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¿Son realmente las remuneraciones de los banqueros la causa de los males financieros?

CHICAGO- Se acusa a las prácticas de remuneración de las firmas financieras de ser las principales culpables de la reciente crisis financiera global. Se dice que la respuesta está en poner restricciones a la remuneración de los banqueros. Pero, ¿servirán de algo dichas restricciones?

Antes de establecer una regulación así de invasiva deberíamos analizar si las estructuras de compensación anteriores realmente fueron los catalizadores de nuestros problemas recientes. Decir que lo fueron implica tres cosas: los altos ejecutivos bancarios fueron premiados por adelantado por resultados de corto plazo con enormes cantidades de efectivo; los ejecutivos bancarios no mantuvieron suficientes cantidades de acciones para alinear sus intereses con los de los accionistas; y los ejecutivos que fueron premiados más   a corto plazo y con menos acciones tuvieron que haber tomado en primer lugar la iniciativa para asumir riesgos malos y excesivos, y por ende tener los peores resultados con la crisis.

Dos economistas, Rudiger Fahlenbrach y Rene Stulz, probaron estas implicaciones al estudiar los directores ejecutivos de casi 100 instituciones financieras grandes de 2006 a 2008. Partieron de 2006 porque ese parece ser el momento en el que algunas firmas financieras tomaron posturas riesgosas que condujeron a la crisis.

En 2006, los directivos ejecutivos se llevaron a casa 3.6 millones de dólares en promedio en compensaciones en efectivo, que representó menos de la mitad de la remuneración total. La mayor parte del pago eran acciones restringidas y opciones. Al mismo tiempo, mantuvieron   88 millones de dólares en promedio en capital y opciones en sus firmas. En otras palabras, dejaron más de 24 veces más en sus firmas que lo que se llevaron a casa. Entonces, parece improbable que esta compensación por adelantado ofreciera un gran incentivo para el directivo promedio como para tomar conscientemente riesgos malos o excesivos que pusieran en riesgo sus acciones de mayor valor.

Además, estos directivos generales perdieron mucho en la crisis. De 2006 a 2008, el directivo ejecutivo promedio perdió 31 millones de dólares como titular de acciones de una firma, reduciendo todas las ganancias de la compensación en efectivo. Los directivos generales también tuvieron pérdidas en sus opciones.

Entonces, si la remuneración y los incentivos tempranos no fueron la razón por la que los directores ejecutivos bancarios metieron a sus firmas y al mundo en problemas, ¿qué fue? Algunos economistas señalan que fue la política monetaria altamente expansiva en los años previos a la crisis. Otros citan el llamado “exceso de capital" -grandes entradas de financiamiento externo procedente de China y de gran parte del mundo en desarrollo. Otros incluso destacan el papel del sistema político en la inflación del sector bancario y los precios de los bienes inmuebles, en particular el sector de alto riesgo. Terminar con las prácticas de compensación no acabará con los culpables.

Mientras que es improbable que las propuestas de restricción actuales eviten la siguiente crisis financiera, si es posible que dañen al sector financiero. Para entender por qué, es importante comprender por qué los banqueros ganan tanto.

En las últimas dos o tres décadas, el cambio tecnológico y el aumento de la escala han derivado en una mayor productividad y en ingresos mucho más altos para los que están en lo más alto de la distribución de ingresos de la sociedad. Los ejecutivos empresariales manejan compañías más grandes. Los inversionistas gestionan cantidades mucho mayores de dinero. Los artistas y deportistas apelan a un público más amplio. Los abogados supervisan transacciones y casos más grandes. La remuneración para todos estos grupos ha aumentado mucho más que las remuneraciones para el trabajador promedio.

Dada esta realidad, los mejores banqueros, comerciantes, negociantes, etc. trabajarán para compañías que ofrezcan la compensación más atractiva. Una mayor regulación de las remuneraciones alejará de los bancos regulados a los que tienen más talento y los empujará a los fondos especulativos, fondos privados de capital, bancos especializados de inversión y otras firmas de inversión no reguladas.

Es probable que este desperdicio de talentos empeore porque la regulación de las remuneraciones impone un régimen único. ¿Por qué imponer restricciones a un negociante que obtiene altos honorarios por concertar una fusión que no impone riesgo al banco después de cerrar la transacción? Lo mismo ocurre con un comerciante que hace dinero con los diferenciales en lugar de tomar riesgo. Este tipo de empleados serán penalizados inútilmente con los regímenes de remuneración propuestos.

Tal vez lo más preocupante es que las restricciones a las remuneraciones abren la caja de Pandora de otras restricciones. En efecto, los políticos, deseosos de quedar bien con los votantes enojados, a menudo están más interesados en establecer límites a la remuneración total que en diseñar la forma de compensación óptima.

Los bancos tienen una función especial en la economía que garantiza un rol especial al gobierno: no estableciendo las remuneraciones, sino imponiendo requerimientos de capital efectivos. Una mejor forma de avanzar es establecer requerimientos mayores y procíclicos de capital a los bancos, combinado con el requerimiento de elevar la deuda contingente de largo plazo –deuda que en una crisis se convierte en capital.

El banco típico es capitalizado con capital, deuda de largo y corto plazo y con depósitos. Los bancos de inversión como Bear Stearns y Lehman Brothers tuvieron problemas porque había muy poco capital –mucho menos del 10%. Las instancias reguladoras podrían considerar imponer requerimientos procíclicos de capital –aumentar la proporción de capital en los tiempos de auge para contrarrestar las pérdidas en los inevitables tiempos de crisis. Además, los reguladores deberían exigir a los bancos la emisión de una cantidad adicional de capital, -por decir, 10%- en la forma de deuda de largo plazo que deberá convertirse en capital si el banco y en general todo el sistema bancario tienen dificultades financieras.

Al emitir capital contingente, los bancos pagarían una tasa de interés más alta que la que darían con la deuda ordinaria de largo plazo porque los inversionistas de deuda se enfrentarían al costo real del capital, no al costo subsidiado del gobierno. Con el tiempo, sin embargo, es probable que la prima de tasa de interés sea baja porque los mayores requerimientos de capital y capital contingente deberían reducir significativamente la probabilidad de llegar a los factores desencadenantes.

Si dicha estructura de capital contingente hubiera estado en vigor antes de la crisis, los bancos en dificultades habrían sido recapitalizados por los titulares de deuda contingente evitando las complicaciones y la situación legal ineludible de la quiebra formal. Los inversionistas de deuda, no el gobierno, deberían haber rescatado a los bancos, lo que habría hecho sustancialmente menor el tamaño de la crisis financiera, si es que se hubiera producido.

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