ROMA – Los precios de muchos alimentos básicos aumentaron espectacularmente en el período 2007-2008, lo que dio lugar a una crisis alimentaria en muchos países pobres y en desarrollo. Por ejemplo, los precios internacionales del maíz, el arroz y el trigo alcanzaron sus niveles más altos en 30 años, lo que creó inestabilidad política y económica –y provocó motines—en muchos países.
Varios factores contribuyeron a la crisis, incluyendo los precios altos del petróleo, la elevada demanda de productos para el sector de los biocombustibles, la caída global de las reservas de alimentos y una menor producción de cereales. Un crecimiento económico fuerte junto con políticas monetarias expansivas estimuló más la tendencia, al igual que algunas medidas proteccionistas, como las restricciones a la exportación.
Si bien estos factores sin duda presionaron a la alta los precios de los alimentos, no pueden explicar por sí solos los pronunciados aumentos. Algunas personas creen que la crisis se vio acentuada por las operaciones especulativas en los futuros de los productos básicos, que se han convertido en parte integrante de los mercados de alimentos.
Los futuros de los productos básicos son acuerdos formales para comprar o vender una determinada cantidad de un producto en una fecha futura específica a un precio concreto. De esta forma, son un instrumento importante para cubrir los riesgos relacionados con los precios en los mercados de productos básicos. Al celebrar un contrato de futuros, tanto el comprador como el vendedor obtienen certidumbre sobre los precios de sus transacciones futuras, independientemente de los acontecimientos que afecten al mercado.
Los futuros de los productos básicos generalmente se negocian antes de su fecha de expiración. En efecto, únicamente el 2% de los contratos terminan con la entrega del producto físico. De esta forma, el mercado también atrae a inversionistas que no están interesados en el producto sino en las ganancias especulativas. De hecho, los futuros de productos básicos se han hecho cada vez más atractivos para los inversionistas no comerciales, puesto que sus rendimientos parecen tener una correlación negativa con los rendimientos del capital y los bonos.
La creciente presencia de los inversionistas no comerciales ha dado al mercado una liquidez importante, puesto que los especuladores asumen riesgos relacionados con los precios de los productos que quienes realizan operaciones de cobertura quieren evitar. Pero su presencia también ha generado preocupaciones de que la especulación en los futuros podría dar lugar a una mayor volatilidad de los precios.
Generalmente, los economistas consideran que los futuros de los productos básicos son la solución a la volatilidad de los precios, no su causa. Aducen que los negociantes de futuros simplemente reaccionan a las señales sobre los precios que, en última instancia, dependen de los fundamentos del mercado. De esta manera, la especulación acelera el proceso de encontrar un precio de equilibrio y estabilizar al mercado físico.
Pero, ¿qué sucede con los inversionistas que siguen las tendencias o aquéllos que tienen poder en el mercado? De hecho, a corto plazo, a un inversionista puede parecerle atractivo el precio creciente de un producto, aunque ese precio no se sustente en ninguna información básica. Estas inversiones especulativas pueden fortalecer más la tendencia y alejar más a los precios del equilibrio del mercado, especialmente si muchos inversionistas hacen lo mismo o si quienes invierten tienen fondos suficientes para influir sobre el mercado.
Los fondos indexados son un ejemplo de esos inversionistas poderosos. Se han convertido en actores clave del mercado y poseen aproximadamente el 25-35% de todos los contratos de futuros agrícolas. Además de que invierten grandes sumas de dinero, conservan los contratos durante mucho tiempo, lo que puede provocar que exista una menor probabilidad de que reaccionen a los cambios en los fundamentos del mercado.
Las pruebas empíricas aún no ofrecen una respuesta clara sobre cuál es la hipótesis correcta. Para cada estudio que demuestra una conexión significativa entre las operaciones especulativas y la volatilidad del mercado, hay al menos otro que afirma lo contrario. Hay tres razones importantes para creer que la especulación no fue la causa principal del reciente aumento de los precios de los alimentos.
· Si bien los fondos indexados son importantes en comparación con las posiciones de otros participantes en el mercado de futuros, su comportamiento es previsible puesto que anuncian públicamente su portafolio de productos y el momento de sus transacciones.
· La volatilidad de los precios también ha sido alta en el caso de productos básicos que no se negocian en los mercados de futuros (cobre, hierro y minerales) o en el de aquéllos para los que estos mercados no son importantes (acero y arroz).
· Puesto que el exceso de demanda en los mercados de futuros que funcionan bien puede satisfacerse fácilmente con una oferta suficiente (por ejemplo, mediante la creación de nuevos contratos de futuros), el efecto de la especulación sobre el precio de equilibrio es relativamente menor y de corta duración en comparación con las variaciones en los precios de un bien físico, para el cual la oferta puede ser menos elástica o incluso fija en el corto plazo.
Dado estos resultados, las transacciones de mercado de futuros parecen haber ampliado la volatilidad de los precios sólo a corto plazo. Sin embargo, los precios de equilibrio de largo plazo se determinan en última instancia en los mercados de contado en los que las operaciones de compra y venta de productos básicos físicos reflejan las fuerzas fundamentales.
El mercado de futuros se ha desarrollado históricamente en respuesta a las necesidades de los participantes del mercado de controlar los riesgos de los precios, y son una herramienta de mercadotecnia indispensable para muchos productos básicos. Por consiguiente, limitar o incluso prohibir la especulación en el mercado de futuros sería costoso y tendría consecuencias no deseadas.
Las propuestas para crear un fondo internacional para contrarrestar las subidas de los precios en el mercado de futuros, por ejemplo, podría disuadir a los especuladores de participar en las operaciones comerciales lo que disminuiría la liquidez del mercado disponible para los fondos de cobertura. Además, dicho fondo requeriría de recursos enormes para poder operar, sin mencionar los grandes desafíos para determinar el nivel de precio que podría en marcha su intervención.
Dado el papel esencial que los precios de los productos básicos tienen para muchos participantes del mercado, las medidas de regulación deben tener como objetivo fortalecer la confianza en el funcionamiento del mercado. Esto se puede lograr mediante una mayor transparencia y la cantidad de información disponible relativa a las operaciones de futuros. Las iniciativas recientes de la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos de los Estados Unidos apuntan en la dirección correcta.
A fin de contrarrestar conductas sospechosas –como el que los negociantes soliciten permiso para invertir sumas superiores a los límites de sus posiciones especulativas –la Comisión eliminó las exenciones a dos firmas que negocian en los futuros de maíz, trigo y soya. Dichas medidas contribuirán a configurar un ambiente más estable en los mercados y asegurar que los futuros de productos básicos reduzcan los riesgos y la volatilidad.


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