamente son tan baratos que representan una amenaza para los productores europeos, aunque ello no sea más que competencia justa.
Esto plantea una crítica fundamental a los mecanismos de defensa comercial de Europa. Por definición, el comercio internacional es una competencia entre empresas en condiciones desiguales. Algunas empresas tienen más acceso a capitales, mientras que sus competidores no pueden obtener financiamiento a tasas de interés razonables. Algunas tienen excelente infraestructura a su disposición, mientras que sus competidores internacionales tal vez se enfrenten a cortes constantes del suministro de energía. Algunas deben pagar impuestos excesivos, mientras que otras tienen sus sedes en paraísos fiscales. A algunas les resulta fácil contratar ingenieros calificados, mientras que otras gozan de una abundancia de mano de obra barata.
Crear una igualdad total de condiciones en el comercio es imposible. Sin embargo, muchos políticos y líderes empresariales se empeñan en enfocarse en las diferencias que no les agradan y que quisieran ver “igualadas”. En realidad, lo que no les agrada es la competencia misma y luchan contra ella utilizando un instrumento que puede infligirles un daño aun mayor.
Henrik Isakson es asesor principal de la Cámara Nacional de Comercio de Suecia.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
Traducción de Kena Nequiz
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