Exit from comment view mode. Click to hide this space
Email | Print

¿Es moral el mercado?

Clemenceau dijo alguna vez que la guerra es demasiado importante como para dejarla en manos de los generales. De la misma manera, la moral es demasiado importante como para dejársela a los filósofos, sobre todo en lo que se refiere a la del mercado. Quienes se consideran defensores de la moral son más dados a oponerse al mercado, mientras que quienes lo apoyan hablan de producción, distribución y riqueza material; de todo, menos de moral.

Sin embargo, son muchas las características morales positivas del mercado. Consideremos una, que identificó Adam Smith, a saber, el vínculo entre la autonomía individual y el sustento propio a través del trabajo libre y legal. "No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero que esperamos nuestros alimentos, sino de la atención que prestan a sus propios intereses", escribió Smith. "Nadie, sino un mendigo, elige depender principalmente de la benevolencia de sus conciudadanos".

Este pasaje es un célebre enunciado de la utilidad del interés propio. Pero nótese la afirmación de que depender de otros es moralmente degradante. Thomas Carlyle, y posteriormente Marx y Engels, denunciarían este llamado al interés propio y el aumento en el "nexo del dinero" relacionado con él como un peligroso ataque en contra de las tradiciones o como una fuente de autoenajenación humana. Al menos, existe el peligro de que el nexo del dinero promueva una dedicación exagerada al trabajo, y la creencia de que la propia valía proviene únicamente del trabajo remunerado, lo que conduce a un temor a depender de otros, o a evitar actividades vitales pero no remuneradas.

Pero el lado positivo del nexo del dinero es la libertad y la autodeterminación que se obtienen al acabar con relaciones sociales como la esclavitud y la servidumbre, que subordinaban completamente al individuo a la voluntad del amo; el nexo del dinero tampoco subordina al individuo a la voluntad del Estado. Esta independencia era el elemento central de la insistencia de Hegel en que mantenerse a uno mismo es una de las maneras esenciales para obtener un sentido de valor como individuo.

Además, las relaciones de mercado estimulan la honestidad como virtud. Los comerciantes que buscan construir sus empresas sobre una base sólida de clientes regulares difícilmente recurrirán al fraude. Las compañías que quieren atraer y conservar inversionistas buscan transparencia financiera.

Tal vez lo más importante es que las relaciones de mercado contribuyen a la paz internacional al crear formas cada vez más amplias de asociación. Como subrayaba Smith, cuando el comercio nos une a pueblos extranjeros, ya no los vemos como bárbaros sino como proveedores y clientes potenciales. En otras palabras, el capitalismo crea una conciencia racional de las necesidades e intereses de otros.

De manera parecida, los mercados son un poderoso solvente de antagonismos religiosos y comunitarios al crear incentivos para cooperar con aquéllos cuyas identidades y compromisos difieren de los nuestros. Después de haber salido del siglo más sangriento en la historia, aumentar la zona de indiferencia hacia las metas finales de los demás (siempre y cuando no estén dirigidas contra nosotros) debe ser la máxima prioridad de la humanidad.

Pero la indiferencia basada en el interés propio no significa una falta de interés mutuo. El interés propio está ligado al interés mutuo cada vez que un dependiente pregunta "¿Le puedo ayudar en algo?". Con frecuencia se ha descrito a esa frase como falsa y manipuladora (excepto por quienes han vivido en sociedades donde los dependientes ignoran a los clientes). La atención con motivos comerciales del dependiente carece de altruismo auténtico. Pero, desde una perspectiva histórica, la capacidad del mercado para crear una consideración por los demás basada en el interés propio, ciertamente es preferible a las demás opciones.

Por supuesto, la consideración basada en el interés propio puede llevar a una falta de autenticidad, a una sensación de estarse vendiendo constantemente, o mejor dicho, de tener que convertirse en alguien que se pueda vender. Este es un tema recurrente de la crítica social moderna, desde Rousseau hasta La muerte de un vendedor y más allá. La creación constante de necesidades nuevas (cuando no están limitadas por una idea clara de la forma en que las novedades encajan en nuestras vidas) nos puede llevar a un triste círculo de consumismo.

Pero el capitalismo también crea formas nuevas y más complejas de individualidad. En sociedades anteriores, el estatus de una persona como campesino, artesano o mercader, frecuentemente la definía por completo. Por ejemplo, ser miembro de un gremio abarcaba todo un conjunto de papeles sociales (económicos, legales, políticos e incluso religiosos). En contraste, la sociedad de mercado moderna se basa en asociaciones más sueltas, más temporales, establecidas para cultivar intereses económicos, culturales o políticos específicos.

Esas asociaciones exigen apenas una pequeña parte de los recursos del individuo, a veces sólo una contribución monetaria simbólica. Como resultado, el individuo moderno puede pertenecer a una gama más amplia de grupos que no abarcan tanto. Las asociaciones modernas permiten participar sin ser absorbido. Yo soy esposo, padre, budista, aficionado al jazz, biólogo molecular, tirador y lector de ficción modernista. Lo que es históricamente nuevo (surgido hace apenas algunos cientos de años) es la posibilidad de ser todas esas cosas a la vez.

Esta variedad de posibilidades se debe en buena medida al mercado, y el peligro que corremos es que tantas opciones puedan crear un ser proteico carente de compromisos con nada y con nadie, un ser para quien lo importante de un contrato social sea la cláusula de exclusión. Pero estar conscientes de ese riesgo no nos debe llevar a perder de vista un hecho fundamental. Muchas de las ventajas y concepciones morales del ser, que quienes viven en sociedades capitalistas dan por sentado, se deben en buena medida al capitalismo mismo.

Reprinting material from this Web site without written consent from Project Syndicate is a violation of international copyright law. To secure permission, please contact us.

Exit from comment view mode. Click to hide this space

Comments (0)

You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.

Show comments of
close

The two commenting options explained

Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.

1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.

2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.

Top Project Syndicate commentaries

Email this article

Your name is required.

Your email is required.


Your friend's name is required.

Your friend's email is required.


A message is required.