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¿Está preparado Bernanke?

Ben Bernanke, el elegido para substituir a Alan Greenspan este mes en la presidencia de la Reserva Federal de los Estados Unidos, es un economista muy capaz que ha dedicado su vida profesional a entender el papel histórico de los bancos centrales y los problemas que han afrontado. Sus opiniones representan, en la medida en que era de esperar enteramente, un consenso entre quienes han estudiado esas cuestiones cuidadosamente.

Pero eso no significa que Bernanke esté preparado para velar por que en los próximos años continúe un crecimiento económico sólido en los EE.UU. y ejercer la dirección que el mundo necesita. Conforme a los criterios generalmente reconocidos en la actualidad, hará un buen trabajo. Lamentablemente, puede que no sea suficiente.

John Maynard Keynes dijo en cierta ocasión que la política monetaria puede funcionar como una cuerda. Un banco central puede tirar de la cuerda (aumentar los tipos de interés) para frenar una economía que avance galopando de forma insostenible, pero no puede empujar la cuerda hacia arriba: si se estanca el crecimiento económico, como cuando se daña gravemente la confianza, bajar los tipos de interés puede no ser suficiente para estimular la demanda. En ese caso, puede haber una recesión, aun cuando el banco central adopte las mejores medidas.

Bernanke se hizo famoso como economista analizando la Gran Depresión del decenio de 1930 a escala mundial, competencia muy útil, ya que la tarea más importante del director de un banco central es la de prevenir semejantes desastres. Con la Gran Depresión, que siguió al desplome del mercado de valores de 1929, hubo un aumento repentino del desempleo en muchos países, acompañado de una profunda deflación. En los EE.UU., los precios de los bienes de consumo bajaron el 27 por ciento entre 1929 y 1933 y la tasa de desempleo llegó en 1933 a un máximo del 23 por ciento.

Según la teoría de la "deflación de la deuda" de Bernanke, el desplome de los precios de los bienes de consumo fue una de las causas de la Gran Depresión, pues la deflación aumentó el valor real de las deudas y dificultó el pago de los préstamos. Como señaló Bernanke, en 1933 el 45 por ciento de las explotaciones agrarias de los EE.UU. estaba en mora en los pagos de sus hipotecas y en 1934 las tasas de impagos de hipotecas de viviendas excedía el 38 por ciento en la mitad de las ciudades estadounidenses. La carga de la deuda acabó con la confianza de los consumidores y socavó el sistema bancario, con lo que debilitó profundamente la economía.

La investigación de Bernanke subrayó también que cuanto antes abandonó un país el patrón oro antes se recuperó. Adherirse al patrón oro durante la Gran Depresión entrañaba un sesgo en pro de una política monetaria deflacionista, ya que obligaba a mantener los tipos de interés relativamente altos para animar a los inversores a conservar los depósitos en los bancos, en lugar de exigir el oro que los respaldaba. Una vez que un país eliminaba la convertibilidad en oro, tenía libertad para aplicar una expansión monetaria y la deflación solía desaparecer.

Pero la impresionante investigación de Bernanke sobre la Gran Depresión no significa que pueda impedir la próxima recesión o depresión, porque detener la deflación no resuelve todos los problemas. Al fin y al cabo, los Estados Unidos abandonaron el patrón oro en 1933 y la Reserva Federal redujo el tipo de descuento al 1,5 por ciento en 1934, con lo que puso fin a la deflación (exceptuados episodios menores), pero la tasa de desempleo no bajó permanentemente por debajo del 15 por ciento hasta 1941 y el comienzo de la segunda guerra mundial.

Así, pues, Bernanke deberá tener mucho cuidado para no generalizar demasiado los resultados de sus investigaciones del pasado, del mismo modo que los especialistas médicos no deben exagerar en el diagnóstico de las enfermedades correspondientes a su especialidad y los estrategas militares deben procurar no prepararse exageradamente para combatir en la última guerra.

Naturalmente, eso no significa que debamos pasar por alto totalmente el pasado. Un estudio de 2005 dirigido por Guillermo Calvo, economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, descubrió similitudes importantes entre la Gran Depresión del decenio de 1930 y las crisis económicas habidas desde 1980 en 31 países en ascenso, pero también diferencias importantes.

La experiencia fundamental de la Gran Depresión se ha repetido, en menor escala, muchas veces y en muchos países en los últimos decenios: una conmoción en los mercados financieros, seguida de una brusca reducción en el producto interior bruto. Pero la evolución de los precios de los bienes de consumo en las crisis posteriores a 1980 es fundamentalmente diferente de la que hubo en el decenio de 1930. En contraste con la Gran Depresión, el desplome de la producción nacional fue en los últimos decenios acompañado de una aceleración de la inflación, no de la deflación. Así, el estudio de Calvo concluye que la teoría de la deflación de la deuda de la Gran Depresión no es aplicable en general a las crisis más recientes.

Al mismo tiempo, Bernanke hereda un par de vulnerabilidades económicas inhabituales desde el punto de vista histórico, cosa que no ocurrió antes de la Gran Depresión del decenio de 1930. Ahora estamos en las últimas fases del mayor auge inmobiliario en la historia los EE.UU. (y del mundo), impulsado por una psicología desenfrenada de los mercados. En cambio, antes de la Gran Depresión los precios en las viviendas en los EE.UU. apenas variaron y, en realidad, bajaron ligeramente en términos reales entre 1925 y 1929.

Además, ahora estamos experimentando un cambio fundamental en las perspectivas relativas a los precios del petróleo: no sólo los precios actuales son bastante altos en términos reales desde el punto de vista histórico, sino que, además, se espera que en los próximos años sigan siendo altos, como indican los mercados de futuros. En cambio, en el período anterior a 1929 los precios reales del petróleo permanecieron invariables y bajaron casi el 50 por ciento en términos reales respecto de las puntas de la "locura del combustible" del período 1925-26.

En el futuro inmediato, unos precios del petróleo muy superiores o unos precios inferiores en el sector inmobiliario o ambas cosas podrían introducir a Bernanke, según fuera la reacción pública, en un territorio desconocido de agotamiento económico. Si decae la confianza, su comprensión histórica de la Gran Depresión del decenio de 1930 podría dejarlo mal equipado para impedir que esas conmociones hundan la economía de los EE.UU. y del mundo. Podría verse intentando empujar una cuerda.

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