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¿Es excesiva la paga de

Desde el año 2001, cuando Francia promulgó una ley que exige que las compañías cuyas acciones se transan en la bolsa revelen los paquetes salariales de sus ejecutivos, los periódicos han hecho de las suyas denunciando jefes avariciosos. No sólo se revelan los salarios fijos, sino también los bonos, los honorarios por formar parte de juntas de directores, las ganancias por opciones sobre acciones, paquetes de pensiones y otros privilegios, como jets privados o automóviles con chofer. Sin embargo, por lo general, el tema de las remuneraciones de los ejecutivos va perdiendo protagonismo a medida que el foco de atención recae sobre otros asuntos... hasta ahora.

Este año han comenzado a rodar cabezas. En junio, Antoine Zacharias, presidente y director ejecutivo de Vincy, la mayor compañía constructora y de concesiones públicas de Francia, fue obligado a renunciar cuando la mayoría de la junta de directores determinó que su paga era inaceptable: salario de €4,3 millones, bono de jubilación de €13 millones, pensión de €2,2 millones y, se estima, €173 millones en opciones sobre acciones. Pero el centro del debate fue un bono excepcional de €8 millones, solicitado tras ejecutar con éxito una operación financiera al final del ejercicio de su cargo.

De manera más reciente, Noel Forgeard, co-Director Ejecutivo francés de la compañía franco-alemana aeronáutica y de defensa EADS, fue obligado a renunciar bajo un manto de sospechas: había vendido sus acciones de EADS en marzo, antes de que la compañía anunciara un costoso retraso en la producción del Airbus A380. Todavía se investiga si Forgeard actuó de manera ilegal, pero su posición se volvió insostenible después de que el anuncio hiciera caer el precio de las acciones 26% de un día para otro, reduciendo en €5,5 mil millones el valor de la compañía.

Estos sucesos han hecho que viejas preguntas vuelvan al primer plano en casi todos los países ricos. ¿Se les está pagando demasiado a los jefes? ¿Habría que reformar las leyes que rigen las opciones sobre acciones? Aunque las circunstancias son diferentes, los problemas fundamentales son siempre los mismos, ya que abordan preguntas relacionadas con la legitimidad y la moralidad. Si las remuneraciones se perciben como injustas, se verá afectada la confianza en el capitalismo.

El debate francés acerca de las compensaciones a los ejecutivos llama especialmente la atención en este respecto, ya que los salarios de los gerentes son de hecho más bajos que los que reciben sus contrapartes de Alemania, Gran Bretaña y EE.UU., y sus remuneraciones han crecido a la par que los precios de las acciones corporativas, multiplicándose por seis en 25 años. Más aún, al igual los gerentes de todo el mundo, es muy grande la responsabilidad que cargan sobre sus hombros, y esto hace que sus posiciones sean menos seguras. Al mismo tiempo, las compañías deben competir por los relativamente pocos ejecutivos realmente buenos, lo que eleva el salario que les deben pagar.

Sin embargo, los críticos argumentan que los mejores gerentes no necesariamente son los mejor pagados, ya que su mercado no es transparente, y a menudo las juntas de directores están parcializadas a favor de sus presidentes al establecer compensaciones. De manera similar, insisten que las fusiones y adquisiciones que hacen más grandes a compañías que de por si tienen un tamaño importante no deberían estar motivadas por consideraciones salariales, y que no se debe dar un "paracaídas dorado" a los gerentes fallidos. Lo que es más fundamental, afirman que es simplemente inmoral que los jefes ganen en un día lo que sus empleados reciben en un año. Ningún gerente es una superestrella, un Tiger Woods o Michael Schumacher de las juntas directivas.

También las opciones sobre acciones generan apasionadas críticas. Permitir a los gerentes que compren acciones a precios determinados de antemano tenía la intención de alinear sus intereses con los de los accionistas, creando un estímulo personal en la creación de valor para la compañía. Sin embargo, en el caso de algunos gerentes las opciones sobre acciones han creado un incentivo para inflar las utilidades y ocultar las pérdidas, enriqueciéndose artificialmente mientras ponen en peligro el patrimonio de sus compañías y de sus accionistas,

La cuestión no es exclusiva de Francia. Incluso en EE.UU. un estudio reciente realizado por dos profesores universitarios mostró que más de un 25% de las compañías evaluadas había manipulado las fechas de las opciones sobre acciones para aumentar las utilidades de los beneficiarios. La Comisión de Bolsa y Valores (SEC) y el Departamento de Justicia de EE.UU. aparentemente decidieron luchar contra las prácticas de cobertura retroactiva ("backdating"), que eran comunes en Silicon Valley.

En Francia, una ley adoptada en 2005 exige que las indemnizaciones a los gerentes de compañías ahora estén sujetas al voto de los accionistas, y el escándalo de la EADS ha generado presiones para hacer cambios legales adicionales. Una ley propuesta por el ex Primer Ministro Edouard Balladur busca eliminar los incentivos injustificados, al prohibir que los ejecutivos corporativos ejerzan sus opciones sobre acciones antes de que abandonen sus funciones en la compañía. Jacques Chirac, más cauto, declaró que las opciones sobre acciones deben estar bien “encadrés” (encuadradas) en términos legales. Otros sugieren ampliar el alcance de las opciones sobre acciones, de manera que incluyan una mayor cantidad de empleados. Algunos socialistas son más radicales, declarándose partidarios -como lo hiciera recientemente Laurent Fabius- de la supresión de las opciones sobre acciones.

Sin embargo, el problema con las medidas legales es que pueden tener efectos colaterales perniciosos y consecuencias indeseadas, especialmente cuando se diseñan para dar respuesta a una crisis en particular. La función del estado debería ser promulgar y aplicar leyes sobre la administración corporativa y los impuestos para las compensaciones de los gerentes. En todas las demás áreas, la legislación no puede ser un sustituto del ejercicio del sentido común, el discernimiento y la responsabilidad de las juntas de directores.

No obstante, si hemos de tener leyes que apuntalen nuestra ética, su principio guía debe ser el que la remuneración siempre esté vinculada al desempeño y a los servicios que compensará. Sólo las medidas que aseguren que las compañías recompensen el verdadero mérito serán consideradas legítimas por los empleados, los accionistas y el público.

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