Tuesday, November 25, 2014
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¿Es inevitable la guerra en Oriente Medio?

BERLÍN – Fuad Siniora, ex Primer Ministro del Líbano, es un hombre reflexivo y con una profunda experiencia de la política de Oriente Medio. Por eso, cuando habla de “trenes sin conductor que parecen correr hacia una colisión”, como hizo recientemente en una reunión privada en Berlín, las partes interesadas probablemente deban prepararse para acontecimientos no deseados. Desde luego, nadie en la región llama a la guerra, pero está aumentando un estado de ánimo prebélico.

Cuatro factores, ninguno de ellos nuevo, pero todos ellos desestabilizadores por sí solos, están agravándose mutuamente: falta de esperanza, políticas gubernamentales peligrosas, un vacío de poder regional y falta de una mediación exterior activa.

Puede ser tranquilizador que la mayoría de los palestinos e israelíes sigan siendo partidarios de una solución con dos Estados. Menos tranquilizador es que la mayoría de los israelíes y una gran mayoría de los palestinos hayan perdido la esperanza de que dicha solución se materialice alguna vez. A ello se suma que en septiembre expirará la suspensión parcial de los asentamientos, que el Gobierno de Israel ha aceptado, y también habrá concluido el período fijado por la Liga Árabe para las llamadas conversaciones de proximidad entre los palestinos y los israelíes, sin que hayan comenzado en serio.

No es probable que unas negociaciones directas y serias comiencen sin que se suspenda la construcción de asentamientos, cosa que el Primer Ministro de Israel, Netanyahu, no es probable que anuncie ni aplique, dada la resistencia existente en su gobierno de coalición. Siria, que hasta el final de 2008 estaba celebrando, con mediación turca, sus propias conversaciones de proximidad con Israel, no espera que se reanuden en ningún momento próximo. Ésa puede ser una razón por la que el Presidente Sirio, Bashar al-Assad, cita la guerra como una opción, como lo hizo recientemente en Madrid.

Además, los israelíes y medios próximos a Hezbolá en el Líbano están hablando de “otra ronda”, mientras que muchos expertos en Oriente Medio creen que una guerra limitada podría desbloquear una situación política estancada. Su punto de referencia es la guerra de 1973, que contribuyó a la consecución de la paz entre Egipto e Israel, pero las guerras que siguieron y las últimas habidas en la región –la guerra del Líbano de 2006 y la guerra de Gaza en diciembre de 2008-enero de 2009– no respaldan esa imprudente teoría.

El Irán, cuya influencia en la región levantina no es tanto la causa de problemas irresueltos en Oriente Medio cuanto el resultado de ellos, sigue desafiando la imposición de nuevas sanciones por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Los gobernantes iraníes confían tan poco en Occidente como éste en ellos y siguen aumentando el recelo internacional con sus palabras y acciones. Los repetidos llamamientos del Presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad en pro de la futura desaparición de Israel hacen el juego a quienes en Israel sostienen que se debe acabar militarmente con el programa nuclear del Irán.

Algunos de los protagonistas más importantes de Oriente Medio están aumentando los riesgos de confrontación, porque han perdido la capacidad de apreciar adecuadamente su medio regional e internacional o intentan aumentar su poder político mediante la provocación y la temeridad política. La renuencia, corta de miras, de Netanyahu a renunciar a los asentamientos y al territorio ocupado amenaza el interés a largo plazo de Israel de alcanzar un acuerdo justo con los palestinos. En su sangriento asalto a la flotilla de Gaza en mayo, el Gobierno de Netanyahu demostró algo así como un autismo político con su incapacidad para comprender que incluso los mejores amigos de Israel ya no desean aceptar las consecuencias en materia humanitaria del bloqueo de Gaza.

En el mundo árabe, no existe actualmente ninguna potencia dominante capaz de proyectar estabilidad allende sus fronteras nacionales. Pasará tiempo antes de que el Iraq vuelva a desempeñar un papel regional. El programa saudí de reformas  se refiere principalmente a asuntos internos. El estancamiento político de Egipto ha reducido su influencia regional. Qatar sobreestima su fuerza propia.

Actualmente, la única potencia regional en Oriente Medio es el Irán, pero no es una fuerza estabilizadora. Los Estados árabes lo saben. Por mucho que les desagrade, también temen una guerra entre Israel o los Estados Unidos y el Irán, pues saben que tendrían poca influencia sobre los acontecimientos.

De hecho, las dinámicas intrarregionales en Oriente Medio están impulsadas por tres Estados, ninguno de los cuales es árabe: Israel, el Irán y, cada vez más, Turquía. En los últimos años, Turquía ha intentado mediar entre Israel y Siria, Israel y Hamás, las facciones opositores en el Líbano y últimamente entre el Irán y los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, más Alemania.

Turquía debe seguir desempeñando ese papel, pero el Gobierno turco se ha dejado arrastrar cada vez más hasta los conflictos de Oriente Medio, en lugar de hacer de amigable componedor.

El gobierno de Obama tuvo un comienzo sólido respecto del Oriente Medio, pero, un año y medio después de su acceso al cargo, la “mano tendida” de Obama al Irán se ha vuelto un puño y sus intentos de alentar unas negociaciones palestino-israelíes parecen atascados. Es probable que los asuntos internos ocupen a Obama y su equipo al menos hasta las elecciones de mitad de período que se celebrarán el próximo noviembre, con lo que quedará excluida la diplomacia activa durante los próximos meses decisivos.

¿Y la Unión Europea? No ha habido demasiada diplomacia de prevención de crisis por parte de Bruselas o de las capitales nacionales de Europa. Ninguno de los ministros de Asuntos Exteriores de los principales Estados de la UE parece haber hecho siquiera un intento de mediar entre sus dos socios mediterráneos más cercanos: Israel y Turquía.

Hace veinte años, en las semanas que precedieron la invasión de Kuwait por el Iraq, muchos observadores vieron señales de que se cernía una crisis, pero los protagonistas árabes y occidentales lograron convencerse en cierto modo de que la situación no se descontrolaría.

Aquella crisis y otras anteriores y posteriores mostraron que las tensiones en Oriente Medio raras veces se disuelven con el paso del tiempo. A veces se resuelven mediante la intervención diplomática activa de los protagonistas regionales o internacionales y a veces estallan violentamente.

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